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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFinalizado el Mundial de fútbol de la FIFA y su apabullante ruido, sigue otro ruido también apabullante, pero doméstico: la campaña electoral en vista de las elecciones nacionales 2019. Siempre desde una exclusiva y constructiva intención ciudadana es que van estas reflexiones.
Llama poderosamente la atención que en el Frente Amplio se sometan las eventuales candidaturas de su interna a una especie de “peaje” y que, del mismo sea protagonista un añoso expresidente, por demás verborrágico y devenido, en la instancia, en una suerte de “curandero” de esa fuerza política.
El Partido Colorado, por su parte, recurre a la figura de un expresidente, también añoso, y con desgaste acumulado, buscando posicionarse en el escenario electoral.
El Partido Nacional parece que va camino a repetir las candidaturas de peso, sin perjuicio de alguna inquietud de dirigentes conocidos, con posicionamientos desafiantes y poco novedosos.
En las fuerzas políticas llamadas “menores”, las candidaturas ya están como quien dice “cocinadas”, unas con signos de repetición “cuasi vitalicias” y otras, de “propiedad”.
Vale señalar que el artículo 77 de la Constitución de la República, en su numeral 11 establece: “El Estado velará por asegurar a los partidos políticos la más amplia libertad”. Y luego, sin perjuicio de lo establecido, en el literal b) del referido numeral expresa: “Dar la máxima publicidad a sus cartas orgánicas y programas de principios, en forma tal, que el ciudadano pueda conocerlos ampliamente”. Y aquí está, a nuestro criterio, el gran tema.
Los ciudadanos/as deberíamos conocer, prioritariamente y con el tiempo suficiente, para formarnos opinión y tomar decisión debidamente fundamentada, el programa de gobierno de cada una de las fuerzas políticas aspirantes a ejercerlo. Al mismo tiempo, deberían darse debates con dirigentes políticos (no candidatos) y con participación ciudadana para saber cómo serán instrumentados los respectivos planes de gobierno y el grado de compromiso y cumplimiento que se pueda esperar. A propósito de lo expresado debemos decir que los procesos de participación ciudadana hacen a la calidad de la democracia, y para ello los ciudadanos/as deben sentirse parte de las decisiones que puedan incidir en su vida cotidiana: una forma de construir ciudadanía.
En la actualidad, los ciudadanos/as somos destinatarios de las políticas y no actores con relevancia para la evaluación de ellas. Dos singulares ejemplos de lo dicho:
1. La posición gubernamental respecto al proyecto sobre la agroecología en lo que tiene que ver con la coexistencia de la producción orgánica con otros sistemas productivos y también sobre el uso de los agroquímicos. Traslada la responsabilidad a los productores y minimiza la importancia de la distancia definida entre la producción y los centros educativos o entre el apiario y el productor, cuando existen situaciones perjudiciales para ciudadanos/as en relación con la salud y en lo laboral.
2. El proyecto de ley sobre la enajenación de los padrones 7.751 y 6.177 de la rambla sur de Montevideo, en el predio del dique Mauá, para la construcción de una terminal fluvio-marítima. En marzo de 2016 la empresa Los Cipreses, del grupo Buquebus, presentó un proyecto al Poder Ejecutivo para adquirir los citados terrenos. Reminiscencias del “caballero de la derecha”. Para mayor abundamiento debemos señalar: toda la faja costera de Montevideo, que va desde la escollera hasta el arroyo Carrasco, límite del departamento, fue declarada Monumento Histórico por la Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación y refrendada por el Poder Ejecutivo en octubre de 1986.
La ciudadanía tiene que saber y participar realmente de aquellas decisiones que contengan una posible incidencia en su vivir cotidiano. En los casos citados: la salud, el medio ambiente que todos compartimos, el esparcimiento y el libre goce de espacios de la ciudad que le pertenecen desde siempre; lo que contribuye a nuestro entender, a la condición humana ciudadana.
Un capítulo aparte es el tema de la inseguridad, actualmente sin solución, y que ya no se puede decir que está instalada por los medios de comunicación.
Ahora bien, prosiguiendo con nuestras reflexiones, lograda la primacía de los programas de gobierno, como factor principal de decisión electoral, entrarían, en segundo término, los candidatos para disputar la presidencia de la República relacionados a un programa de gobierno del cual, en la eventualidad, de acceder a ella, serían el principal conductor. Es decir, celebraríamos la eliminación del candidato “junta votos” ungido, para ganar la elección, de la misma forma que se elige, en otro orden, a una chica muy joven y bonita para imponer en el mercado una crema “antiarrugas” y convencer de que, con su aplicación, se las eliminará o se evitará que aparezcan.
A nuestro leal entender y sin sentirnos dueños de la verdad, queremos expresar, para bien de la comunidad, que la vieja dirigencia política debería estar ya al margen de toda actividad y propuesta gubernamental. Para mayor ilustración citamos lo que señaló el historiador Gerardo Caetano respecto a que si el país vuelve “a tener una campaña electoral de ochentosos está en problemas”. Y, a su vez, lo que escribió el periodista Andrés Danza, en su columna del semanario Búsqueda del 5 de julio de 2018: “Es un argumento de recibo. Pero si esto ocurre, son los jóvenes los responsables de esos problemas y no los viejos”.
La generación actual de dirigentes jóvenes se encuentra, pues, ante la posibilidad histórica de tomar, sin ataduras, las riendas de la política en sus respectivas organizaciones partidarias y pegar el gran salto para intentar un cambio de paradigma en la forma de actuar, de relacionarse y en la instrumentación de la propuesta electoral. También y, no es nada menor, dejar de una buena vez de lado, la práctica electorera del irrespetuoso ilusionismo y apelar al sinceramiento para con los ciudadanos y ciudadanas, enterándolos de lo que realmente se puede hacer con el poder del gobierno. Y no olvidar nunca que el poder lo otorga la ciudadanía para servir y no para servirse de él. Triste sería comprobar que la historia política haya transitado en vano, si no se extraen lecciones de los equívocos cometidos.
La democracia, con la rotación de partidos en el poder es perfectible, no obstante a nuestro criterio, es el mejor sistema, se basa en el Derecho, garante de la sociedad; no volvamos a perderla por actuar a soslayo de la ciudadanía.
Carlos Nilson
CI. 1.157.940-4