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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas urnas volvieron al trabajo este domingo. Luego de las elecciones internas realizadas en junio y previo a las nacionales y balotaje (de ser necesario) que tendremos en octubre y noviembre, hubo un llamado para intentar derogar la ley 19.684, más conocida como “la ley trans”. A esta instancia se llegó tras la presentación ante la Corte Electoral de 70.000 firmas que habilitan a realizar un prerreferéndum con el objetivo de alcanzar el 25% de los habilitados a votar.
Una votación no obligatoria que llegó a la cifra de 270.000 votos, insuficiente para llamar a un referéndum, ya que se necesitaban 670.000 adhesiones. Igual nos permite realizar algún análisis desprendido de estar a favor o en contra de la ley.
¿Existe hoy por hoy algún hecho o circunstancia que mueva voluntariamente a cerca de 300.000 personas? Creemos que no. Si bien es cierto que las elecciones internas convocaron más de un millón de personas, estas son en sí un hecho político muy relevante y pese a esto pareció bajo el número de votantes respecto a los habilitados. Solamente el Partido Nacional superó en número los votos del prerreferéndum; los demás partidos estuvieron por debajo, siendo el más cercano el partido de gobierno, que obtuvo 255.000 votos. Ningún candidato se arrimó a la cifra del domingo. Si sumamos los cuatro más votados, Lacalle Pou, Martínez, Talvi, Manini, nos da 210.000. Si continuamos en esta línea de análisis fue muy diferente la campaña publicitaria entre ambos eventos. Las internas lograron saturar a la gente con el bombardeo de propuestas, afiches, spots y demás, mientras que para el prerreferéndum contamos con dos mensajes en la cadena nacional, uno a favor y el otro en contra. Tan poco se explicó sobre esta ley que quedó instalado en la sociedad que si ibas a votar estabas “contra los trans” y por lo tanto eras homofóbico, retrógrado, antiderechos, fundamentalista, conservador, elitista y otros adjetivos que nada construyen, todo lo contrario, dividen. Y divididas estuvieron las opiniones cuando la ley se votó en el Parlamento y solo fue posible su sanción por el uso del Frente Amplio de sus mayorías legítimas en los artículos más discutidos. Entre estos, el más polémico tiene como protagonistas a los menores. En la redacción de la ley no se estipula en forma implícita qué pasa con los menores, hay que ir a leer el Código de la Niñez y la Adolescencia, y en definitiva podrán cambiarse el nombre, hormonizarse y solo contar con la anuencia de sus padres o tutores para una intervención quirúrgica.
Todo nos lleva a pensar que la realización de estos actos democráticos necesita más información, sobre todo a los sectores de menos recursos (no solo económicos) y más vulnerables que no sabían a ciencia cierta qué pasaba el domingo. La Agenda de Derechos es una de las banderas de la actual administración y ha logrado valiosos objetivos, pero como sucede muchas veces, también se fue de la raya y termina atendiendo algunos colectivos en desmedro de otros. Si a los legisladores les pareció correcto incorporar al Sistema Nacional de Salud las intervenciones para cambio de sexo, ¿qué hacemos para el colectivo de cientos de personas que han tenido que recurrir a la Justicia para lograr su asistencia y sus tratamientos?
En forma independiente y dejando de lado si es bueno o malo todo lo que se hizo o no se hizo, 300.000 personas es mucha gente, pero es menos que los 2.400.000 que se quedaron en casa. ¿Cómo sería el resultado si la votación fuera al revés? O sea, deben manifestarse los que están en contra del prerreferéndum. ¿Hubieran asistido en forma voluntaria el 90% de los habilitados? Seguro que no, ni siquiera tenemos idea de cuántos hubieran ido. Cuando se realiza una marcha callejera, manifestación pacífica u otro tipo de acto público al que asisten 100.000 personas, nos hace pensar. Es mucha gente que sale por voluntad a expresarse y casi siempre se atiende lo que solicitan. En el caso de lo sucedido el domingo ya es cosa juzgada, quienes quieran cambios deberán buscar otros caminos.
La reflexión que hacemos va hacia los legisladores que estuvieron presentes en la sanción de la Ley Integral para Personas Trans. Hay ciertos temas que son muy sensibles y por lo tanto merecen mayor discusión, más horas de debate para lograr acuerdos con más respaldo parlamentario. No se debe hacer lo que en su momento hizo el oficialismo al integrar a su cuerpo a una persona trans con el único fin de que fuera portavoz de una ley. Eso se llama demagogia y está mal, en el oficialismo o en el partido que sea. Y como la mentira sigue teniendo patas cortas, les salió mal. Y no por la ley, sino por hechos realizados por esa persona fuera de la ley que terminaron con su procesamiento. Así como el nombramiento de esta persona se hizo a las apuradas, hay leyes que se hacen a las apuradas y después todos pagamos los platos rotos en forma lenta, pausada, pero muy larga en el tiempo. Esto es lo que veremos con varias leyes sancionadas por el actual gobierno utilizando su mayoría, legítima pero arrogante, mal manejada.
Sergio Barrenechea Grimaldi