N° 2014 - 28 de Marzo al 03 de Abril de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAño a año la Expoactiva es una suerte de termómetro del estado de ánimo de la agricultura nacional. En 2018 por estas fechas estábamos con una sequía de enormes proporciones que recortaba en cada semana la estimación de producción y todavía no teníamos idea del tamaño del desastre.
En 2019 el panorama es diferente. Basta con recorrer la ruta para llegar hasta la exposición y poder ver la causa del cambio. Y es que tuvimos un verano que nos dio una mano enorme con las lluvias, para que en promedio los rindes que se esperan sean de buenos a muy buenos. Es cierto que tuvimos algunos problemas para implantar los cultivos, sobre todo la soja, y eso hace que mucha soja de segunda se haya implantado tarde y, por ende, necesita de condiciones muy especiales para poder rendir su máximo potencial.
Una vez más el partido se define en abril con dos factores clave: que no haya heladas tempranas que corten el desarrollo del grano, principalmente aquellas plantadas tarde, y que la lluvia no aparezca, para así poder cosechar en paz. Para nuestra tranquilidad, los pronósticos de clima de los que disponemos a la fecha no muestran nada muy siniestro por delante, al menos hasta donde son más o menos confiables.
Como dice un amigo productor, si hay kilos hay movimiento. Cuando la cosecha es buena en productividad, todo se mueve. El fletero mueve más viajes, trabaja el comercio en las localidades del interior, se activan los servicios. Es un chispazo de alegría que llega a muchas comunidades que hace un buen tiempo que la están pasando bastante mal por la falta de trabajo y la caída en la actividad.
Ahora bien, eso per se no quiere decir que a la agricultura le vaya bien. Los precios de la soja siguen siendo un problema porque a los niveles actuales, aún con rendimientos muy buenos, la rentabilidad es muy reducida. Los precios del maíz, el otro cultivo de verano, vienen ajustando a la baja de la mano de una productividad muy buena y un exceso de oferta regional. Los rentables son aquellos que están cerca de los puertos de embarque, que operan con campo propio y que tienen maquinaria propia. Los que están lejos pagan el costo de mover grano, lo que en Uruguay es muy costoso. Y los márgenes con cualquier contratiempo se reducen considerablemente.
El camino para recuperar la competitividad está en cómo hacer para bajar los costos de producción de forma sostenida y estable. Esa es la lucha que hay que dar como sociedad y lograr algo que es casi imposible: ir ganando espacios competitivos de forma sostenida en el mediano plazo tratando de cuidar lo más posible que la masa de productores sea la mayor. Un crecimiento sin exclusiones. Las soluciones que por ahora no aparecen y que en el mejor de los casos se harán presentes en este año, con algo de suerte.
Nuevamente, si nada cambia, los destinos de la agricultura nacional se definirán con la suerte del clima. Jugados una vez más a que el invierno logre rendimientos muy buenos y los precios no colapsen hasta la cosecha. Ha habido avances interesantes en 2019, sobre todo en lo que hace a nuevos destinos para el trigo uruguayo y el buen éxito de la cebada. Pero el partido se gana cuando se logra el mix de muy buenos rendimientos y precios razonables que permitan seguir sumando margen.
Mi temor es que en este proceso de ir ganando pequeños espacios de rentabilidad que apenas si nos dan para subsistir (y comprar tiempo para ver si podemos pagar lo que se debe, que cada año es más), nos hagan ser menos insistentes en el hecho de que como sociedad tenemos que reclamar con mucha más firmeza los cambios estructurales que nos dejen competitivos en el mediano plazo. Veo un gobierno nacional cansado, que tira la toalla cuando todavía falta un año de este período. Y lo peor es que el mensaje es: hay que insistir con lo que hacemos aunque no haya dado resultado. Diga que esto es Uruguay, donde la mansedumbre impera y campea, porque si estuviéramos en otro país con más conciencia agropecuaria, la voz del campo se haría sentir con una mayor intensidad.