Nº 2138 - 2 al 8 de Setiembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo hay duda alguna de que la atención de los aficionados estará, por estos días, centrada en la reanudación de la actividad de la selección celeste, en el marco de estas muy particulares Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial de Qatar. Bien es sabido que, por causa de las restricciones sanitarias propias del Covid-19, las instancias para definir los representantes del fútbol de nuestro continente en ese magno certamen, se vieron notoriamente afectadas en su inicial programación.
Vale señalar que las primeras fechas tuvieron lugar en los ya lejanos meses de octubre y noviembre del año pasado, para reanudarse recién en el mes de junio del actual con una doble fecha; en tanto que precisamente a partir de esta noche empieza la disputa de tres más. No está de más recordar que de los seis partidos ya disputados, el elenco celeste ganó dos (a Chile como local y a Colombia como visitante), empató dos (frente a Paraguay de local y a Venezuela en Caracas) y perdió también dos (ante Ecuador como visitante y ante Brasil, en nuestro Estadio Centenario). Esos ocho puntos en su haber la colocan temporariamente en zona de clasificación, compartiendo igual puntaje que Colombia, pero muy lejos de Brasil, holgado líder de la tabla de posiciones con 18 puntos, seguido de Argentina con 12 y Ecuador con nueve. A lo que viene de decirse, cabe acotar —a título de somero repaso— que nuestra selección obtuvo apenas dos puntos sobre seis en la última doble fecha, y que ya lleva tres partidos seguidos sin triunfos, y la friolera de 287 minutos sin anotar goles. Sin olvidar que el desempeño celeste en la reciente edición de la Copa América (apenas concluida esa última doble fecha de las Eliminatorias) estuvo lejos de mejorar el pobre nivel demostrado en estas, lo que inevitablemente instala un manto de dudas en cuanto a la posibilidad de mirar con una mayor esperanza, un futuro que hoy se presenta verdaderamente complicado.
Si sumamos lo realizado en estas dos últimas competiciones (una de alcance mundial y la otra a escala continental), llegamos a la conclusión de que el Maestro Tabárez, al frente de las formaciones celestes desde hace ya muchos años, no ha podido aún encontrar la forma de conjuntar armónicamente a quienes tienen ya sobre sus espaldas un largo recorrido en la selección mayor (incluyendo varias participaciones mundialistas) con aquellos que recién están en los inicios de sus prometedoras carreras, pero que ya lograron posiciones de destaque, incluso en prestigiosos equipos del extranjero. En algunas de nuestras notas anteriores remarcábamos lo ilógico de esta situación, cuando en la actualidad se daban circunstancias particularmente propicias para que ello sucediera. La cuestión parecía sencilla: lograr que los promisorios futbolistas de esta nueva camada pudieran acoplarse, del mejor modo posible, con nuestra envidiable y altamente respetada dupla ofensiva de Suárez y Cavani, de modo que estos no tuvieran que valerse pura y exclusivamente de sí mismos para lograr perforar las redes adversarias. Y precisamente este reciente torneo continental parecía ser la oportunidad propicia para ello, pues a diferencia de otras veces ambos estaban disponibles.
Sin embargo, las expectativas al respecto no pudieron concretarse. El arranque fue derrota ante Argentina (en el cuarto cotejo consecutivo sin anotar goles), posteriormente un empate ante Chile y dos victorias ante Bolivia y Paraguay —indicativas ambas de un auspicioso repunte en el juego— para caer finalmente ante Colombia, tras la fatídica definición por penales que nos dejó afuera del certamen. Y por encima de ese magro resultado, la comprobación de que falló nuevamente la conexión de nuestra media cancha con la dupla ofensiva, pero esta vez con la particularidad de que a Cavani y a Suárez les llegaron muchas más pelotas que de costumbre, aunque sorprendentemente ambos estuvieron muy por debajo de su nivel acostumbrado.
¿Qué puede esperarse ahora, al reanudarse las Eliminatorias? Lo primero es señalar la existencia de un factor disruptivo incuestionable, que fue la decisión de algunas poderosas entidades deportivas del viejo continente (por iniciativa de la Premier League inglesa) de rebelarse ante la FIFA, a fin de incumplir sus ya estipuladas obligaciones en cuanto a la cesión, para estos partidos, de los futbolistas sudamericanos que militan en sus filas, alegando que las actuales exigencias sanitarias le impedirían contar con quienes fueran cedidos por un tiempo demasiado extenso. Ello no obstante, prácticamente todos acudieron al llamado de sus respectivas selecciones; los nuestros entre ellos. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con Cavani. Aunque damos por válida la fundamentada explicación del Maestro Tabárez, de que en este momento aquel no estaba en la mejor condición futbolística para afrontar estos partidos y por tanto prefería reservarlo para las fechas de octubre y noviembre, es evidente que tampoco se quiso exponer al futbolista a una situación complicada en su actual club (tanto que el propio DT del Manchester, el noruego Solskjaer, se ocupó de “sugerirle” que tuviera en cuenta “quién es su empleador”).
Pero ocurre que, además de esa deserción, tampoco pudieron sumarse a la convocatoria Luis Suárez y Sebastián Coates, en ambos casos por lesiones que sufrieran en los partidos jugados el pasado fin de semana. Ello implica, como primaria reflexión, que una vez más nuestra selección no podrá contar con su habitual y gravitante dupla ofensiva, lo que es de lamentar, más allá de que ninguno de los dos haya estado en su acostumbrado nivel en las recientes instancias disputadas (acaso convenga recordar que ambos estuvieron ausentes en aquel histórico primer triunfo de Uruguay ante Bolivia en la altura de La Paz, en la anterior Eliminatoria). Lo que es claro es que esa infeliz circunstancia deberá ser determinante para que Tabárez encuentre la mejor fórmula para mejorar el paupérrimo rendimiento del equipo celeste en sus últimos compromisos internacionales, especialmente en la generación del fútbol ofensivo. Los rivales que deberemos enfrentar —esta noche Perú, en Lima, y posteriormente Bolivia y Ecuador, en el Campeón del Siglo— parecen ser accesibles, y en nuestra actual precaria situación en la tabla (peleando el último lugar en la zona de clasificación) es imperioso sumar de a tres, especialmente en esos dos partidos como local, y además con público en las tribunas. Más aún, cuando más adelante tendremos rivales potencialmente más poderosos como Colombia, Brasil y Argentina. La cuestión es conjuntar —casi sin tiempo— las nuevas figuras con aquellas más experientes. Y, por sobre todas las cosas, poder dotar al equipo de una línea futbolística definida, que permita un superior despliegue en todas sus líneas. Aún con bajas, existe material suficiente para ello. Y quizás, este clima adverso pueda resultar propicio para que algunos promisorios futbolistas del medio local, que han aparecido recientemente, puedan también formar parte del inevitable recambio generacional de nuestra selección mayor.