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    La buena cooperación es involuntaria

    Nº 2194 - 6 al 12 de Octubre de 2022

    La sociedad, según Mises, es una constelación de actividades intencionadas de una gran multitud de individuos. Como fenómeno, la sociedad es posible porque hay cooperación reproducible de individuos que luchan por sus propios fines; de ahí la idea de división y unión del trabajo. Las relaciones sociales preceden al individuo y a la vez terminan por consagrarlo. Dice textualmente: “La sociedad no es mera interacción. La interacción también tiene lugar entre animales… La sociedad solo existe donde el querer se convierte en cómplice, la acción se convierte en coactuación. Trabajar juntos por objetivos que uno solo no podría lograr, o al menos no de manera igualmente efectiva, eso es la sociedad. Por eso la sociedad no es un fin, sino un medio, un medio para que cada persona individual logre sus propios fines. El hecho de que la sociedad sea posible solo se debe al hecho de que la voluntad de uno y la del otro se encuentran en un esfuerzo común, de modo que la comunidad de trabajo surge de la comunidad de voluntad. Debido a que solo puedo lograr lo que quiero si mi camarada logra lo que quiere, su voluntad y acciones se convierten en un medio para que yo logre mi propio objetivo. Porque mi voluntad incluye necesariamente la voluntad de él, no puede ser mi intención quebrantar su voluntad. Este es el hecho básico sobre el que se construye toda la vida social”.

    Dado que se trata de un conjunto de acciones de individuos, la sociedad no puede tener ninguna voluntad separada propia. Considera Mises que cualquier intento de dotar a la sociedad de un alma es pura metafísica y holismo, algo que notoriamente interfiere con el estudio descarnado de la pura actividad humana. Su descripción crítica va bien lejos y desmonta todos los mitos y desinfla todas las burbujas que las ideologías han ido inflando con su cadencia de supuestos: en la sociedad no hay automatismos ni herramientas metafísicas que produzcan relaciones sociales desde el exterior, solo hay acciones humanas para eliminar la ansiedad, para calmar el empuje de deseos que fuertemente pretenden inclinar una franja de la realidad hacia nuestra pretensión. El Estado, concebido en sus sanos límites de juez y gendarme, es el garante de la cooperación social pacífica, que tiene un aparato de “coacción y coerción” para garantizar el cumplimiento de las leyes que protegen los derechos de las personas.

    Nada tiene que ver esa función del Estado con la natural cooperación de los individuos. Aquella empatía que invoca Adam Smith surge como un derivado de (o en el proceso de) la actividad humana libre, de la cooperación pacífica, de la búsqueda y el cumplimiento de las propias metas. El sentimiento de “comunidad” y “cohesión” nace de la conciencia de los beneficios de la cooperación social y se expresa en el simple y libre ejercicio del trabajo, de la inversión, de los emprendimientos, de los ahorros y especulaciones de los individuos. Los esfuerzos humanos basados en el principio de la división del trabajo en condiciones de cooperación social logran un mayor retorno por unidad de costo que los esfuerzos aislados de los individuos. Por lo tanto, la cooperación social para casi todas las personas se convierte en un medio para lograr todos los objetivos. El interés común específicamente humano —la preservación e intensificación de los lazos sociales— reemplaza la competencia biológica despiadada, una característica esencial de la vida de los animales y las plantas.

    El liberalismo entiende que para la gran mayoría de las personas la cooperación social es un medio para lograr sus fines, disipa la noción de sociedad, Estado, nación o cualquier otra entidad pública como fin último y que el individuo es esclavo de esta entidad. La doctrina colectivista no logra comprender que para el hombre la cooperación social es un medio para lograr todos sus fines. Para sellarlo a la comprensión exacta: el trabajo realizado sobre la base de la división de tareas es más productivo que el trabajo de una persona aislada. Cuando las personas con altos rangos intelectuales y físicos se unen con aquellos que los tienen mucho más bajos, sus acciones conjuntas son más efectivas. En consecuencia, cualquier persona alcanza más rápido los objetivos deseados a través de la cooperación social.