Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSolicito la publicación de la siguiente, motivado por la carta de quien firma, Esc. Carmelo Curbelo Soria.
En primer lugar, agradezco la oportunidad de leer la síntesis de un escrito mayor, una tesis del firmante citado.
Estoy en profundo desacuerdo con lo que preconiza el mismo, sintetizando a mi vez tres o cuatro frases que, desde mi punto de vista, muestran la parcialidad de su pensamiento.
1º) Laicidad vs. Religión. La primera, podría interpretarse como un “caballo de Troya con respecto a la segunda”, cuando el Esc. Curbelo Soria dixit: “debe evitarse de asumir la laicidad como ideología para que no se transforme en una encubierta religión civil”.
Cita una conferencia del Dr. Augusto Durán Martínez, de la que se analiza una frase:
2º) “El Estado no sostiene religión alguna” —refiriéndose al Art. 5 de la Constitución—, y como el entrecomillado posterior me confunde y no sé a quién atribuirle el resto del pensamiento que incluye Búsqueda, me animo a pensar que el mismo es del Esc. Curbelo: …“pero eso no significa que deba ser indiferente al fenómeno religioso”.
En su largo parlamento, el Esc. Curbelo manifiesta:
3º) “¿Podemos admitir que el Estado le niegue al pueblo la posibilidad de conocer esa parte del acervo cultural? Sin dudas que no. Y de los términos de la propia Constitución (envuelta en su propia historia) no surge que deba ignorar a la religión, sino que está obligado a hacerla conocer como elemento cultural, y en ese aspecto el Estado uruguayo hace más de un siglo que está omiso.
Sr. Director: no puedo transmitirle a quien lee esto cada frase que me subleva, ni al semanario que me conceda más espacio. Presumo que los lectores del semanario son más adictos a las Cartas al Director que a otros espacios del mismo, y habrán leído el alegato del Esc. Curbelo, al que felicito por poder publicar sus ideas.
La última referencia a las mismas, radica cuando señala:
4º) Ojalá que aquí se siguiera el ejemplo lejano de Rusia o el más cercano de Brasil, donde ya se lleva la enseñanza religiosa en las escuelas públicas… (y unas palabras más adelante agrega) …y en la mayoría de los países del mundo donde todos los aeropuertos y similares reservan una sala para la oración o por lo menos la meditación por parte de pasajeros de cualquier religión. Y continúa…
Bien, con respecto al primer inciso, creo que el “vacío religioso” del Estado, es eso: la libre determinación para que cada quien elija un credo, una fe, o lo que sea (el término que gusten) sin ningún tipo de coacción. Y un buen ejemplo para todos, es cuando el Sr. Presidente de Uruguay, Dr. Tabaré Vázquez, cristiano católico, en sus actividades políticas ya sea con sus ministros, o dirigiéndose al país, no se despide con un “gracias a Dios” o “si Dios quiere”. ¿Mejor ejemplo?
Sobre el segundo inciso: el Estado indiferente. Me permito preguntarle al Esc. Curbelo cuál es su idea de Estado “comprometido”, si es lo opuesto a indiferente. ¿Quizás un espacio obligatorio en prensa, radio, televisión —o, específicamente en aquellas instancias en que el Estado traslada a la opinión pública un tema de interés (sobre Primaria, por ejemplo ) si debería dicho nivel de aprendizaje, incluir la aparición —luego del mensaje oficial y a continuación—, de contar con un representante umbandista, pentecostal, episcopal, luterano, testigo de Jehová, mormón, o del “paren de sufrir” y quizás también (no sé cómo nombrarlos) los que sacrifican pollos y legumbres y los exhiben en esquinas, terrenos baldíos, etc.?
Tercer inciso: El anterior pone —in extremis— el absurdo de plantear en una escuela cualquier opción religiosa a niños que, lo más probable, ya egresen del primer ciclo con una confusión sobre operaciones elementales, cuando les ingresen al conocimiento del invento árabe, el álgebra, repitan cuatro veces “sabremos cumplir” —sin tener la menor idea del significado. Permítanme aquí, una referencia personal. A los ocho años me “expulsaron” de la escuela Gran Bretaña. Parece ser que mi “curiosidad” en algunas áreas biológicas que diferenciaban a niños y niñas, determinó —no sé si mi peligrosidad—, a pasarme a una cuadra de distancia, otra escuela para varones. En esta (recuero una anécdota, una maestra nos hizo dar un beso con otro alumno con el que estábamos riñendo). En ese tiempo, recuerdo que las diferencias se solucionaban con un sencillo “cortá para la salida”. Tercer cambio, mi padre, ex militar, expulsado por no acompañar el golpe de Terra, pretendió disciplinarme (amén de la que él me inculcaba espartanamente). Habiendo mi padre pasado por los Talleres de Don Bosco, tuvo la feliz idea de ponerme en un colegio de la calle Agraciada, muy notorio. El primer día regresé de noche a mi casa —media hora en ómnibus— porque me castigaron, no recuerdo por qué, enviándome a lo que llamaban “la sexta”. Allí hacíamos la penitencia.
Producto del ejercicio religioso: Visto en la perspectiva de contar muchos años (tampoco es descubrimiento de ahora, sino que a partir de los 20 años) los cuestionamientos racionales se fueron imponiendo sobre los dogmáticos. Y la siguiente es una confesión que efectúo al Esc. Curbelo —para que tome nota sobre qué puede pasarle a un niño al que se le adoctrina sobre el pecado y la culpa, lo que representaban como el dormir al borde de un precipicio. Estar en pecado y morirnos, equivalía a caer por ese abismo. Durante tres noches —pecador empedernido por masturbarme (y que más tarde, a los diez años, al lograr retirar el prepucio, accidentalmente, me llevé soberano julepe y me aterrorizó pensar si me pasaría algo como consecuencia. Tiempo después, reconocí un problema de higiene)— despertaba gritando temeroso de continuar durmiendo porque el sueño era recurrente y me caía. Jamás se lo dije a nadie, ni a mi madre, y menos a mi padre, que solo de él recibía órdenes “enderezá esa espalda… ¿no tenés nada que hacer? …andá a barrer debajo de las parras…”). Me hubiese muerto de vergüenza confesar lo que me causaba culpa.
¿Y Ud. predica la enseñanza religiosa en las escuelas? Esc. Curbelo, en mi fuera íntimo respeto todas las religiones. Como dijo Arthur Clarke en un cuento: mil nombres tiene Dios. Cada cual debe encontrar el suyo, así sea este como mi opción: la Ciencia.
Inciso cuatro: de alguna forma, he contestado ya lo principal. Con respecto a “salas en aeropuertos, etc., etc.”, a mí me parece muy bien. Soy adicto a la aviación (fui a la EMA porque quería ser aviador) he viajado en aviones, he sufrido las turbulencias y, de estar en ventanillas al costado de las alas, estar pendiente por si se desprendía alguna. Bueno, nos pasa a todos, aun el que tenga los riñones mejor puestos. Si los lectores, o el Esc. Curbelo, buscan información sobre la ingeniería aplicada al vuelo, jamás debería el viajero preocuparse: está pensado hasta la última probabilidad de que Ud. llegue sano y salvo a su destino. El único problema que existe es que el avión no lo sabe. Enhorabuena que estén esas salas (yo no las he visto), pero admito que sería el primero en visitarlas y, por las dudas, tendría una personal e íntima conversación con mi Creador. Lo dijo Einstein: Dios no juega a los dados. Hopkins le retrucó: Dios juega a los dados, lo que pasa es que los tira en cualquier lugar.
Y final, con respecto a la Virgen María y una estatua en algún lado, desde ya le digo que sí, cuente con mi apoyo. En el Parque Rodó está Buda. ¿Por qué no entonces a quien representa a todas la madres del mundo?
Gabriel Mainero
CI 779.741-0