Nº 2109 - 4 al 10 de Febrero de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Nací en Villa Pueyrredón, Buenos Aires, y lo único que me gustaba de pibe era jugar a la pelota. Pero mi viejo, Sabatino, un emigrante napolitano, amaba la música, romanzas, canzonetas, y me fue contagiando. Me regaló un bandoneón a los diez años. ¡Cómo sería su locura que estudió solfeo para enseñarme! Fue mi única formación: mi viejo. ¡Yo sí que fui autodidacta! Ni radio había en casa…
Tierna confesión que un día hizo Osvaldo Ruggiero, quien, a los 17 años, después de unos cuantos vaivenes con adolescentes en fiestas y bailes, fue recomendado por un amigo a Osvaldo Pugliese, que lo probó y convocó para integrar su orquesta, que debutaba en el Café Nacional en 1939.
No se puede decir que fue el mejor de todos. Antes están Maffia, Troilo, Láurenz y algunos más. Fue distinto, de los más creativos y personales, con una obra propia breve pero de calidad y con un blasón destacadísimo, ignorado por la mayoría.
Su recuerdo aparece, de vez en cuando, amenazado por sombras persistentes de omisiones.
—No tuve influencias, aunque siempre admiré a Troilo. El que me marcó fue don Osvaldo. Me corregía, me explicaba —“¿Viste cómo es esto, estás aprendiendo?, escuchá…”—, y me incitaba a estudiar y yo lo hacía, pero siempre solo… Pugliese fue el mejor continuador de Julio De Caro, pero se desprendió de él cuando hizo aquella trilogía de La Yumba, Negracha y Malandraca que prefiguró a Piazzolla, siendo fiel a su estilo pero dando mayor influencia a lo rítmico…
Ruggiero estuvo con Pugliese, del que pronto fue primer bandoneonista y arreglador, 28 años, impregnado su modo de tocar por el estilo del director: inclinado sobre el instrumento, caído un largo mechón de pelo, tocando con una energía salida de quien lo hace “con todo el cuerpo”, encabezaba el clásico sonido del autor de Recuerdo, con un fuerte efecto de percusión. Recién en 1968, cuando Pugliese enfermó y paró la orquesta, con la anuencia del maestro se retiró junto a Julián Plaza, Víctor Lavallén, Alcides Rossi, Oscar Herrero y Emilio Balcarce y formó el Sexteto Tango, que integró hasta su muerte en 1994 y con el que viajó por el mundo, presentándose varias veces en Montevideo, en el entonces Hotel Victoria Plaza y en el Teatro Solís.
Ruggiero fue fiel representante de la forma de tocar de Pugliese: con alma y vida, imponiendo los marcados, los fraseos y los arrastres que algunos consideran aún hoy “violentos” y esas “atropelladas” finales que se convirtieron en clásicas.
Pero si este gran bandoneonista hoy es poco recordado, menos está en la memoria general su calidad de compositor.
De su autoría son A mis compañeros, Catuzo, N.N., Bordoneo y 900, Para dos, Malambeao y otros tres tangos poco difundidos y nacidos del alma buena de Ruggiero: Rezongo tanguero, dedicado a su amado padre, Yunta de oro, con el que celebró el nacimiento de sus primeras dos hijas y el espectacular Locura tanguera, más conocido en el exterior que en el Río de la Plata.
Precisamente este tango es una representación simbólica de esa escasa recordación que aún persigue a este gran instrumentista “cadenero”.
Hasta donde he sabido, Locura tanguera solo fue grabado en nuestras tierras por Osvaldo Pugliese y el Sexteto Tango. En cambio, multitud de formaciones musicales europeas —y hasta vanguardistas de la fusión— lo ejecutan y llevan al disco con frecuencia en Alemania, Francia, Finlandia, Japón y otros países, donde lo han convertido en un clásico.
Su principal difusor es Daniel Ruggiero, guitarrista y bandoneonista, hijo de Osvaldo. Todo comenzó con un arreglo que hizo de Locura tanguera —de una armónica relación melódica y rítmica difícil de igualar— para su grupo moderno Quasimodo Trío, que incluyó en su debut en Buenos Aires, antes de partir a Europa adonde viaja continuamente, junto con Divertimento para cuerdas, de Bartok, Una noche en el Monte Calvo, de Mussorgsky y Jazz Suite Nº1, de Shostakovich. Un programa, con variantes que siempre respetan la ejecución del tango de su padre, presentado en multitud de países con diversos grupos de destacados músicos de diferentes nacionalidades.
Todavía no ha llegado, pero en cualquier momento la difusión de Locura tanguera se acercará bastante a la excepcional de La cumparsita, Adiós muchachos y algún otro tema histórico.
¿Llegó la reivindicación de Osvaldo Ruggiero? Viene en las mejores manos. Las de la familia.