N° 1891 - 03 al 09 de Noviembre de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Creyó que las matufias habían terminado el año pasado con la bomba legal sobre la FIFA, la Conmebol y varios dirigentes del mundo? ¡De ninguna manera! No existe varita mágica para transformar a la bruja de Blancanieves en Miss Universo, a los codiciosos y usureros en filántropos, ni a presuntos empresarios y gremialistas en caballeros.
Con la evidencia solo cabe usar la razón. No la de Kant. La del sentido común, que conduce a ver dentro de las ollas cómo se han cocinado maniobras turbias.
El dinero que canaliza el fútbol es cada vez mayor y las agachadas, “mordidas”, coimas e intereses de las asociaciones y de sus dirigentes van atadas, al igual que la imagen de los jugadores. Hay muchísima plata en juego.(1)
La deuda de Alas Uruguay y las comisiones por negocios con Venezuela son, comparativamente, vuelto chico.
Los jugadores de la empresa-selección, los que trabajan y venden un producto, reclaman el derecho a una imagen que no cedieron. Ni siquiera la AUF puede usar su “marca”. Los respaldan los artículos 72 y 332 de la Constitución y expresamente los artículos 20 y 21 de la Ley Nº 9.739, la que protege el derecho a toda creación y a la imagen.
Tenfield, con su estilo patotero, intimó a los jugadores a callarse la boca. Afirma que los derechos son suyos. La batalla legal está servida, pero nadie le pone el cascabel al gato. Para Tenfield hay dirigentes presionados: “¿Quién manda entonces en la AUF? ¿Los neutrales y los clubes o los jugadores de la Selección?”. Los intermediarios, seguro que no, pero siempre hay entreverados gobernantes, ex gobernantes y dirigentes partidarios.
Los seleccionados tienen razón. No importan los años transcurridos ni las razones por las cuales se dejaron utilizar hasta ahora. El uso de la imagen con fines comerciales desde el caso “Luongo c/Funsa” (“La Justicia Uruguaya”, tomo 29) abrió la puerta: cuando se utiliza la imagen de alguien sin autorización hay que indemnizarlo por los ilegales ingresos económicos y por el daño moral.
El antecedente judicial más cercano, sin reclamo económico, es la demanda de amparo del jugador del Atlético de Madrid y de la Selección Jose María Giménez por el uso indebido que hizo de su imagen un pae umbandista.(2)
Las confusas idas y vueltas están siempre atadas al dinero mientras los hinchas lo miran como un asunto deportivo o patriótico. ¡Pobre gente! Les vendieron el obelisco. Cuando la Asamblea de Clubes discutió sobre si se consideraba la oferta de Nike por 24.500 millones de dólares contra la de Tenfield (Puma) de cinco millones de dólares, la votación fue 10 a 9 para dialogar con Nike. ¿Con 18.500 millones de dólares de diferencia cuál es la duda de los nueve para al menos negociar? ¿Usted no sospecharía?
El contrato entre Tenfield y la AUF venció y no preveía el derecho a igualar la oferta. Un informe del estudio de Juan Andrés Ramírez entendió que aunque no se hubiere pactado, le correspondía el derecho a igualar por razones de “buena fe procesal”. Normas de goma: unos estiran para un lado, otros para el opuesto. La AUF se subió al carro y le dio a Tenfield la chance de igualar. Venció el plazo y los asalariados de la FIFA y de la Conmebol admitieron la nueva oferta de Tenfield. Razón tenía Wimpi: “El tipo siempre se cree con la suficiente habilidad para modificar el universo”.
Acorralada, la Mutual admitió que violó la ley y le cedió a Tenfield en forma “involuntaria” (¿involuntaria con U$S 250.000 anuales de retribución? ¿Creen que todo el mundo es nabo?) los derechos de imagen de los jugadores sin consultarlos. ¡Vendieron algo ajeno! Como si usted vende el auto del vecino a escondidas. ¿No es un delito? ¿Qué destino le dieron al dinero que perciben por ese acto? ¿Alguien le exigirá anular o reintegar el dinero? ¿O donarlo con fines benéficos? El contrato con Tenfield es hasta 2019. No hay vuelta que darle, la Mutual es lo más parecido a la alcahueta de “La Celestina”, la tragicomedia española.
La única cuestión a determinar es qué se ajusta a derecho y qué no. Tanto apuntar con razón sobre el mafioso Eugenio Figueredo cuando varios han cortado con la misma tijera sin que pase nada
¿Y el periodismo deportivo? Los dependientes de Tenfield, entreveran argumentos y desinforman. ¿Cuándo y quiénes publicaron completos todos los documentos contractuales? ¿Por qué esa opacidad que es responsabilidad de todos los involucrados? Se llega al colmo del ridículo: un patético Javier Máximo Goñi, defensor de Tenfield, su empleador, desafía a sus colegas cuestionadores a debatir. No sobre deporte. Sobre políticas empresariales. Capaz que alguno se rebaja y debate.
Los jugadores tienen el derecho a decidir sin coacciones la difusión de su imagen mediante reproducciones gráficas o de video. También para un cuadro o un grabado. En consecuencia pueden impedir su reproducción. Lo ideal para todos, los interesados y los que miran el partido desde afuera, es que el punto final lo ponga una sentencia judicial.
Después, a llorar al cuartito. O al vestuario.
(1) “FIFA. La trama secreta de la mafia”, Fin de Siglo, 2016.
(2) La jueza Gloria Seguessa prohibió a un pae umbandista el uso de la imagen de Giménez, que usaba para su actividad lucrativa. Incluyó en la restricción a todas las redes sociales, una innovación. Sentencia 50/2015.