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    domingo 09 de junio de 2024

    La deconstrucción del futuro

    POR

    Sr. Director:

    Nunca como ahora cobra sentido el pensamiento del poeta y filósofo Paul Valery, que expresaba en el siglo pasado que el problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era.

    De aquel mundo de pensamiento lineal en que creíamos que la humanidad se iba perfeccionando a lo largo del tiempo y progresaría racionalmente hacia un universo de mayores conquistas y justicia hasta este tiempo de rupturas del cual no sabemos qué sentido tendrán existe una larga distancia de apreciación y expectativas que influyen en las visiones colectivas.

    Los historiadores sostienen que recién en la década del 90 del siglo pasado se comenzaron a recomponer los problemas de difícil solución posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

    Y sucede que el Estado nación ya no se corresponde cabalmente con las necesidades de los tiempos debido a las actuales dimensiones demográficas, económicas, tecnológicas y culturales de un mundo que surge y se perfila como multipolar en el cual las grandes potencias deben hallar un nuevo equilibrio.

    ¿Cómo definir el espíritu de nuestro tiempo? Una de las maneras de intentarlo radica en tratar de identificar concepciones, ideas, creencias, paradigmas, ideologías que subyacen en los procesos más fundamentales.

    Para abordar los distintos temas hemos de acudir a diversas disciplinas, dado que los fenómenos a los cuales asistimos son de una complejidad creciente. Debemos además soportar una carga adicional: si bien estamos transformando el curso de nuestra historia, muchos siguen pensando en términos de enfoques anteriores fuertemente arraigados.

    La filosofía vuelve a cobrar importancia. Se debe ser consciente de que desde el inicio de la civilización el lenguaje, la cultura, las normas de pensamiento forman parte integral de los cambios que genera la humanidad.

    Así, por ejemplo, Yuval Harari sostiene cómo el lenguaje es la materia de la que está hecha casi toda la cultura humana y cómo la inteligencia artificial aparece hackeando el sistema operativo de nuestra civilización al adquirir habilidades para manipular y generar lenguaje.

    Una de las corrientes que ha tenido mayor relieve en los últimos años es la corriente posmodernista, que utiliza como uno de sus instrumentos principales la denominada deconstrucción.

    Este pensamiento reconoce en principio la incapacidad metodológica para establecer una base estable de interpretación a pesar de lo cual aplica un tipo de instrumental operativo en que critica, analiza y revisa vigorosamente las palabras y sus conceptos.

    Uno de sus expositores más notorios es Jean François Lyotard, que transmite una propuesta original: sostiene que la cultura posmoderna se destaca por la incredulidad respecto a los denominados metarrelatos o grandes narrativas. Pone como ejemplo de metanarrativa a las interpretaciones finalistas de la humanidad como la Ilustración y el marxismo. Estas se han convertido en insostenibles, según este filosofo, debido al progreso tecnológico en comunicaciones, medios de comunicación de masas, informática y la compleja trama social que ha emergido debido al impacto de estas nuevas realidades.

    Técnicas como la inteligencia artificial o la traducción automática muestran una transición hacia la lingüística y la producción simbólica como elementos centrales de la economía posindustrial y la cultura posmoderna. El resultado es una pluralidad de juegos del lenguaje sin ninguna estructura general. En los hechos no existe certeza en las ideas, apenas habrá mejor o peores interpretaciones de los eventos.

    Esta imposibilidad es reafirmada por Zygmunt Bauman, que afirma que nos encontramos en un tiempo de conversión en que la única certeza que tenemos es la constancia de la incertidumbre. Y agrega el sociólogo y filósofo polaco que está convencido de que cualquier esfuerzo por predecir el futuro es una pérdida de tiempo, dado que nos encontramos en un punto especial de la historia, al cual él caracteriza como un período de transición. Sostiene asimismo que debemos hacer un esfuerzo para lograr extrapolarnos de la situación actual, dado que vivimos en un momento riesgoso y difícil en que no es posible señalar a ninguna institución colectiva que esté aquí para quedarse debido a la emergencia constante de nuevos acontecimientos. Indica, a renglón seguido, que el poder que influye en el presente y que condiciona nuestra forma de vida funciona cada vez más en un nivel global.

    Sin embargo, las herramientas con las que podemos contar, que permitirían intentar controlar ese poder, son instrumentales y meramente locales y de muy poca eficacia. Se observa, por otra parte, una disminución institucional mundial que se manifiesta en que los tradicionales poderes son cada vez más débiles, más transitorios y más debilitados.

    Destacados analistas como M. Naim contribuyen a reafirmar esta visión, lo que le permite desarrollar su análisis a partir de tres fenómenos contemporáneos, a saber: las denominadas revoluciones del más, la de la movilidad y la de la mentalidad.

    La revolución del más refiere al aumento de todo: niveles de vida, educación, salud, crecimiento de países, esperanza de vida, información, relaciones con otras personas, etc. Se trata de cambios cuantitativos pero también cualitativos que hacen que muchos de los factores que permitían ejercer el poder dejen de ser eficaces.

    La revolución de la movilidad significa que todos estos cambios se expanden y cada vez más: más gente, dinero, productos, tecnología, información distribuida, nuevos estilos de vida se mueven a menor costo y a más lugares, los migrantes transfieren más remesas a sus lugares de origen, pero también transfieren ideas, aspiraciones, técnicas, movimientos religiosos y políticos que minan el poder y el orden establecido de sus lugares de origen o de residencia.

    En lo que refiere a la revolución de la mentalidad, esta representa a los grandes cambios en la forma de pensar, las expectativas y las aspiraciones que acompañan a las transformaciones mencionadas.

    El politólogo Naim observa que se está produciendo en forma creciente una fragmentación del poder que deriva de la confrontación entre los gobernantes —o los grandes poderes tradicionales— con los denominados micropoderes. Señala que el poderío que tienen los micropoderes consiste en su capacidad para vetar, contrarrestar, combatir y limitar el margen de maniobra de los grandes actores y tienen la ventaja de que al ser más pequeños son más agiles y disponen de una estructura menos rígida que la de los grandes poderes. La estrategia de los micropoderes se manifiesta a través del desgaste, el sabotaje, el socavamiento y la obstaculización de las autoridades tradicionales.

    En conjunto con estos fenómenos es preciso reconocer dos transformaciones significativas adicionales entre las múltiples mutaciones que se han producido: la intensificación de la revolución digital y la cuarta revolución industrial.

    Los cambios en el ámbito digital pueden ser referidos —entre muchos— a las plataformas digitales que permiten enfrentar a corto plazo las disrupciones tecnológicas y allanan el camino para enfrentar la penetración de los nuevos conocimientos, destacándose —igualmente— su influencia en las redes financieras mundiales a través de las operaciones sustentadas en las criptomonedas.

    La cuarta Revolución Industrial, a su vez, está siendo impulsada por una combinación de computadoras de bajo costo y alta potencia, comunicación de alta velocidad e inteligencia artificial. Esto conduce a producir robots más inteligentes, con mejores capacidades de detección y comunicación, que pueden adaptarse a diferentes tareas e incluso coordinar su trabajo para satisfacer las demandas del mercado con escasa influencia por parte de los humanos, así como a los extraordinarios avances de la inteligencia artificial.

    Como vemos, para construir el futuro debemos empezar por la destrucción de nuestras visiones actuales de este, enfrentar la constancia de la incertidumbre, analizar el nuevo lenguaje que se está imponiendo y asumir los cambios en las estructuras de poder y sus consecuencias.

    Dado que este es un proceso universal, nuestro país no puede aislarse de este y no será con ideologías perimidas que podamos enfrentarlo.

    Los trenes de la historia pasan cada vez con mayor frecuencia y a gran velocidad.

    No los miremos desde el andén.

    Cr. Ec. Isaac Umansky

    Cartas al director
    2023-05-24T22:59:00