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    La campaña electoral

    Sr. Director:

    La campaña electoral avanza a todo ritmo, alternando esperanzas con temores y, sobre todo, desbordando en especulaciones y conjeturas. Los partidos y los candidatos presentan sus programas y propuestas referidas a los problemas y necesidades nacionales que se consideran más urgentes, tales como seguridad, empleo, educación, etc. Muy poco se habla, en cambio, de una situación que afecta gravemente a nuestra sociedad: el resquebrajamiento de la unidad nacional, es decir, el abandono o descuido de los presupuestos básicos para formalizar y mantener una convivencia cívica civilizada. En ninguna tertulia política o debate televisivo he visto que se haya tocado este punto.

    El Uruguay se acostumbró a decir y a oír decir que a la democracia hay que cuidarla. Sin embargo, en los últimos tiempos, se ha desvanecido el concepto de que la democracia es el sistema que asegura el respeto institucional y político por los discrepantes (por los que no ganaron las elecciones) y asegura las condiciones institucionales para que el gobierno (los que ganaron) puedan llegar a perder (eso es la rotación de los partidos en el poder).

    Para un tercio de los uruguayos (el Uruguay frentista) la afirmación precedente resulta incómoda y, en algunos casos, hasta se toma como una agresión. El partido de ese tercio del Uruguay ha dado cabida y legitimación en su seno a otro discurso: “El único proyecto político para el Uruguay es el que ofrece el Frente Amplio”. Se lo hemos oído decir tanto al presidente del Frente Amplio como al candidato del Frente Amplio. Más allá de discursos, durante tres períodos de gobierno el Frente utilizó y legitimó el resultado electoral que le daba mayorías absolutas para sustentar una práctica de gobierno a sola firma. Interpretaron sus votaciones desbordantes y su extendida influencia cultural como una autorización para actuar de una manera que los jóvenes llamarían “aplicando la pesada”.

    Pero el Uruguay se ha ido cansando de la prepotencia, ya se fastidia con la pesada y por ese motivo ha comenzado a desolidarizarse del Frente Amplio. Lo que se abre ahora con las elecciones próximas es una posibilidad de restablecimiento de una forma de ubicarse ante el poder. Eso quiere decir regenerar y respetar un estilo de compartir el poder en el seno de una sociedad de diversos con iguales derechos de pertenencia.

    Esa posibilidad ha sido cabalmente interpretada por Luis Lacalle, el candidato del Partido Nacional, quien desde el comienzo de su precampaña propuso un gobierno de coalición, no solo como acatamiento realista de una inevitable aritmética electoral sino como remedio urgente a una grave enfermedad de la República agudizada por los tres gobiernos pasados. Sacar al Frente Amplio no implica solamente ganar las próximas elecciones sino también, y quizás más, sustituir su relato justificador de la pesada por otro relato de poder compartido, de respeto por el políticamente diferente.

    Nuestro país se consolidó democráticamente cuando firmó la Paz de Abril (1872), donde fue establecido como criterio político la legitimación del adversario y el compromiso de que el futuro de esta nación descansaba en que nunca hubiese un triunfador con todo el poder y un perdedor que no tuviera nada. El Uruguay se construyó políticamente sobre la participación pactada, acordada y respetada.

    Si bien es difícil resumir en un solo concepto o en una sola frase la esencia de un partido político, no lo es tanto en el caso del Partido Nacional. La historia del Partido Nacional no es otra cosa que la lucha contra la pesada. Desde el comienzo fue una lucha contra el absolutismo y un compromiso con una nación donde, institucional y políticamente, hubiese lugar para el adversario. La urgencia por su propia subsistencia comprometió al Partido Nacional a identificarse con la creación y custodia de un sistema político basado en la coexistencia, la coparticipación y las concesiones recíprocas necesarias.

    En esta campaña electoral en curso hay varios candidatos que reclaman cambios a la situación actual del país. No hay cambio más importante y necesario que este que acabo de describir y es el que ha planteado desde su primer discurso el candidato del Partido Nacional; existe una acumulación política de 183 años detrás de nuestra lucha contra la pesada.

    Juan Martín Posadas