N° 1890 - 27 de Octubre al 02 de Noviembre de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl presidente Tabaré Vázquez se mostró optimista al evaluar el resultado de su viaje a China durante el cual se suscribieron varios acuerdos, se convino negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) a regir desde 2018, y se anunció que inversores chinos estarían dispuestos a financiar proyectos de infraestructura portuaria, vial y ferroviaria. Vázquez destacó la importancia de haber logrado una “alianza estratégica” con China.
El optimismo, cuando no la euforia, han sido lo habitual tras las misiones comerciales encabezadas por los jefes de Estado. El tiempo pone luego las cosas en su lugar, acotando entusiasmos explicables por la necesidad de justificar el esfuerzo realizado.
China es un enorme mercado de 1.300 millones de habitantes que ha tenido un formidable desarrollo económico y una creciente participación en el comercio mundial. Tras quince años de negociaciones, en 2001 se incorporó a la Organización Mundial de Comercio (OMC).
La relación bilateral ha prosperado desde el establecimiento de relaciones en 1988. El año pasado fue el principal destino de las exportaciones uruguayas (U$S 2.095 millones, principalmente soja, carne bovina, celulosa), lo que justificó el viaje presidencial y la voluntad de negociar un TLC.
Hace una década, durante la primera presidencia de Vázquez, cuya vicepresidencia desempeñaba el actual canciller Rodolfo Nin Novoa, Danilo Astori, titular como hoy de Economía, propuso (Búsqueda, 5/1/2006) negociar un TLC con Estados Unidos y con China. Meses después Vázquez mostró disposición de iniciar negociaciones con Estados Unidos, pero desistió ante la resistencia que la idea generó en el Frente Amplio y el PIT-CNT.
Sus opositores invocaron razones económicas y políticas. También jurídicas: que la resolución 32/00 del Mercosur impedía a sus integrantes negociar acuerdos de libre comercio en forma individual. Nunca quedó claro si Vázquez terminó compartiendo estos puntos de vista o si simplemente decidió evitar un debate que partía aguas en el oficialismo y que prometía ser áspero y poner en riesgo la unidad de la coalición.
Con Estados Unidos no se negoció, aunque se recibió al presidente Bush y se le pidió respaldo político en medio del enfrentamiento con Argentina por la instalación de la planta de celulosa de Botnia.
Desestimada la idea de negociar con Estados Unidos, lo de China pronto pasó al olvido. Incluso aun cuando Vázquez visitó China en 2009 y Beijing aumentaba sus compras en Uruguay. Eran tiempos de “más y mejor Mercosur”, de expansión del bloque progresista en la región, de explicitar un “profundo sentimiento” latinoamericanista.
El viento a favor que benefició a la economía de la región ha disminuido y desde hace meses el ciclo populista-progresista luce agotado. Los gobiernos ideológicamente “amigos” de Argentina y Brasil cayeron tras gravísimas inconductas éticas. Incapaz de resolver los problemas económicos y sociales del país, el chavismo, bajo la tutela cubana y de sus militares, se aferra al poder apelando a los peores recursos de las dictaduras.
Para colmo, tras años de negociaciones, Nueva Zelanda, competidor de nuestras exportaciones en el mercado chino, acordó con Beijing un TLC que prevé la progresiva eliminación de aranceles.
Se sabe, la necesidad tiene cara de hereje. Mientras se insiste en “más y mejor Mercosur”, el valor de nuestras exportaciones a China disminuye y la incidencia de aranceles, cuotas y otras medidas proteccionistas le quitan competitividad. Deben enfrentar la competencia de la liberalización de mercados y de quienes pagan menores fletes.
Paradójicamente, la caída de los “gobiernos progresistas” del Mercosur abrió una ventana de oportunidad porque ya no es posible alentar sueños de viajar en el estribo de Brasil o de Argentina. Sus actuales gobiernos reniegan de las consignas ideológicas que guiaron la economía y las relaciones internacionales de sus predecesores.
Tras diez años de bonanza económica, el gobierno FA y sus socios políticos y sindicales afrontan una etapa de vacas flacas, menor crecimiento económico y desgaste político. Pero la nueva coyuntura les abrió una ventana de oportunidad a quienes como Astori procuran, hasta ahora con la férrea oposición de los sectores más ortodoxos y más militantes del FA y del PIT-CNT, una mayor apertura comercial en función de un mayor pragmatismo.
Hace un par de semanas el gobierno se tiró al agua. En presencia de Vázquez, Nin Novoa y su par chileno firmaron un acuerdo de libre comercio que alarmó a la barra más “progre” de la bancada oficialista y del PIT-CNT.
Ahora avanza con China, que, por ser gobernada por el Partido Comunista, despierta menos resistencia en los sectores más ideológicos del oficialismo.
Ahora bien, la posibilidad de concretar un TLC con China ha disparado una controversia jurídica. ¿Puede Uruguay negociar solo un acuerdo de estas características o requiere para ello autorización de sus socios del Mercosur? ¿Rige o no la disposición 32/00 del Mercosur?
Según Nin Novoa, dicha cláusula “no está internalizada en ninguna legislación de los países. (…) Es una declaración de principios, programática (ya que) ninguno la internalizó, (y por tanto) no tiene fuerza de ley”. Adelantó que no habrá una información especial a los socios, ya que todo se ha hecho de forma pública. Destacó que se pretende lograr un “acuerdo marco” que permita a los otros países sumarse. Precisó que la desgravación arancelaria puede ser tan gradual y parcial como cada socio lo requiera y reconoció que le gustaría que todo el Mercosur negociara junto. Pero aclaró que “la peor situación es quedarse de brazos cruzados esperando que otros inicien la movida”.
China, cabe recordar, propuso al Mercosur negociar un TLC sin resultados a la vista.
Las afirmaciones del canciller referidas a la cláusula 32/00 resultan sorprendentes. Porque si el gobierno cree que es una declaración de principios que “no tiene fuerza de ley” cabe preguntarse ¿por qué se embarca recién ahora en la ruta de los TLC? ¿O recién ahora advirtió que no tiene fuerza de ley?
El ex canciller y destacado internacionalista Didier Opertti no comparte la interpretación de Nin. Recordó que durante el gobierno de Batlle se logró una autorización explícita para poder negociar y acordar un TLC con México. “El Consejo Mercado Común la adoptó y es el Consejo el que debe modificarla. Está vigente y no le hace bien (…) decir que no lo está. No hubo un proceso de internalización, pero el país la utilizó”, recordó.
Al margen de esta controversia jurídica, se sabe que Paraguay comparte el punto de vista expresado por Nin, pero se ignora cuál será la reacción de Argentina y Brasil, para quienes el arancel externo común opera como un instrumento necesario de sus políticas de protección industrial.
Obligado por las circunstancias, el gobierno abrió una puerta que puede plantearle problemas con sectores irreductibles del FA y del movimiento sindical. Pero además le expone a eventuales disputas con Brasil y Argentina si estos, como se piensa, no están dispuestos a abrir sus mercados a China y, como advirtió Mujica, temen que nuestro país se convierta “en una especie de zona franca” del gigante asiático, un trampolín desde el cual competir con sus industrias. Esa es la madre del borrego.