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    La meritocracia vende Chevrolets

    N° 1867 - 19 al 25 de Mayo de 2016

    Los publicistas y los profesionales del marketing siempre están atentos a las tendencias de consumo y el comportamiento del consumidor. De esta manera pueden adaptar los productos a los diferentes públicos objetivos y comunicar sus propuestas de la manera que mejor las entiendan y acepten.

    Las personas somos más receptivas a aquellas ideas que se adaptan a nuestras creencias, costumbres y experiencias. Por lo tanto, cuando en una sociedad predomina la idea de lo “nacional”, lo “autóctono” o lo “nuestro”, las empresas ofrecen “la yerba de mi país” o “Compre en Ancap, compre en su empresa”.

    En tiempos de “progresismo”, se puso de moda lo “solidario” y la “responsabilidad social empresarial”. Todo pasó a tener el mote de solidario. Hasta a un impuesto lo tildaron de tal: el “Fondo de Solidaridad”. Igual suerte corrió la RSE, donde empresas, productos y servicios se colgaron el cartel de “socialmente responsable”. No importaba si vendían un producto de pésima calidad, si acto seguido repartían refuerzos de mortadela en un asentamiento. Con esta acción “solidaria” querían sanar sus “culpas”.

    Todo esto “vendió” muy bien durante los últimos años. Lo que no vendía nada era apelar al mérito individual, a destacar a los mejores y a los más aptos.

    Pero parece que la cosa está cambiando. Recientemente, Chevrolet lanzó una publicidad en Argentina para la venta del modelo Cruze, que llamó la atención —justamente— por apelar a la meritocracia, esa dama tan antigua, tan denostada y tan olvidada.

    El aviso dice así: “Imaginate vivir en una meritocracia. En un mundo donde cada persona tiene lo que merece. Donde la gente vive pensando cómo progresar día a día, todos los días. Donde el que llegó, llegó por su cuenta, sin que nadie le regale nada. Verdaderos ‘meritócratas’. Ese que sabe qué tiene que hacer, y lo hace. Sin chamullos. Que sabe que cuanto más trabaja, más suerte tiene. Que no quiere tener poder, sino que quiere tener, y poder. El ‘meritócrata’ sabe que pertenece a una minoría que no para de avanzar y que nunca fue reconocida. ¡Hasta ahora!”.

    Los cambios en las creencias populares son los que traen los cambios en los hábitos de consumo de productos y también en los cambios de consumo de gobernantes.

    Hasta ahora, por lo general, el mérito individual era mal visto. Recoger los frutos del esfuerzo individual era ser “egoísta”; no dejarse aprovechar por el haragán de la oficina era no ser “solidario”; y pretender ascender social y económicamente era ser un “acumulador”.

    Por suerte todo esto está cambiando. Y Chevrolet se dio cuenta. Si su equipo de publicistas no tuvieran bien medido que este mensaje pro “meritócratas” sería bienvenido, hubieran apelado al viejo y gastado “Chevette, el auto de los uruguayos”.

    Y yo agregaría: “De los uruguayos mediocres”. Porque están los otros uruguayos. Los que desde nuestra temprana independencia sabemos apreciar la meritocracia como el sistema más justo para la convivencia humana.

    Y tan es así, que lo plasmamos nada menos que en el artículo 8 de nuestra Carta Magna, que reza: “Todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”.

    Más de uno debería ver mil veces este aviso. Más de uno debería leer mil veces nuestra Constitución.

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