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    La calumnia paga

    Columnista de Búsqueda

    N° 2037 - 12 al 18 de Setiembre de 2019

    El debate sobre el supuesto antisemitismo de Heidegger que algunos creyeron ver en ciertos aislados pasajes de los Cuadernos Negros (Editorial Trotta) ha contribuido a esclarecer finalmente mucha calumnia y no poco prejuicio en torno al filósofo. La legión de los infamantes cifran su gran argumento en que Heidegger se afilió al Partido Nacionalsocialista en mayo de 1933 para asumir el rectorado, cargo al que accedió por el voto unánime de todos los profesores, muchos de los cuales estaban impedidos por el nuevo régimen de ocupar jerarquías en cualquier centro de enseñanza. Los colegas de Heidegger le pidieron expresamente que afrontara esa responsabilidad para no dejar la universidad en manos de los personeros del gobierno. A poco de asumir, creyendo que podía mantener a salvo esa ciudadela, Heidegger comprobó que su tarea era imposible; trató, es cierto, de congeniar con los nuevos vientos intentando una síntesis conceptual, pero la cotidiana realidad de infiltración insidiosa de la ideología y la vigilancia política acabaron por desalentarlo y con enorme coraje y dignidad renunció a ese rectorado que muchos creían tenía más que merecido en circunstancias normales.

    Otro de los puntos que llevaron a los detractores a echar sombra sobre la figura de Heidegger consistió en recoger en términos aislados fragmentos de opiniones sobre el judaísmo como expresión crítica de uno de los rasgos de los que participa la civilización moderna. Sobre este punto se ha levantado un estridente coro de indignados de ocasión y de veloces agraviados que no parecen haberse tomado el tiempo necesario para entender contextos, intenciones y el carácter literal y a la vez último de las valoraciones. Se podrá discutir si la modernidad y el triunfo de la técnica son buenos o malos para el desarrollo de la civilización, se podrá controvertir acerca de si es pertinente acusar a lo que Heidegger llama “las maquinaciones” de la técnica y del cálculo como bases del imperdonable olvido del ser en la filosofía, se podrá discrepar acerca de la influencia que el pensamiento judío tuvo en la concepción del pragmatismo de la técnica y todo ello es muy legítimo y digno de atención. Pero reducir al desprecio universal a quien expone esta perspectiva por demás argumentada y ciertamente provocativa para cualquier espíritu libre solo porque no encaja con las verdades recibidas acerca del tono y carácter de la orientación que ha tenido la civilización en los últimos dos siglos no deja de ser una grosera arbitrariedad.

    F.W. von Hermann y F. Alfiero en su obra Martin Heidegger. La vérité sur ses Cahiers noirs (Gallimard, 2018) tratan de demostrar precisamente el repertorio de calumnias del que ha sido objeto Heidegger a partir de estos libros. En esas páginas personales Heidegger es polémico; no es fácil estar todo el tiempo de acuerdo con algunas de sus opiniones acerca de los vínculos entre el suelo fundante y el destino, pero también es contundente a la hora de identificar los signos de la decadencia de la modernidad sin excluir al nazismo en la dura amonestación. Pero hay que señalar que en los Cuadernos el proyecto nacionalsocialista tiene prácticamente el mismo rango de error que ciertas manifestaciones con las cuales quiere mostrarse distante y a las que no les perdona haber apartado a Occidente de sus fuentes originarias, de su esencialidad; en esa partida entran por igual, junto a la desviación que según su mirada el nazismo padece, el llamado americanismo, la devoción por la técnica, el judaísmo.

    Para atender en detalle esta última mención se sirven de la clara distinción que al respecto ofreciera Silvio Vietta, profesor de germanística y autor de una ponencia sobre la hermenéutica de los cuadernos. Según este especialista, “hay que diferenciar entre el antisemitismo racista y biopolítico de los nazis —uno de los peores crímenes genocidas como jamás se han cometido— y todo aquello que remite una simple crítica respecto de los judíos, algo que a los ojos de hoy puede resultar —es cierto— difícilmente soportable, pero que de ninguna manera puede reputarse como un crimen (…). Dejar el concepto de antisemitismo en la indecisión, sobre todo en Alemania, donde precisamente se ha consumado el crimen contra los judíos, es inaceptable” (Revue des deux mondes, París, 2018). 

    El tema debería agotarse pronto para dar paso al estudio real de los aportes del filósofo.

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