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    La furia exitosa

    Nº 2106 - 14 al 20 de Enero de 2021

    Hay frases famosas —absolutamente diferentes en la intención de su contenido— que, no obstante, se unen al fin de determinadas peripecias para definir una obra de arte.

    Le propongo, lector, ir a dos de ellas que nos proporcionan un ejemplo difícil de mejorar.

    Irene Amuchástegui dejó escrita aquella sentencia pronunciada por Francisco Canaro, descalificadora aunque disfrazada de distante respeto, y usada para explicar por qué no grababa Nostalgias con su orquesta:

    —Yo no sé por qué a Cobián le da por escribir tangos con esa música tan poco tradicional.

    Como tantos tangos, Nostalgias tiene también una historia peculiar.

    Corría 1936, no había pasado un año de la muerte de Carlos Gardel. Un empresario teatral, de apellido Ballerini, le propuso a Cadícamo y Cobián un contenido musical en episodios para una obra a estrenar con el nombre El cantor de Buenos Aires, basada en la vida del gran ídolo.

    Cobián escribió una melodía bellísima, con variaciones sorprendentes, no porque sí: el pianista viajero y bohemio iba a rueda, mejorando cada paso, de la primera evolución del tango clásico que inició a fines de la década de 1910 Eduardo Arolas, pasando a escribir en compases 4 x 8, que siguió Agustín Bardi con sus contracantos y ligados y que cerró precisamente él, acentuando las variantes melódicas con acordes audaces que llegaron a tomar elementos del viejo jazz de los afrodescendientes de Nueva Orleans, con los que había tocado en varios de sus viajes a Estados Unidos.

    Canaro —y esto dicho con respeto por el josefino, que a su modo mucho aportó al tango— había quedado rezagado de esa evolución y no compartía sus valores que, por aquellos años, ya había pasado a encabezar don Julio De Caro.

    Ocurrió algo curioso con Nostalgias: cuando Ballerini lo escuchó, previo al estreno de su obra en honor a Gardel, rechazó el tema con energía: “Demasiado moderno”, dijo.

    Encaprichados, los autores, sin cambiar letra ni música, modificaron el nombre del tema, usando el mismo de la obra de teatro a estrenar: El cantor de Buenos Aires. Increíblemente, Ballerini, al que ahora uno supone de poco “oído”, lo aceptó y fue un éxito total.

    Muy poco después, la lujosa boite Charleston, que en Florida y Charcas había sustituido a una sala para música de cámara, contrató a Cobián y a su orquesta, integrada entre otros por el cantor Rodríguez Lesende, los bandoneonistas Ciriaco Ortiz y Aníbal Troilo y Cayetano Puglisi tocando el violín. Allí, a iniciativa de Cadícamo, se estrenó el “tango de los problemas” con su nombre definitivo Nostalgias.

    Quiero emborrachar mi corazón para apagar / un loco amor / que más que amor es un sufrir… / Y aquí vengo para eso, / a borrar antiguos besos en los besos de otras bocas (…) Quiero emborrachar mi corazón para después / poder brindar / por los fracasos del amor

    Charlo lo grabó de inmediato, primero con guitarras y luego con orquesta propia. Y siguió una suerte de correntada de otras grabaciones: entre muchas más, Lomuto con Jorge Omar, Miguel Caló con Alberto Morel, Osvaldo Fresedo con Héctor Pacheco, Leopoldo Federico con Laura Esquivel, Astor Piazzolla con Héctor de Rosas y luego solo instrumental, y los solistas Hugo del Carril, Libertad Lamarque, Alberto Marino, Héctor Mauré, Edmundo Rivero, Aída Denis, Néstor Fabián, Rossana Falasca, María Graña y Argentino Ledesma. Pero también lo llevaron al disco Plácido Domingo, Sara Montiel, Ranko Fujisawa, Cuco Sánchez como bolero, Nelson Gonçalvez en portugués, Xavier Cugat, Ray Nolan en ritmo de jazz y Pedro Vargas… ¡nada menos que en árabe!

    Y es el momento de traer desde el recuerdo la segunda frase sobre el memorable Nostalgias; sentenció Cadícamo:

    —Nos convirtió en los autores de moda. ¡No quedó una sola canción capaz de contener la furia de éxito de este tango!

    Nostalgias / de escuchar su risa loca / y sentir junto a mi boca, / como un fuego, su respiración… / Angustia / de sentirme abandonado / y pensar que otro a su lado / pronto… / ¡pronto le hablará de amor! / Hermano… / Yo no quiero rebajarme, / ni pedirle, / ni llorarle, / ni decirle que no puedo más vivir… / Desde mi triste soledad veré caer / las rosas muertas de mi juventud

    Un tango hermoso, hecho para escuchar y hallar en su poesía y su música un intenso placer emotivo. También un tango para bailar “al piso”, enroscada la pareja en un placer difícil de explicar con palabras.

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