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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl gobierno se apresta a cometer un viejo error. Dice que comenzará a recorrer el camino de tratados de libre comercio con “quien se descuide”, como forma de enfrentar la realidad proteccionista de nuestros dos principales socios. Como discurso parece muy bueno y adecuado. Sobre todo pensando en el calamitoso estado del Mercosur.
Sin embargo, se trata del viejo error de no hacer un análisis sistémico de lo que le sucede a un modelo cuando se toca alguna de sus palancas principales. En este caso la palanca de la capacidad de competir. Ya sucedió en los 90. Se abrieron los mercados pero no se achicó el tamaño del Estado debido a la incapacidad (y falta de voluntad) intrínseca de la clase política. Por ello la industria perdió competitividad por el alto “costo país” y la misma quedó minimizada hasta la llegada de Botnia.
El error consiste en que para abrirse al mundo o abrirse en forma bilateral con determinados países, hay que tener condiciones de competitividad (la capacidad de competir) en los mercados internos de los países con los que se quiere acordar.
La mala noticia es que Uruguay no es competitivo en casi ningún mercado del mundo. Alcanza con tomarse un avión y aterrizar en algún país de los tradicionalmente más caros, para comprobar que los precios son más baratos en general. Por lógica análoga, el beneficio de hacer un acuerdo con Uruguay lo tendrían los países contraparte en el eventual acuerdo ya que ellos son más baratos que nosotros. Y por tanto sustituirán la producción local con mercadería más barata. Será peor el remedio que la enfermedad.
La industria uruguaya está en un ajustado brete. A saber: tarifas públicas altas, dólar barato y salarios que crecen por encima de la productividad. Como además no tiene posibilidades de fabricar a escala, es tomadora de precios de materias primas.
En resumen, ninguno de sus costos es transable. Incluyendo el precio del salario, dadas las condiciones de presión de los sindicatos.
A su vez, el gobierno no tiene margen ni para subir el dólar (porque se dispararía la inflación) ni para bajar el gasto, ya que no ahorra ni un peso.
Me parece útil advertir que Uruguay se debe ya una discusión sobre la inserción internacional a los efectos comerciales y hacer los ajustes necesarios para tener condiciones de intercambio más parejas. No es sostenible un modelo de crecimiento apalancado por un mercado interno de tres millones de habitantes y exportación de commodities de poco valor agregado. Esa experiencia ya la vivimos. La bonanza va a pasar y como siempre… se van a jorobar los más pobres.
E.I.
CI 1.764.862-5