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    La concentración de la riqueza

    Sr. Director:

    Las encuestas de hogares calculan distribución entre trabajadores. Leyendo el artículo de Jorge Notaro en Búsqueda del jueves 16 de febrero, solo discrepo con el título cuando dice “medida por el INE” como si fuera el INE causante del error. Lo cierto es que ninguna encuesta de hogares puede medir la enorme concentración del ingreso y especialmente de la riqueza que se ha producido en el país desde 2005.

    Primero, porque la encuesta de hogares no mide riqueza, que es el efecto principal de este tiempo y de las políticas adoptadas, como dije en una columna de opinión que publicó hace ya al menos tres años “El Observador” llamado “La paradoja de la concentración del ingreso y la riqueza” o algo así, que ponía el énfasis en la evolución del precio de los medios de generación de riqueza, en nuestro caso la tierra. Argumentos similares han sido presentados también por otros economistas como el mismo Notaro, Alberto Couriel, Andrea Vigorito, Verónica Amarante y otros.

    Por lo cual hoy solo quiero analizar por qué la encuesta de hogares no puede captar este tipo de aumento del ingreso de los muy ricos.

    Ocurre que la encuesta de hogares entrevista a algo menos de mil hogares en el país, del más o menos un millón de hogares que existen, de modo que la probabilidad de que llegue la encuesta a cada hogar es, en trazos gruesos, algo así como 1 por mil. Como se hace una ronda al mes, la encuesta llegará a cada hogar más o menos una vez cada 1000/12 = 83 años.

    De los casi mil hogares que se entrevistan, menos de unos 400 están en Montevideo, donde vive alrededor del 40 por ciento de la población pero seguramente casi todos los ricos. Si los “verdaderamente ricos” son alrededor del 5 por ciento de las familias, o sea unas 50, y la probabilidad de que cada hogar sea visitado es de uno por mil, entonces la probabilidad de que un hogar rico sea visitado es de 50/1000 = 5 por ciento. Se comprende que solo por acaso tendremos un hogar “verdaderamente rico” en cada ronda de encuesta.

    A ello se agrega que los verdaderamente ricos no tienen el menor interés en contarle la verdad al INE sobre sus ingresos y que el intervalo más alto de la encuesta es, por necesidad, “abierto por arriba”: puedo decir que un intervalo de ingreso es desde “más de x pesos hasta y pesos”, y el siguiente “desde más de y hasta z pesos”, pero el intervalo más rico no puede tener límite superior so pena de que aparezca quien esté por encima de ese nivel.

    En suma:

    - las encuestas de hogares solo miden ingreso, nunca riqueza

    - rara vez se tratará de entrevistar a un hogar verdaderamente rico

    - esos hogares rara vez aceptarán dar información, muy especialmente sobre el nivel de ingreso del dueño de casa

    - cuando la den, la cifra será muy inferior a la real, por inevitable temor a “filtraciones”, por mucho que los que conocemos el INE sabemos que respeta estrictamente la confidencialidad de la información

    - el ingreso medio de los más ricos entre los que declaran no se puede calcular por ser abierto por arriba.

    Así, las encuestas de hogares, no solo la uruguaya sino todas, necesariamente captan solo una parte del aumento del ingreso de los ricos, especialmente en circunstancias como la actual, donde los ricos son cada vez más ricos si poseían tierras cuyo valor se disparó desde 2004 a cinco veces su valor inicial, según datos del Instituto Nacional de Colonización publicados en Búsqueda del mismo 16 de febrero.

    En consecuencia, en materia de ingresos la encuesta de hogares es confiable solo respecto al ingreso de los trabajadores, y la mejora en la distribución del ingreso se da solo entre trabajadores y no entre el conjunto de ellos comparado con los dueños de los activos productivos. A ello coopera decisivamente el diseño de la política tributaria que basa su intento distributivo en el IRPF.

    Por eso concuerdo con Jorge Notaro en todo lo que está debajo del título.

    Jaime Mezzera

    CI 793.192-3