N° 1844 - 03 al 09 de Diciembre de 2015
N° 1844 - 03 al 09 de Diciembre de 2015
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl periodista Joaquín de Vedia no pasó a la historia por su estilo, que no destacaba particularmente del ejercido por otros colegas de igual condición en su tiempo, ni por sus primicias, que nunca fueron más allá de algún trascendido en tiempos electorales. Lo que convierte en interesantes sus recuerdos es el privilegio de la época en la que le tocó andar por el mundo y la gente con la que alternó, pues fue unos de los periodistas que más llegada tuvieron a aquella luminosa elite de la década de los ochenta del siglo XIX que hizo de la Argentina uno de los países más prósperos y cultos del planeta.
Sus reportajes al anciano Bartolomé Mitre, con toda su memoria de la zaga del siglo que fenecía, y sus encuentros con Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen, Julio Argentino Roca, Leandro Alem, Agustín de Vedia, Aristóbulo del Valle y los extranjeros Julio Herrera y Obes y Jean Jaurés conforman un libro de semblanzas de apreciable valor a quienes les estimula indagar la parte personal de ese formidable período del progreso argentino. Nunca ese país se vería en una tal situación ante el mundo y ante sus propias posibilidades como bajo el manto de la dinámica que a partir de la pacificación y la nacionalización de los destinos que asumieron poco tiempo antes Mitre, Sarmiento y Avellaneda se dio durante cuarenta o cincuenta años a partir de 1880.
Las aproximaciones del autor son y quieren ser carbonillas, esbozos de algunos rasgos, no retratos exhaustivos y totalizadores de figuras y políticas complejas que ningún libro de este tipo (Como los vi yo, A.Z. Editora) aspiraría sensatamente a resumir. Pero el trabajo dedicado a Roca destaca por encima y muy lejanamente de los demás debido a la reproducción, hoy más que nunca oportuna, de algunas palabras del gran modernizador acerca del poder político en estas jóvenes y desconcertadas repúblicas del sur del continente. Roca, claro y lúcido, determinado y veraz, fue quien supo expresar con mayor despojamiento emotivo el problema y la solución que presentan los países forjados a los apuros donde no fueron arrancados del todo los sesgos silvestres de sus momentos fundacionales. La reproducción de estas palabras es toda una lección de lo que se ha dado en llamar la “influencia directriz”. Copio parte de la página 36: “Porque no conviene forjarse ilusiones sobre la solidez de nuestra organización, ni de la unidad nacional. Hace apenas cuarenta años, el espíritu de las montoneras levantaba ejércitos que ponían en jaque a todas las fuerzas de la República, con López Jordán. Las presidencias de Mitre y Sarmiento fueron un combate sin tregua contra el caudillismo, que aparecía y reaparecía incesantemente en el norte, en el sur, en el este, en el oeste, amenazando arrasar, si se le dejaba, con cuantas formas de Gobierno civilizado y legal se le opusiera. Claro está que esas fuerzas no se muestran, no se dejan sentir, mientras la paz reina y la Nación vigila, pero el ejemplo de lo que ocurrió durante la guerra de la Independencia, y la del Brasil, y la del Paraguay, basta para comprender que en cualquier momento de peligro común pueden asomar de nuevo, creando el desquicio cuando más necesaria sea la cohesión. La anarquía no es planta que desaparezca en el espacio de medio siglo, ni de un siglo, en sociedades mal cimentadas, como la nuestra. Vean ustedes lo que ocurre en Méjico: allí ha resurgido con todos sus caracteres de violencia, en cuanto cayó el gobierno fuerte que la sofrenó durante treinta años. Y aquí puede suceder lo mismo. El localismo y sus republiquetas están siempre ahí. Esa es la conciencia que hizo necesario a los gobiernos el hacerse electores, para robustecer el Estado, para dar unidad a los poderes del Estado, fuerza efectiva al principio de autoridad. Ya veremos en qué se convierte el sufragio libre, cuando la violencia vuelva a amagar. Los líricos, los ingenuos, los que no conocen el país, ni han vivido su vida, ni saben lo que contiene, claro está que no han podido pensar en todo eso”.
Recomiendo la lectura de este libro. Es un espejo distante como para que osemos mirarlo desde esta opacidad en la que estamos atrapados, pero también es una clase de realismo político que muchos deberían tener a la vista antes de atreverse en un asunto que no es tan universal como se cree, sino que está reservado a los que saben ver y comprenden a tiempo que la política no se reduce, como aquí y ahora, a la habilidad más o menos artesanal de engañar a masas ignorantes. Es algo más delicado, más trabado con la vocación de futuro.