N° 2014 - 28 de Marzo al 03 de Abril de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAunque la actividad local luce cada vez más interesante (con un sorprendente Fénix en la cúspide del Apertura, un diezmado Peñarol que perdió los primeros puntos y un renovado Nacional que empieza a sumarlos), no será ese el tema de esta columna, a la espera de verificar si todo ello es algo circunstancial o se confirma con el paso del tiempo. Preferimos en cambio, analizar ciertos hechos peculiares relacionados con la actividad internacional de nuestras selecciones.
En efecto, por estos días, no es solo la selección mayor la que se ha ido hasta el Lejano Oriente para jugar la China-Cup, sino que también están compitiendo fuera del país las selecciones Sub-20 y Sub-17, en un hecho desusado y que debe resaltarse debidamente. En efecto, y más allá de los resultados obtenidos —que han sido en general positivos— la simultánea participación en el exterior de esas distintas categorías demuestra cabalmente que ese proceso integral de las selecciones nacionales, que tantas veces hemos elogiado, sigue vivo. Y que de ello solo cabe esperar buenos resultados; tal como vienen siéndolo, los que hasta este momento se han cosechado.
Si empezamos de arriba hacia abajo, ha sido muy auspicioso el rendimiento del equipo de Tabárez, revalidando el título de campeón del antes citado torneo, obtenido el año anterior. Por cierto que los rivales que esta vez enfrentara no son de primer nivel. El primero, Uzbekistán, ya había sido categóricamente derrotado por Uruguay el pasado año en Montevideo, en su despedida antes del Mundial de Rusia, y ocupa un nivel secundario en su continente. Y lo mismo ocurre con Tailandia, aunque sorpresivamente llegara a la final del certamen, derrotando al propio dueño de casa. Obviamente, es aún mayor la distancia entre estos equipos y aquellos que nuestra Selección enfrentara en sus dos anteriores presentaciones, cuando cayera derrotado ante Brasil y el último campeón del mundo Francia.
Aún siendo una justa amistosa —pero con premios millonarios—, era importante, sin embargo, recuperar cuanto antes el sendero de la victoria. Es que después del Mundial del 2018, solo se le ganó a México (en Houston y con Coito como técnico), y posteriormente hubo cuatro derrotas al hilo, con actuaciones que estuvieron muy lejos de conformar. Y a esa preocupante situación previa vino a sumarse el hecho de que estos partidos en China debieron afrontarse sin Suárez ni Cavani, los máximos referentes de nuestra selección.
Frente a ese complejo panorama, el Maestro Tabárez supo aprovechar en alto grado esta nueva oportunidad —que puede ser la última— de comenzar a forjar el equipo base para la próxima Copa América en Brasil, a mediados de este año. Ya en la convocatoria, aunque manteniendo la base tradicional, dio cabida en el plantel a un buen número de futbolistas juveniles (algunos ya con cierto recorrido, pero varios sin él) en un paso concreto para su necesaria renovación. Y a su debido momento, atento al curso favorable de ambos partidos, todos ellos pudieron exhibir sus condiciones.
A nivel individual hubo algunos rendimientos significativos. Así, Pereiro ratificó que su reciente ingreso al núcleo seleccionado puede contribuir a solucionar un mal endémico de nuestro equipo, que es la mejor asistencia a los delanteros netos, a lo que ha sumado también una valorable capacidad de definición frente al arco adversario. Bentancur, De Arrascaeta, Valverde, Nández, Torreira y el retornado Lodeiro, a su turno, demostraron que esa zona vital del campo (liderada por un Vecino en gran momento) aparece bien cubierta, y que ha mejorado en manejo y claridad en la salida. También fue auspiciosa la primera muestra de Giovanni González, en la banda derecha de la defensa, lo mismo que —aún con menos minutos en cancha— lo de Johnatan Rodríguez y Maxi Gómez.
Con todo, en este plano, el destaque mayor fue para Christian Stuani. Aunque cuando le ha tocado suplir indistintamente a Suárez o a Cavani, no ha podido disimular sus ausencias, en estos dos partidos —jugando en la posición en que lo hace habitualmente en el Girona— revalidó sus reconocidas dotes de hombre de área, con tres anotaciones en su haber. La vez anterior en que Suárez y Cavani faltaron al mismo tiempo fue en el año 2017, ante Italia con derrota 3-0, pero allí Stuani no fue de la partida, optando Tabárez por otra fórmula ofensiva.
Pero lo que más rescatamos de estos partidos —mayormente de la final— fue el ritmo intenso y sostenido del equipo, pero más aún, el manejo constante, fluido y hasta preciosista del balón; atributo este, nada común en nuestra Selección. Según el registro estadístico de este último cotejo, Uruguay hizo ¡574 pases!, un registro exótico para un equipo dirigido por Tabárez, mucho más proclive a practicar un fútbol más directo y vertical. Por fin pudimos ver, después de tanto tiempo, algunas combinaciones certeras y hasta preciosistas, hechas a velocidad, y con la participación de varios jugadores. Sin nada que pudiera presagiarlo, nos topamos pues con un equipo refrescado, como para pensar que, con un adecuado trabajo previo, puede llegar a desplegar un fútbol de superior pulcritud y precisión que la habitual, en la próxima Copa América. Y no es de recibo el argumento de la indudable modestia de los rivales en esta oportunidad, pues ante otros equipos de valía más o menos semejante, el fútbol desplegado por el nuestro estuvo muy lejos de resultar convincente.
Lo que viene de señalarse, sin dejar de reconocer que estos dos partidos en China pasarán a nuestra mejor historia, pues con ellos nuestro actual inmenso capitán Diego Godín totalizó 126 partidos vistiendo la casaca celeste, pasando a encabezar la muy rica estadística en esa materia.
Por su parte, la selección Sub-20 —con la nueva integración que le diera el nuevo técnico Gustavo Ferreira, luego del reciente Sudamericano de Chile— viajó a Europa disputando un par de partidos en Murcia, preparándose para el próximo Mundial de Polonia. Ganó su primer partido ante Arabia Saudita y perdió el segundo ante Ucrania, acopiando experiencia internacional para llegar en las mejores condiciones a ese magno evento.
Y por último, la selección Sub-17 está disputando en Perú la Copa América de su categoría. En un insólito grupo —¡con Brasil y Argentina!, más Paraguay y Colombia— se mantiene invicto (le ganó a Argentina, igualó con Brasil y luego venció a Colombia) accediendo prácticamente al hexagonal, que definirá los cuatro equipos que irán al próximo Mundial de la categoría
Como puede apreciarse, Uruguay ha tenido en estos últimos días a todas sus selecciones nacionales moviéndose por el mundo, ya sea disputando torneos o jugando partidos amistosos. Es una elocuente demostración de que, detrás de todas ellas pervive un proceso inteligentemente creado y muy bien llevado a la práctica, cuyos frutos confiamos poder ver en los meses venideros.