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    La invasión a Ucrania

    Por Lector

    Sr. Director:

    Cuando Rusia invadió Ucrania se pensó que se trataría de una guerra de corta duración, debido a la gran diferencia del potencial de cada país. Ha pasado más de un año desde que comenzó la invasión y los hechos desmienten la generalizada opinión inicial de que el conflicto bélico sería breve.

    ¿Qué factores han incidido para que Rusia no pudiera alcanzar sus objetivos después de más de un año de operaciones? Hasta ahora las explicaciones que se han formulado refieren solo a los aspectos materiales. Así, se invoca la ayuda en material bélico que la OTAN proporciona a Ucrania.

    También se argumenta que el ejército invasor no posee la potencia de combate que originalmente se le atribuyó. Al respecto se ha sostenido que su material bélico es anticuado y que su disponibilidad de municiones no es bastante para sustentar la ofensiva.

    También se ha hecho referencia a que los efectivos rusos no resultaron suficientes para obtener el rápido éxito de la invasión. Quienes así explican el lento avance de las tropas invasoras —y en algunos casos su retroceso— se basan en que el Kremlin tuvo que recurrir a la movilización de cientos de miles de efectivos en plena guerra, a los que debió instruir antes de asignarlos al frente de combate.

    Lo lógico es que durante la etapa de planificación de la invasión se contara con la cantidad de efectivos instruidos y entrenados. Hacerlo durante la guerra permitiría suponer que Rusia menospreció a su enemigo.

    Lo que antecede son consideraciones de carácter material: cantidad y calidad de armamento y municiones y cantidad y entrenamiento de las tropas. En cambio, no ha trascendido la consideración de un aspecto esencial en todo conflicto bélico: las fuerzas morales. Esto es: la motivación, el ánimo y la voluntad de lucha del pueblo y sus combatientes, su disposición para aceptar los máximos sacrificios en aras de un ideal, la determinación para defender su tierra y para obtener y mantener su libertad. No son elementos tangibles ni mesurables, pero la humanidad siente su empuje (José Ingenieros, Las fuerzas morales, 1926).

    Este factor favorece a las Fuerzas Armadas y a la población de Ucrania, que están defendiendo su territorio y su libertad al extremo de dar sus vidas para lograrlo. En cambio, no se puede decir lo mismo de los combatientes rusos.

    Por supuesto que, tradicionalmente, se han destacado por su eficacia y heroísmo. Estas virtudes quedaron de manifiesto durante la Segunda Guerra Mundial, cuando enfrentaron a las fuerzas armadas alemanas que habían invadido su territorio. Pero durante aquel conflicto las fuerzas y el pueblo ruso estaban en similar situación a la que ahora están los ucranianos.

    En consecuencia, es posible que hoy su ímpetu no sea el mismo que exhibieron entre 1939 y 1945 cuando rechazaron al invasor de su país. Por el contrario ahora los invasores son ellos y están invadiendo el territorio de una población a la que no les resultará fácil considerar como enemiga.

    Quizás es por esta razón que han recurrido al empleo de las tropas mercenarias del grupo Wagner comandadas por el empresario Yevgueni Prigozhin, quien, se dice, tiene estrecha relación con Putin.

    Si bien no se sabe cuántos combatientes integran este grupo mercenario privado, es razonable admitir que cuenta con importante cantidad de efectivos dotados de todo tipo de armamento.

    Lo que sí ha trascendido es que lo integran excombatientes y delincuentes liberados de las cárceles rusas, quienes obtendrían su libertad después de estar un tiempo combatiendo en Ucrania.

    El jefe de esta organización habría acusado repetidamente al Ministerio de Defensa ruso de no suministrarle suficientes municiones para sus operaciones en la región de Dombás, en el sureste ucraniano.

    No debe descartarse la posibilidad de que el Ejército ruso no vea con buenos ojos que una fuerza armada mercenaria sea contratada para cumplir tareas que son de su exclusiva competencia.

    Tampoco le debe ser indiferente las sumas de dinero que cuesta al Estado ruso el grupo Wagner. Sumas que, de no existir este grupo mercenario, se destinarían a las Fuerzas Armadas regulares.

    Por lo tanto, no puede descartarse la posibilidad de que no exista buen relacionamiento entre los mandos militares profesionales rusos y el grupo mercenario. Un indicio de esto es que los mandos militares rusos no informaron sobre la presunta conquista de la localidad de Bajmut, como sí lo hizo el grupo Wagner, quien se atribuyó esa victoria y además haber colocado en el edificio del ayuntamiento dos banderas: la rusa y la de su grupo.

    De ser así, se estaría ante otra situación que, sin ser de carácter material, gravitaría en la lentitud del avance ruso. Se trataría de la posible falta de unidad de comando de los efectivos invasores, aspecto esencial en toda operación bélica.

    O bien que esa unidad de comando sea ejercida directamente por Putin. En tal caso y en la medida que ello pueda ocasionar disenso con la opinión de sus altos mandos profesionales, la situación podría llegar a resultar negativa para el invasor.

    Debería tenerse presente que Hitler hizo prevalecer sus opiniones sobre la de sus mariscales y generales en la conducción de las operaciones.

    Ello creó dificultades en el alto mando alemán, al extremo que, algunos de ellos, atentaron contra su vida.

    Puede ocurrir también que los jerarcas profesionales rusos especulen con el fracaso del grupo Wagner para asumir ellos el comando pleno de todas las operaciones.

    Es de esperar que, antes de que se pudiera llegar a esos extremos, todas las naciones participen activamente en los esfuerzos por lograr la paz y que sea la diplomacia la protagonista para alcanzarla.

    Gral. Cr. Guillermo Ramírez

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