N° 1751 - 06 al 12 de Febrero de 2014
N° 1751 - 06 al 12 de Febrero de 2014
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas mujeres, los negros, los homosexuales o los travestis son minorías que han sido —y lo siguen siendo— injustamente perseguidas por mayorías irracionales, ignorantes y prejuiciosas. Pero la prédica constante contra esta ignominia hizo que esas mayorías comenzaran a pensar, a razonar y a aceptar a individuos que por razones de sexo, raza, religión o costumbres se diferenciaban de las masas.
Desde hace ya bastante tiempo estamos asistiendo a la pasiva persecución de una nueva minoría: los ricos. Al igual que los católicos en la antigua Roma, los judíos durante el nazismo o los negros en la Sudáfrica del appartheid, son culpados de los peores males que aquejan a la humanidad.
“¿Así que creéis que el dinero es el origen de toda maldad?, se pregunta Francisco d’Anconia”, personaje de “La Rebelión de Atlas”, de Ayn Rand. “¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que existan bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio de que los hombres que desean tratar entre sí deben hacerlo por intercambio y dando valor por valor. El dinero no es el instrumento de mendigos que claman tu producto con lágrimas, ni el de saqueadores que te lo quitan por la fuerza. El dinero lo hacen posible solo los hombres que producen. ¿Es eso lo que consideráis malvado?”.
Pero los ricos son socialmente castigados. “¡Que pague más el que tiene más!”, gritan los Torquemada desde el estrado, mientras las focas aplauden embravecidas desde el llano. Lo hacen porque no comprenden (ni poseen) los talentos y virtudes que hay que poner en acción para ser rico: creatividad, persistencia, asumir riesgos, planificación, cumplimiento, esfuerzo, tenacidad...Y esto no asegura el éxito. Quien hace rico al rico, no es el rico, sino los miles de consumidores que, parados frente a una góndola, eligen libremente los productos que nos ofrecen un Steve Jobs, un Bill Gates o un Richard Branson.
El consuelo de los tontos es decir que los ricos lo son porque robaron, heredaron o estafaron. Y es cierto que los hay. Pero en los países de primera, estos casos son la minoría, como son la minoría los profesionales universitarios que se recibieron copiando, los partidos de fútbol que se ganaron haciendo goles con la mano o la “suerte” que tuvieron algunos matrimonios de tener hijos responsables y educados.
Esta persecución a “los ricos” no se da solo en países socialistas, sino también en el seno de Estados Unidos. Recientemente, Tom Perkins —un inversor multimillonario— ha salido en defensa del 1% más rico de ese país diciendo: “En la época de los nazis se practicaba la demonización racial; ahora se practica la demonización de clases”.
Es que ser pobre no tiene ningún mérito. Deje de estudiar, de innovar, de esforzarse y de cumplir con sus compromisos y verá cómo se vuelve pobre en pocas semanas. Pero ser rico (honradamente) sí que requiere de grandes dones. Y así lo expresan estas palabras que se atribuyen a Abraham Lincoln (1809-1865): “No se puede llegar a la prosperidad desalentando la empresa, no se puede reforzar al débil debilitando al más fuerte, no se puede ayudar al pequeño abatiendo al más grande, no se puede ayudar al pobre destruyendo al rico, no se puede aumentar la paga arruinando al que da trabajo, no se puede progresar serenamente gastando más de lo que se gana, no se puede promover la hermandad humana predicando el odio de clases, no se puede instaurar la seguridad social usando dinero prestado, no se puede ayudar continuamente a la gente haciendo en su lugar aquello que puede y debe hacer sola”.
Hoy los ricos se diferencian de las masas porque piensan, actúan y obtienen logros diferentes que las mayorías. Será por eso que los estigmatizamos. Una forma de persecución tan o más injusta que cualquier otra conocida.