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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSoy un hincha como muchos. Apasionado por el fútbol. Estoy al día con las noticias minuto a minuto, sé quién va a jugar, quién no, por qué no juega un jugador, qué está planificando un técnico, etc.
Siempre me gustó el fútbol, no solo por el deporte, sino por lo que genera. La tradición familiar, las anécdotas entre amigos, las cargadas, la opinión, son cosas que me hacen feliz.
Pago la cuota social, también pago entradas cuando corresponde, contraté la televisión para abonados (principalmente para seguir los partidos), incluso también tengo una aplicación, para no perderme detalle y ver los partidos en cualquier lugar.
Si lograra abstraerme un poco de la pasión y cuantificara cuánto dinero y tiempo invierto en el fútbol, seguramente no me cerrarían los números. Ahora, es pasión y la pasión nos aparta de la razón.
Hoy me doy cuenta de que estoy perdiendo la ilusión.
Hay muchas personas que viven de mi pasión: clubes, organismos públicos, confederaciones, árbitros, empresas de comunicación, todos se nutren de mi pasión.
Hoy me toca presenciar un triste debate en el que están discutiendo cómo repartirse el dinero que obtienen de mi pasión. Sin entrar en el análisis de la legitimidad de los reclamos que están sobre la mesa y de las posiciones de las partes, les pido que no se olviden de mí, no se olviden del hincha.
Que no se me malinterprete. No tengo nada en contra del ejercicio del derecho a huelga y las reivindicaciones salariales, que entiendo legítimas. Mi preocupación es por qué llegamos a esto. Qué se hizo para evitar llegar a este extremo.
Yo soy el que para ir a un clásico tengo que tolerar una cantidad irracional de horas de espera fuera de mi casa un domingo; yo soy el que tengo que mirar un partido por celular, a pesar de haber contratado todos los servicios que se suponía que me permitirían verlo; yo soy el que no puedo llevar a mi familia a la cancha por temor a que pase algo; yo soy el que tengo que esperar a último momento para ver si puedo o no ver el partido; yo soy el que pagué AUF TV y después pasaron el partido por el cable; yo soy con el que especulan con el precio de las entradas y cobran una entrada “popular” a $ 1.000; yo soy el que tengo que ir a estadios sin las comodidades adecuadas; yo soy el que tengo que tolerar que dispongan de mi tiempo a su antojo: ni en el inicio del partido, ni en el entretiempo se respeten los horarios; yo soy el que en un partido internacional me tengo que quedar hasta tarde en la noche en el estadio, por el tiempo que lleva trasladar a 1.000 hinchas del visitante; yo soy el que muchas veces tolero ver un nivel de juego muy diferente a otras ligas; yo soy el que se queda sin fútbol el fin de semana.
Mientras deciden cómo se reparten el dinero que genero con mi pasión, yo sigo pagando la cuota del club, la televisión para abonados y la aplicación. Pero la pelota no rueda.
Debatan, resuelvan sus problemas, pero no se olviden del hincha. No jueguen con mi pasión.
Estoy convencido de que sin pasión no hay fútbol, ni dinero para repartirse.
Un hincha