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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLe envío estas líneas sobre mi parecer respecto a la intervención urbana en plaza Zabala a los efectos de sumar otra mirada sobre el tema:
Montevideo ha ido creciendo y transformándose a través de su historia en una suma de intervenciones privadas y públicas con mayor o menor grado de aceptación de sus ciudadanos, ya sea porque dichas transformaciones afectaban en alguna medida a determinado barrio o vecindad, o porque se ponía en juego la permanencia de ciertos íconos patrimoniales arraigados en el sentir popular.
Y allí se alzaron voces que reclamaron por lo que consideraban acciones equivocadas, como en recientes casos mediáticos de la demolición del local de Assimakos o de la confitería Cante Grill. O desde la academia cuestionando intervenciones como la casa Crespi o el edificio Forum frente al puerto del Buceo.
Los espacios urbanos de los cuales nos enorgullecemos, entre los cuales está el emblemático paseo costero que conforman las decenas de kilómetros de rambla montevideana, forman parte de nuestra identidad, son y fueron escenario de nuestra cotidianeidad, y es por ello que defendemos su permanencia y nos alertamos frente a posibles modificaciones o adiciones a los mismos.
La plaza Zabala es quizás la más bella de la ciudad, por su escala, su trazado oblicuo respecto al damero del casco histórico, por su particular cerco perimetral, por su vegetación y, por qué no, por su monumento al fundador de Montevideo.
Nos preguntamos si era necesaria una intervención que alterara sus características tan particulares.
Si tomamos como válido el conflicto con dicho espacio, el flujo vehicular que lo circunvala, quizás debió abordarse el problema explorando diferentes alternativas que mitigaran dicha distorsión, sin necesidad de forzar una reducción de la calzada con una especie de plaza lineal equipada con tosco mobiliario de muy pobre diseño, generando estas incomprensibles “estaciones de descanso” que rodean una magnífica y real “estación de descanso”, consolidada y de exquisito diseño.
Es difícil de entender cómo el resultado de varios años de trabajo de innumerables técnicos dedicados a este proyecto haya dado tan modesto resultado.
Es inexplicable el silencio de una Comisión de Patrimonio que asiste a esta intervención de brazos cruzados.
Poco creíble la ausencia de voces otrora vinculadas a una cruzada gloriosa en defensa del patrimonio cultural y urbanístico del casco histórico.
¿Es que la disciplina partidaria les impide levantar la mano y expresar a voz en cuello su discrepancia?
¿Será que el elevado monto de instalar esta veintena de cajones de chapa de inevitable vejez prematura no podía tener otro mejor destino, sin ir más lejos en recuperar y mantener la propia plaza?
¿Será que la ciudad no tiene otras necesidades urgentes donde invertir nuestros dineros?
En la era de las comunicaciones, de contar con el planeta a solo un movimiento del dedo índice, ¿no encontraron sus diseñadores nada mejor para inspirarse habiendo miles de ejemplos de excelente diseño y factura, o simplemente se abocaron a descubrir la pólvora y crear un revolucionario y vanguardista concepto de espacio público que condena al usuario a sentarse en fríos féretros de chapa y preguntarse por qué no trasponer la reja y disfrutar de un verdadero espacio de descanso?
Arq. Leo Ravera