• Cotizaciones
    domingo 26 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La pandemia nos desnuda

    Sr. Director:

    Hace una semana que hablamos de nuestro futuro como “la nueva normalidad” y dejamos de lado “el día después”. Podríamos decir que casi nada volverá a ser como antes. La sociabilidad que tanto fustigamos por ser practicada a través de WhatsApp, video llamadas o simples mensajes es ahora la forma de conectarnos. Nuevas aplicaciones que permiten la presencia en pantalla de 100 personas o más y evitan un contacto físico cercano más seguro que un tapabocas. La educación a distancia, el teletrabajo, presencia limitada en supermercados o demás comercios apuntan a que no nos acerquemos, mantengamos distancia. Los adultos, sobre todo, nos quejábamos de estos sistemas que para nada fomentan las relaciones sociales y hoy la realidad nos pega en la cara y nos manda alejarnos. Desde el 13 de marzo ha cambiado nuestra vida.

    Pero como si esto no fuera poco también desde esa fecha “se denudó” otra realidad y que lamentablemente no es nueva. Cuando se comenzaron a tomar las primeras medidas socioeconómicas para enfrentar el coronavirus nos enteramos de que tenemos un entramado social preocupante. El asistencialismo de los gobiernos que nos precedieron no era tal. Se destinaron millones de dólares al Ministerio de Desarrollo Social y lo que llegó a la gente fueron migajas. Tarjetas que a lo sumo entregan $ 6.000 y en su mayoría rondan los $ 3.000. Miles de trabajadores con salarios inferiores a $ 15.000 y que hoy cobran un seguro de desempleo paupérrimo. Y lo peor es que contamos con una masa de 400.000 personas sin cobertura ninguna, los que ahora se llaman “el día a día”. Todo este conjunto de ciudadanos debe rondar al menos entre 700 y 800 mil personas. Esto es el resultado de algunas de las políticas sociales aplicadas en los últimos 15 años y que si no fuera por la pandemia seguirían “escondidas” tras un velo de socialismo, de atender a los más necesitados, de darle a los que tienen menos, de ser solidarios, y que era mentira. Si bien es cierto que en tres lustros gobernó a gusto un solo partido político, cabe aquí la responsabilidad a toda la sociedad. Mucho más a quienes nos gobernaban porque además de hacer poco nos vendían que hacían mucho. Y no fue un problema de falta de plata, hubo y bastante, lo que faltó fue una gestión decente, transparente y eficaz. Y cuando todavía nos estábamos desayunando con este presente social, quedan “al desnudo” los residenciales para adultos mayores. Hay más de 1.200 de estos hogares y tan solo 41 habilitados. Es muy posible que exista un número alto que pese a no estar habilitado cumpla con las normas de funcionamiento necesario para los ancianos. Pero hay más de 200 en situación crítica y más de 100 por debajo del respeto a los derechos humanos, según comunicó el secretario de la presidencia, Álvaro Delgado. Un verdadero desastre social en estos institutos donde ahora sí encontramos a los más vulnerables. ¿Cómo podemos llegar a una situación de este calibre donde existan ya no personas mayores, sino seres humanos tratados en forma tan indigna? Y no estamos hablando de las cárceles donde ya sabemos cuál es la situación y tampoco se ha hecho nada, sino de residencias donde no hay procesados por delitos y donde muchos no eligieron estar ahí. Si bien las autoridades sanitarias no han tomado en estos años ninguna medida también hay un grupo de la sociedad que coloca familiares en esos hogares. ¿No tienen ellos también gran parte de la responsabilidad por su desidia y su silencio? Aquí no debemos sentir solo culpa ajena, sino propia y mucha. Ahora que conocemos estas “nuevas realidades” no nos podemos quedar quietos un minuto más. Debemos velar para que se cumplan los anuncios de medidas dados por el ejecutivo y erradicar estas prácticas de nuestra sociedad. Hay que actuar con responsabilidad y eficacia, la misma que hoy les falta a quienes manejan esos hogares, como también les falta a los industriales y comerciantes inescrupulosos que están aprovechando la necesidad de la gente para hacer su diferencia cobrando precios por de más elevados. Ahí también falta control por parte de las gremiales empresariales, son sus socios los que literalmente están robando a la gente.

    Pero, además de toda esta miseria descripta, nos quedan cosas positivas y que vale la pena destacar. La aparición de cientos de ollas populares con colaboraciones múltiples habla de que hay aún más solidarios uruguayos que mezquinos. Las miles de canastas preparadas por fuera de la asistencia gubernamental es otro ejemplo de solidaridad que demuestra que no es tan grande la grieta que nos han vendido, entre todos nos ayudamos cuando la necesidad es real. No necesitamos impuestos, ni penalidades ni imposiciones cuando en forma directa se ve que hay ciudadanos que la pasan mal, muy mal.

    La pandemia nos pegó, y fuerte. Nos abrió los ojos y nos mostró que estamos muy lejos de ser un país “socialista”, que no se ha puesto nuestra plata donde hacía falta, que los recursos estuvieron y los gastamos en regasificadoras, centros de espectáculos, aviones y empresas que no vuelan, desastres administrativos en Ancap, edificios para ministerios y tantas cosas más sin fijarnos en lo más elemental que describe la palabra democracia: gobierno del pueblo, para el pueblo. Los dineros del pueblo se deben volcar al pueblo.

    Los que hasta ahora pudieron haber hecho algo y no lo hicieron que colaboren o mejor se callen la boca ya que carecen de autoridad moral para presentar quejas. Los que llegaron tienen más trabajo del pensado, pero deben hacerlo. Y nosotros, simples ciudadanos, no pedimos más, “ahora exigimos más”.

    Sergio Barrenechea Grimaldi