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    La obra del pensar

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2126 - 10 al 16 de Junio de 2021

    Beaufret, profesor de filosofía, fue un destacado militante de la resisténce y se lució durante la guerra por algunas de sus proezas en la aviación aliada. Apenas terminada la conflagración se dedicó a la tarea que más le interesaba en la vida: estudiar y difundir el pensamiento de Martin Heidegger. Por eso su emoción no tuvo límites cuando en 1947 pudo ir a Todtnauberg, en la Selva Negra, y, todavía con su uniforme militar en medio de la depuración que estaba teniendo lugar en Alemania, va a estrechar la mano del perseguido maestro, al que entonces se le impedía enseñar. La memoria de aquel encuentro tuvo varias consecuencias, siendo la más importante la amplia presencia del pensamiento de Heidegger en el ambiente editorial de Francia. El otro efecto se llama Carta sobre el humanismo (Alianza Editorial, 2013), texto en el que consagra el principio del habla como acción eminentemente ontológica, fundante del sentido.

    El propósito de esa obra consistió en explicarle a Beaufret y a todos los lectores que este pudiera congregar las razones por las que desiste de reducir su pensamiento a la clasificación simple abrazada por Sartre de “existencialismo”, cuya famosa conferencia, El existencialismo es un humanismo, causó furor en las jóvenes generaciones de posguerra. La tesis de Heidegger al respecto es que el Dasein (la existencia) es una apertura, y como tal resulta irreductible y escapa, por tanto, a toda designación establecida. Lo más interesante, sin embargo, no descansa en la parte del pleito, sino más bien en su crítica total a la tradición filosófica, cuya característica principal, dice, es el olvido del ser en el sentido de olvido por la pregunta del ser.

    En la carta afirma que estamos muy lejos de pensar la esencia del actuar de un modo suficientemente decisivo. Esto quiere decir que falta aún mucho tiempo para que pensemos sobre la esencia del obrar en una forma decidida. Aún no podemos decir en qué consiste la acción. No nos referimos a empujar o mover objetos, sino a lo primordial del obrar. Hay algo anterior al obrar, que es la decisión de obrar. Y subraya que solo se conoce el actuar como la producción de un efecto cuya realidad se estima en función de su utilidad, esto es, en el marco de un proyecto. El obrar implica producir una acción con un sentido. “Llevar a cabo significa desplegar algo en la plenitud de la esencia, guiar hacia ella. Consumar es realizar en la suma total de la plenitud de su esencia”, dice.?Una acción se produce; es algo compacto. La consumación del acto ocurre cuando hay una determinación seguida de una acción. Llevar a cabo es producir, generar, crear. Por eso solo se puede llevar a cabo lo que ya es. No se puede llevar a cabo a la plenitud de su esencia algo que todavía no es. La plenitud de la esencia de las cosas ya está fijada. Y lo que ante todo es, es el ser. El pensar lleva a cabo la relación del ser con la esencia del hombre; consuma la referencia del ser a la esencia del hombre. El acto de pensar nos remite a la propia condición de hombre. El pensar, postula Heidegger, obra en cuanto piensa. El acto de pensar es lo natural en el hombre. Lo que el hombre hace por su propia condición de hombre es pensar, por eso dice que el pensar lleva a cabo la relación del ser con la esencia del hombre, porque el pensar hace que el hombre sea lo que es. Cuando el hombre no piensa, no es.?Y nos aclara: “El pensar no hace ni produce esta relación, no la genera, sino que le es propia. El pensar se limita a ofrecerse al ser como aquello que a él mismo le ha sido dado por el ser”. El pensar es pensar en el ser, entonces, es el acto mismo del pensamiento. Expresado de otro modo: el hombre piensa porque se interroga por el ser, de lo que se sigue que el pensar nace por la necesidad de la pregunta por el ser. Sus palabras no dejan dudas en cuanto a que “el pensar consuma la referencia del ser a la esencia del hombre” y algo todavía más importante: el pensar solo ofrece el acto de pensar al ser como aquello que le ha sido entregado para el ser. El pensar y el ser se coproducen, se bastan mutuamente, diría que casi se agotan el uno en el otro.

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