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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNuestra sociedad es consciente de los problemas de delincuencia, violencia doméstica, asesinatos, accidentes y otros flagelos cuyo número se viene incrementando sostenidamente en los últimos años. Sin embargo, no se tiene tan presente que esos hechos, y seguramente otros que no menciono, tienen una vinculación estrecha con el consumo de alcohol y drogas, y que una mayor información y una buena política pública al respecto podría disminuir significativamente la frecuencia de estos incidentes y de las cifras que muestran su gravedad, que son registros de dolor y tragedia.
En otros países, una cierta coordinación de los programas de Salud Pública con tratamientos que muestran notables éxitos como los propuestos por Alcohólicos Anónimos (AA) o Narcóticos Anónimos se realiza de manera bastante más eficiente que en el nuestro. Allí estas comunidades suelen trabajar en estrecha colaboración con hospitales, la Policía u otras instituciones, como lo sabe quien haya visto la película 28 días, con Sandra Bullock, o la excelente El Vuelo, protagonizada por Denzel Washington, que evidencian la difusión que se da al problema de la adicción y de la recuperacíón incluso por parte de Hollywood.
Hay una incomprensión bastante grande de la naturaleza de la adicción y de su tratamiento. Muchas terapias tratan de “curar” a los adictos mediante la disminución del consumo. Para explicar por qué creo que esto en la mayoría de los casos es un error debo referirme brevemente a la naturaleza del problema.
La palabra adicción viene del latín addictus, que era en la antigua Roma un término estrictamente jurídico para señalar el acto en que una persona quedaba bajo el dominio de un amo —es decir, era esclavizada— y esto generalmente se producía por deudas, aunque luego por extensión se aplicó también a la guerra, estableciendo que determinados prisioneros pasaban a ser “adictos a Julio César”, por poner un ejemplo. Es decir que el triunfador se constituía en propietario del prisionero en cuestión. La analogía con el adicto es perfecta, dado que este en resumen y en todo lo concerniente al alcohol o la droga pierde totalmente su libre albedrío, quedando imposibilitado de negarse al consumo y transformándose en un esclavo. El alcoholismo en particular es una enfermedad, determinada como tal por la Organización Mundial de la Salud en una fecha tan temprana como 1957. Esta organización sostiene que unos tres millones de personas mueren anualmente por causa de alcoholismo, una persona cada 10 segundos, sin contar las cifras de crímenes, accidentes o demencia, sino solamente la muerte directa por cirrosis u otras complicaciones.
Decir que AA preconiza la abstención total es una visión limitada del asunto. En realidad, el tratamiento completo que se sugiere al principio de la recuperación en AA es abstenerse del alcohol, hacerlo por 24 horas y concurrir a los grupos. Son tres herramientas simultáneas, solo la abstinencia resulta insuficiente. El plan de 24 horas surge del hecho de que la gran mayoría de los alcohólicos luego de algún desastre provocado por el consumo se plantean dejar la bebida por una semana, un mes o un año, o limitarlo a los fines de semana, o cambiar de bebida por una con menor grado de alcohol, y otras medidas que en la gran mayoría de los casos no dan resultado y cuyo fracaso lleva al alcohólico a un estado de desesperación más profundo. El alcohólico tiene anulada su voluntad, y cualquier cantidad de alcohol ingerida desata en él un deseo insaciable de beber, siendo esto prácticamente igual en cuanto al consumo de otras drogas.
De resultas, se recomienda la concurrencia frecuente a los grupos, ya que la resolución de no consumir puede resultar difícil y necesita de un apoyo sostenido. Otra cosa importante es que el conocimiento que tenemos los adictos sobre el problema es experiencia vivida y no teorías o especulaciones. Nada sustituye la desesperante sensación de ser presa de una enfermedad trágica y potencialmente mortal. Vivimos, por decirlo así, en el interior de nuestro enemigo, y somos como topos que extraen de él sus secretos a costa de dolor y sufrimiento.
Por otro lado, AA no está contra la Medicina, e impulsa que los alcohólicos busquen simultáneamente otras ayudas como la psicológica o psiquiátrica u otros tratamientos que pueda haber, incluso la internación. Tampoco AA o NA obligan a nadie a sumarse, solamente exponen al recién llegado cuál es su experiencia respecto del alcohol y las drogas. Se les entrega un folleto que contiene 12 preguntas que debe contestarse a sí mismo, y no se determina si es enfermo o no. Solamente cada uno de nosotros puede decir si se considera adicto. No hay autoridades, y la totalidad del programa de recuperación consiste en sugerencias. De hecho, hay muchos compañeros que rechazan parte del programa porque sienten que va contra sus convicciones e igualmente se recuperan. La recuperación depende en general de un importante cambio en la vida y la personalidad del adicto, que debe realizar por sí mismo con ayuda de los demás que comparten su condición, y muchas veces también con apoyo de su familia o allegados. Para esto existen comunidades paralelas de familiares en las cuales se estudia la naturaleza de la enfermedad y cuál es la mejor forma de colaborar en la recuperación.
Como resumen, sería muy positivo que se incrementara la conciencia general acerca de la naturaleza de las adicciones y de cómo enfrentarse a ellas.
Debo aclarar que esto es un punto de vista personal, y que no representa en absoluto la posición oficial de AA o NA. De hecho, dudo de que exista tal cosa como una posición oficial. Los principios de estas comunidades las inhiben de inmiscuirse en polémicas públicas o de asumir actitudes que puedan llevar a la confrontación. Su único fin es ayudar al adicto que aún está sufriendo. Es fácil contactarse con AA o NA, ya que en sus respectivos sitios web hay una detallada información al respecto.
Un alcohólico en recuperación