Nº 2098 - 19 al 25 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSuspendida la actividad local del fin de semana, por el contagio de coronavirus de un futbolista de Danubio, la atención quedó circunscrita a los partidos de nuestra selección por las eliminatorias para el próximo Mundial de Qatar, ante Colombia y Brasil respectivamente. Los que, como bien se sabe, han dejado a su turno sentimientos contradictorios. Es que la satisfacción por la excelente victoria frente a Colombia, del pasado viernes, se vio opacada apenas tres días después cuando Brasil volvió a mandar en el Centenario, tal como ha venido ocurriendo con preocupante frecuencia en los últimos tiempos.
Empecemos por el triunfo de Barranquilla, en una ciudad y un escenario que nunca nos habían resultado propicios. Más de una vez nos preguntamos por qué razón, contando actualmente con excelentes futbolistas, nuestra selección no lograba exhibir un buen nivel de fútbol en el plano internacional; ni siquiera enfrentado a rivales más débiles como local en el Centenario. Es que muchas victorias celestes llegaron por el aporte individual de algún futbolista o por algún puntual error del rival, pero no tras un destacado despliegue futbolístico. Sin embargo —cuando por las difíciles condiciones del lugar donde se disputaba y la propia jerarquía del oponente, muy pocos lo esperaban—, la rotunda victoria ante Colombia tuvo la inusual particularidad de haber sido producto de una excelente demostración futbolística de nuestro representativo; sin duda la mejor de un buen tiempo a esta parte.
Y —digámoslo sin vueltas— mucho tuvo que ver con ello la integración que el Maestro Tabárez le diera al equipo celeste, así como el sistema táctico utilizado desde el arranque del partido, que logró desbaratar la planificación del dueño de casa. Su primer acierto fue colocar a Cavani de entrada, pese a su larga inactividad, algo que no estaba en los cálculos de casi nadie. Luego, sorprendió tácticamente con una presión alta, impidiendo que el equipo cafetero iniciara desde su propio campo su proyección ofensiva. Claro que en mucho ayudó la prematura puesta en ventaja de nuestro equipo, como directa consecuencia de esa marca asfixiante, pues la jugada nació de un recupero de Nández en la salida del rival, su certera habilitación para Cavani y su sutil definición para vencer al golero rival. Ese gol tempranero (corrían apenas cuatro minutos) incidió en el posterior desarrollo del partido. A Colombia le costó progresar en la cancha, pues la presencia conjunta de Torreira y Nández (algo que pidiéramos en nuestra última columna) resultó un dique difícil de superar para la proyección del local, buscando remontar el score adverso. Pero la mejoría, tras aquel duro traspié ante Ecuador, no fue solo en la marca, pues Bentancur tuvo un despliegue formidable en esa misma zona y De la Cruz fue una vía de salida siempre clara, además de taponear la proyección ofensiva del rival por su sector. No extrañó entonces que ese primer tiempo fuera nuestro y sin mayores riesgos en la defensa (Giménez reapareció con su conocida solvencia y, a su lado, Godín volvió a ser el de siempre).
Pero fue fundamental para la suerte final del partido que a los pocos minutos de la reanudación —con Darwin Núñez en cancha por De la Cruz— llegara el segundo gol, tras un penal dudoso que Luis Suárez capitalizó con su habitual solvencia. Ese 2 a 0 hizo que nuestro equipo ganara en tranquilidad y aumentara su nivel de juego hasta que, poco más tarde, un tremendo disparo de larga distancia de Darwin Núñez lapidó las ya menguadas posibilidades del dueño de casa. De allí en más Colombia resignó su chance, y un sorpresivo y rutilante despliegue celeste llenó de fútbol la cálida tarde de Barranquilla. Arrancamos pues con una victoria impensada —y menos por un marcador tan contundente— y el núcleo celeste se volvió con tres puntos de oro que aclararon el problemático panorama tras la muy dura derrota de Quito. Pero por sobre todo pudimos por fin ver a nuestra selección no solo ganando un partido decisivo, sino desplegando un fútbol de alto nivel, acorde con esa envidiable mezcla de experiencia y juventud que hoy poseemos.
Así las cosas, no extrañó que un moderado optimismo se instalara en nuestra afición en lo previo al siguiente partido ante Brasil como local en el Centenario. Y ello pese al amargo recuerdo de las goleadas que el rival nos infligiera en sus dos últimas visitas por las eliminatorias. Y aunque en los días previos al partido, primero Viñas y luego Suárez dieron positivo en Covid-19 y debieron quedar fuera del plantel, ello pareció nivelarse con las anunciadas bajas de Casemiro, Coutinho y su estrella Neymar en filas brasileñas. De esta manera, el inicio del cotejo del pasado martes pareció dar razón a quienes aguardábamos una buena exhibición de nuestro equipo, pues en la primera incursión ofensiva el juvenil Núñez maniobró brillantemente en el área rival y su potente disparo se estrelló en el horizontal cuando el golero rival ya estaba vencido. Y pocos minutos después Cavani tuvo otra chance propicia tras un córner, pero su cabezazo se fue sobre el horizontal. Sin embargo, con el correr de los minutos se vio que el esfuerzo denodado por presionar al rival no fructificaba como se esperaba ante el toque rápido y preciso de los volantes brasileños. Igualmente, el trámite estaba equilibrado, hasta que un remate sin pretensiones del volante Arthur se desvió en el cuerpo de Giménez descolocando a Campaña y puso a Brasil en ventaja. Nuestro equipo intentó reaccionar, pero los hombres del medio campo (Torreira y Bentancur) estuvieron lejos del nivel mostrado ante Colombia, en tanto que Núñez y el propio Cavani no llegaban a inquietar a la defensa visitante. Igual el partido se presentaba discreto y parejo cuando, ya en los descuentos del primer tiempo, llegó el inmerecido segundo gol brasileño, tras un córner “regalado” por la retaguardia celeste. Brasil se retiró así ganando 2 a 0, sin haber hecho mejores méritos que el dueño de casa.
Pero el segundo tiempo mostró un panorama muy diferente. El equipo visitante se adueñó de las acciones y manejó la pelota de un lado a otro del terreno con gran precisión, mientras nuestros defensores corrían sin suerte tras ella, pagando tributo al desgaste físico de Barranquillla. Tabárez movió el banco, trocando delanteros por volantes, pero ya no pudimos llegar con peligro al arco adversario; más aún, tras la exagerada expulsión de Cavani generamos una sola jugada de gol, bien invalidada por el árbitro chileno.
Así, obteniendo la mitad de los puntos disputados, quedamos en una incómoda cuarta posición en la tabla de las eliminatorias. Ganamos en donde nunca antes lo habíamos hecho y volvimos a perder ante Brasil en nuestro propio reducto. Pero de lo que pueda pasar de aquí en más prometemos ocuparnos en próximas columnas.