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    miércoles 12 de junio de 2024

    La nación de Charles Maurras

    Nº 2240 - 31 de Agosto al 6 de Setiembre de 2023

    El destino juega sus cartas de manera harto misteriosa. Se diría que Dios, que lo conoce todo (también lo que no será), elige para unos el segundo plan como plan primero y a eso los arroja. Tal parece haber ocurrido con Charles Maurras, que a la edad de 14 años se quedaría repentinamente sordo; esta desgracia lo obligó a abandonar su sueño juvenil de convertirse en oficial naval y lo llevó a enfocarse en la poesía, enseguida en la filosofía y fatalmente luego en la política, que le cobró el alto costo de injurias y de mala memoria que rodea su nombre.

    Charles Maurras se convirtió desde muy joven en un destacado representante de la línea nacionalista en el periodismo francés. Hacia 1899 participó en la creación del grupo monárquico, tomando forma organizativa en 1905 como Action Française. Después de la adopción en Francia de la ley sobre la separación de la Iglesia y el Estado (1905), Action Française abogó por la restauración del catolicismo romano como religión del Estado. Maurras, como publicista y escritor, idealizó la Francia monárquica —y la época del reinado de Francisco I en particular—, argumentando que solo entonces Francia era el Estado de la nación francesa, y glorificaba la “raza latina”, viendo en ella el ideal de civilización europea. Los franceses conforme a su punto de vista eran mejores que otros europeos, aunque solo fuera porque aspiraban a un Estado fuerte y a una jerarquía en lugar de la “igualdad” oficial de la Revolución francesa.

    Su programa fue casi la única expresión orgánica de base reflexiva que atravesó generaciones en Francia y dilataría su influencia por todo el orbe occidental. Hay propuestas muy locales, como la restauración de la monarquía (dinastía de los Borbones), que debería ser autoritaria, pero no sobre el modelo del absolutismo de Luis XIV, sino más bien sobre el modelo de la “monarquía libre” de Francisco I. Bajo tal sistema, la sociedad debería ser despolitizada: los partidos y la prensa política estarían prohibidos y el Parlamento disuelto. Al mismo tiempo, postulaba la autonomía a las provincias, la libertad de la actividad creadora, la libertad a las universidades, a las corporaciones y a las cámaras públicas. El Estado debe “reducirse” en sus funciones: controlar la esfera política, en parte económica y en parte espiritual. También promovió, como fue dicho, la reunificación de la Iglesia católica con el Estado, cerrando una herida abierta por el fanatismo de la Revolución en el entendido de que el catolicismo es la religión histórica de Francia, también fue la religión formadora del Estado del país. Además, dijo, la Iglesia católica es una institución social que “disciplina las almas”. La hipóstasis espiritual del catolicismo debe desempeñar uno de los papeles más importantes en la esfera espiritual de la sociedad francesa. Por eso ha de revivirse su antigua influencia uniéndola con el Estado, esto es, con la monarquía.

    En cuanto a las formas operativas de la organización política entendía que la sociedad debe construirse sobre asociaciones económicas, sociales y culturales: corporaciones, cámaras, institutos, gremios, talleres, uniones creativas. Todas estas son asociaciones naturales, como lo es la familia, y es sobre ellas que se ha de construir la sociedad respecto de las principales cuestiones de política interna en las esferas social y económica. El Estado participará solo para atender posibles arbitrariedades y violaciones en el sistema. Con variaciones, la Carta del Lavoro, de Gentile, se implementó en Italia desde 1928 y tiene mucho de este reclamo. Consideraba Maurras que ello debía fundarse sobre el suelo de lo que denominó un nacionalismo integral, en el entendido de que una nación se forma en el idioma nativo, en la sangre, en la religión, en el arte, en las costumbres y tradiciones: de eso está compuesta una nación. Francia, expresó, es un país formado por la nación francesa y debe ser considerado como un todo. Por lo tanto, una de las tareas más importantes del Estado es proteger firmemente todos los cimientos básicos de la nación francesa.

    Consecuente con ello, Maurras expresó su rechazo al indeseado e imposible liberalismo igualitarista emanado de 1789 y su antagonismo sin reserva al protestantismo, la masonería y toda forma de cosmopolitismo, en especial al socialismo en todas sus formas.

    La obra de Maurras, largamente silenciada, ha vuelto a reeditarse en Francia en cuidadas ediciones anotadas.