N° 1994 - 08 al 14 de Noviembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Confederación de Cámaras Empresariales del Uruguay acaba de hacer públicos algunos resultados de una encuesta sobre la percepción que tiene la población sobre diversas instituciones, donde los empresarios salen bastante bien parados: el 42% tiene una imagen positiva de ellos.
Me llama poderosamente la atención que “un 77% considera que los empresarios ‘son indispensables para el desarrollo del país’ y el 56% considera que están ‘comprometidos con el desarrollo económico y social’”, cuando una inmensa mayoría de la población es marcadamente estatista y muy pocos entienden lo difícil que es emprender.
Me da la sensación de que esta mejora en el ranking, está más relacionada con la caída en la imagen pública de otros actores sociales (sindicatos, políticos, etc.), que por las acciones de divulgación del rol del empresario en la sociedad.
El 20 de mayo de 2015 escribía en Búsqueda la columna Los empresarios y la política, donde decía: “Hace unos años organicé una conferencia sobre El rol del empresario en la sociedad, a la que invité al Ing. Juan Carlos Doyenart —exdirector de Interconsult— y él comparaba al empresario del siglo XX (encerrado en sí mismo, lobbista, visto como un explotador y poco innovador) con lo que debe ser el empresario del siglo XXI: un actor propositivo de la sociedad, un ejemplo que los jóvenes quieran seguir, un líder de opinión por traer innovación, calidad y las mejores prácticas que capta del mundo globalizado”.
Estamos lejos de que esto sea así. Si bien es bueno que el 40% tenga una imagen positiva del empresario, lo cierto es que el 60% no la tiene. Decir que el 30% los percibe como honestos, suena positivo, pero la verdad es que el 70% no lo ve así.
El Estado, a través de su poder de compra, controles, impuestos, monopolios y presiones a la actividad empresarial (directas e indirectas), ha obligado al empresariado a adaptarse al entorno: no critican mucho al gobierno de turno, buscan subsidios, juegan un perfil bajo y no hacen olas. Es la manera de sobrevivir. Pero no estamos para sobrevivir, sino para vivir.
Si los empresarios quieren seguir viendo mejorar su imagen, será muy bueno que hagan conocer sus historias personales, sus comienzos, sus fracasos y sus éxitos.
Así la gente podrá ir entendiendo que sin empresarios no hay empresas. Sin empresas no hay productos y servicios que nos ayudan a vivir mejor. Que sin buena gestión no hay ganancias. Si no hay ganancias, no hay inversión. Sin inversión, no hay crecimiento. Sin crecimiento, no hay empleo. Sin empleo, no hay empleados, ni sindicatos. Y tampoco hay a quién cobrarle impuestos.
Cuando se entienda esto, no solo la “imagen” del empresario va a cambiar. Muchas creencias negativas van a cambiar. ¡Y vaya que será para bien!