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    lunes 17 de junio de 2024

    La candidata oficialista

    Nº 2196 - 20 al 26 de Octubre de 2022

    Era realmente un placer dedicar un tiempo a escuchar al politólogo Luis Eduardo González, el Sordo, como todos lo conocían. Tuve el privilegio de hacerlo durante casi dos décadas varias veces al año. Algunas fueron entrevistas, otras conferencias brindadas por él y otras simples charlas off de record. Siempre tenía algo interesante para decir, un análisis político distinto, una lectura que sorprendía y hacía pensar. Se equivocaba, por supuesto, pero eran muchas más las veces que acertaba y adelantaba con mucha anticipación lo que estaba por venir.

    Como director de la empresa consultora Cifra, una de las principales en el rubro de encuestas de opinión pública, el Sordo fue un protagonista de lujo de varias elecciones presidenciales y también de los años previos y posteriores a esas contiendas electorales. Esperar a lo que anunciara en Canal 12 una hora después de cerradas las urnas era un ritual que generaba casi tanta ansiedad como una definición por penales de Uruguay en una Copa del Mundo de fútbol. “Estamos en condiciones de decir que el próximo presidente de la República es…”, eran las palabras que solía usar para dar la noticia política más importante cada cinco años.

    Algunas veces le erró. No fueron muchas pero sí generaron ruido. Él pedía disculpas, miraba para adelante y trataba de entender qué era lo que lo había inducido a la falla. Un ejemplo, que me consta que le dolió mucho, fue cuando en octubre 2009 anunció la noche de las elecciones que sería derogada la ley de caducidad, cosa que luego no ocurrió.

    Pero hay otras, no tan difundidas, que también lo hicieron repensar algunos de sus métodos de análisis. Una que recuerdo con mucha claridad, porque la hablamos en profundidad, fue su conclusión de que José Mujica era como Carlos Julio Pereyra y Hugo Batalla, líderes políticos con muchísima aceptación popular pero sin los votos suficientes como para transformarse en presidentes de la República. Lo dijo varios años antes de que Mujica ganara las elecciones nacionales y fuera elegido como primer mandatario por un amplio margen. No logró leer correctamente el potencial electoral que tenía el líder tupamaro, lo subestimó.

    Años después, le ocurrió lo opuesto con el actual presidente Luis Lacalle Pou. Cuando varios decían que no tenía demasiada proyección electoral y que era arriesgado que aspirara a triunfar en las grandes ligas, el Sordo opinaba lo contrario. “Estoy seguro de que va a llegar”, me dijo una vez. “Al igual que me pasó a mí con Mujica, hay muchos que están haciendo una lectura apresurada y equivocada”, agregó. El 10 de setiembre de 2016 falleció sin poder ver a Lacalle Pou con la banda presidencial en el pecho pero su pronóstico se cumplió.

    Fueron muchos los dirigentes políticos y analistas que dudaron de las posibilidades reales del actual presidente. El argumento era que no estaba capacitado para captar la mitad más uno de los votos en una segunda vuelta por su perfil y su procedencia. Se equivocaron por leer a las personas con base en sus prejuicios. Mujica no ganó las elecciones presidenciales por ser tupamaro y Lacalle Pou tampoco lo hizo por ser hijo de Lacalle Herrera o vivir en un barrio privado. Más bien fue a pesar de eso.

    Ahora hay muchos politólogos y también dirigentes que aseguran que la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, tiene muy pocas posibilidades de ser la próxima presidenta de la República porque su discurso es demasiado radical. Creen que puede llegar a ganar las elecciones internas del Frente Amplio, pero que después será una candidata frágil para las nacionales de octubre de 2024 y la muy probable segunda vuelta de noviembre.

    Es más, hasta se llegó a especular con la posibilidad de que el juicio político promovido por ediles nacionalistas contra Cosse desde la Junta Departamental de Montevideo sea parte de una jugada política de alto vuelo, cuyo objetivo sea fortalecerla en la interna frenteamplista fomentando la solidaridad de sus correligionarios.

    Una jugada perfecta de ser cierta, digna de la primera temporada de House of Cards o de algún ajedrecista ruso. Pero no parece ser el caso. El planteo de los curules impresiona como mucho más lineal y obvio. La conspiración no se destaca como el fuerte de los que recurren a una bazuca para tratar de combatir a un blanco todavía accesible.

    Lo que parece acercarse más a lo que ocurrió es lo representado por el caricaturista Junior en su ilustración publicada en la última edición de Búsqueda. Allí se ve a Cosse alzada por un burro de color celeste, con su rostro feliz y sus brazos hacia el cielo tomando una bandera roja, azul y blanca. En palabras: una burrada que levantó a la intendenta. Muy afinado el lápiz de Junior.

    Pero ese caso puede tener algún vínculo involuntario con lo que verdaderamente está pasando. Porque es cierto que algunos de los principales dirigentes del oficialismo prefieren que Cosse sea la candidata de la oposición en las próximas elecciones nacionales. La eligen por sobre su principal contrincante en la interna, el intendente de Canelones, Yamandú Orsi. Evalúan que Orsi tiene mucho mejor llegada en el centro del espectro político y también en el interior del país, y que esos son lugares claves como para poder ganar unos comicios nacionales.

    En los últimos días hubo conversaciones tanto en oficinas del gobierno como en el Palacio Legislativo sobre qué se puede hacer para tratar de incidir en la interna frenteamplista. Así me lo transmitieron varios de los que participaron. Son habituales ese tipo de charlas estratégicas, y más cuando se acercan las elecciones. Conocer lo más posible al adversario es un paso imprescindible en la planificación de lo que después puede llegar a ser una victoria y poder elegir el escenario futuro, más todavía. Así que no sería extraño que de alguna forma u otra, por supuesto que disimulada, se puedan registrar jugadas provenientes del oficialismo que beneficien más a Cosse que a Orsi.

    Les puede salir mal también. Muy mal. Parece ser que una vez más, como ya pasó primero con Mujica y después con Lacalle Pou, hay muchos que están subestimado a políticos que han demostrado que tienen credenciales para estar donde están. Lo hizo el Sordo hace décadas. La diferencia es que él se corrigió a tiempo y los de ahora ni siquiera lo están viendo como un error. Quizá, cuando se den cuenta, ya sea demasiado tarde.