Nº 2131 - 15 al 21 de Julio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¡La libertad ya ganó la partida! Después de 62 años de un régimen opresor, que aplastó la iniciativa de su gente, que hizo todo lo posible para que los ciudadanos NO eligieran qué hacer con sus vidas, donde de hecho intentaron hacer olvidar que la libertad podía ser suya, el pueblo cubano sale a las calles a reclamar su independencia de los caprichos paranoicos de sus gobernantes. Ha quedado demostrado que la libertad no es un concepto o una idea que se pueda borrar. La necesidad de ser libre está arraigada en la persona, viene en su propia estructura.
La información es confusa, como lo es en casi todos los casos de este tipo de revueltas, más aún en un país que ha hecho el culto al aislamiento por parte de sus gobernantes. Pero está claro que la gente quiere que le devuelvan su patria, que no acepta esta imposición de las ideas de la llamada Revolución, que los dejó estancados en el tiempo.
La reacción de su presidente, Miguel Díaz-Canel, fue extremadamente violenta y una invitación a la represión armada, al punto de celebrar la información de los heridos en las revueltas. Sabemos que en un estado policíaco como el cubano, las chances de que los ciudadanos alcancen sus objetivos a corto plazo, son pocas. Hay un elemento a tomar en cuenta que puede favorecer esta movida popular: Díaz-Canel, si bien llegó con un fuerte respaldo a su posición, no es un Castro ¿Cómo juega esto? ¿Qué tan cerca está Raúl Castro? El otro lugar adonde hay que mirar —sucedió antes en casos similares— es la lealtad del poder militar, que hasta el momento no ha dado un mensaje optimista, más allá de alguna versión en las redes que dice que los agentes de la ley se empiezan a negar a reprimir.
El alcance de la revuelta será difícil de medir. Lo que no deja ninguna duda es la reproducción de los mensajes de Díaz-Canel. No se guarda nada, la prepotencia y el autoritarismo están ahí. Y en la medida en que tenga apoyo militar, la represión seguirá adelante con sus tremendas injusticias.
Escuchamos a ciertas voces que desde la izquierda intentan defender lo indefendible, con frases como “Entiendo lo de la libertad de la gente, pero después ¿qué?”. Es como si los cubanos fueran niños para quienes la libertad es un juguete peligroso. Semejante defensa del autoritarismo a ultranza por lo general viene de los sectores intelectuales, que siempre parecen saber más que nadie qué debe hacer la gente con su vida. No, señores, cada uno decide qué hacer con su vida. Cada uno es el mejor conocedor de sus necesidades y aspiraciones, no los gobernantes iluminados, y menos aquellos que evitan la participación popular en su elección.
Lo primero es darles a los cubanos lo que es de ellos, lo que es de todos nosotros. Cuba no es el único país que sufre estas cosas. La libertad para elegir qué hacer con sus vidas y a quién le ceden el gobierno para tratar sus necesidades sociales es absolutamente primordial. Y si llega la libertad y probablemente después sobreviene el caos, ¿qué vamos a hacer: esperar 62 años más para evitarlo? El actual régimen —supuestamente revolucionario— no prepara a su pueblo para nada de esto. Y no lo quiere preparar. Y es mejor que ni lo intente. ¡Manos fuera!
Al desastroso manejo de la pandemia, más que nada referido a cuestiones ideológicas enterradas en el pasado por la mayoría del mundo, se suman décadas de escasez y problemas económicos y sociales de todo tipo. El mito del gran sistema médico cubano se cae a pedazos con el efecto del coronavirus. Todo ello se va sumando y hoy ha rebasado el vaso de tolerancia de la gente.
El analista internacional Álvaro Padrón explicó en Radio Carve que “esto recién empieza” y que “la mayoría” de los ciudadanos cubanos quieren un cambio en su país para avanzar en un proceso democrático y concretar una apertura política y económica.
Es posible, pero los pocos gritos que el gobierno cubano no pudo evitar que escuchásemos venían más que nada de las entrañas: ¡Libertad! Será para psicólogos o sociólogos explicar por qué, después de 62 años intentando apagar la llama, el urgente pedido sigue ahí. En las próximas semanas se sabrá hasta dónde llega la revuelta, pero ya pasó demasiado tiempo. Mucha es la gente que nació y murió sin conocer otras cosas que limitaciones interminables y represión.