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    La plaza Zabala

    Sr. Director:

    Domingo, “quiero ver cómo quedó eso que hicieron en la plaza Zabala”, hacia ahí fuimos. Trillando Sarandí desde Juncal, gracias al clima y a los horarios comerciales, las calles estaban prácticamente desiertas. Llegando a Alzáibar, ni bien doblamos la esquina, los elementos urbanos aparecen en el campo visual anteponiéndose a la plaza Zabala y a la calle.

    La primera impresión al llegar a la circunvalación Durango es la del magnífico contraste entre un reluciente mobiliario urbano y una cansada y desgastada plaza Zabala, aunque con su espíritu patrimonial intacto. Pavimentos rotos, rejas históricas desalineadas, remiendos en sus escalones perimetrales, bancos despintados, carteles descoloridos y artefactos lumínicos venidos a menos. Ese es el panorama actual del espacio público en cuestión. Es cierto que la zona infantil es la más nueva, y, por ende, la que goza de un mejor estado, aunque no deja de ser apenas una pequeña parcela.

    Deambulando la plaza vimos que había personas haciendo uso del nuevo mobiliario, el que tenía ya árboles y algunas plantas creciendo en los maceteros. Por supuesto que esto no los vuelve necesarios; pon bancos y la gente se sentará y acostumbrará, en casi cualquier circunstancia (concepto muy similar al que manejó el ingeniero Daniel Martinez). Me cuesta creer que, habiendo desarrollado esta intervención urbana desde cero, dichos espacios no cuenten con un solo artefacto de iluminación o contenedor de residuos, factores básicos y elementales en cualquier tipo de proyecto urbano, sin importar su escala o alcance. ¿Será para una segunda etapa? Habrá que esperar para saber. Todo el diseño en su conjunto atenta contra el buen funcionamiento y dinámica de la plaza y su circunvalación. Estas “zonas de descanso” no promueven el espíritu que deberían promover los espacios públicos, abiertos y verdes de nuestro Montevideo.

    ¿No existe acaso un equipo de profesionales capaces de determinar, mediante estudio e investigación previa, la necesidad de implantar algo así? La ciudadanía, más precisamente vecinos de Ciudad Vieja y comerciantes, todos ellos con un fuerte arraigo a la plaza, se manifestó en contra por medio de redes sociales, con firmas y personalmente desde la locación. La agrupación Amigos de la Plaza Zabala, quien cuenta en sus filas con la chef Lucía Soria y el arquitecto Luis Zino (entre otros) han sido los abanderados de esta movilización. No podría decir que lo hicieron en tiempo y en forma, porque todo esto surgió de golpe, de la noche a la mañana, dejando sin opción a refutar nada. Según el proceder de los vecinos, resultaría difícil creer que hubo previamente algún tipo de sondeo, censo o análisis que diera como resultado la necesidad de instalar estos puestos.

    En contrapartida, sobre la calle Bartolomé Mitre, entre Buenos Aires y Sarandí, también hubo una intervención de similares características (y mismos mobiliarios). En esta ocasión, y habiéndolo corroborado personalmente con los comerciantes de la calle, fue algo que sí se consultó con anterioridad. Algunos de los propietarios de bares tuvieron la chance de ver cómo sería el proyecto y poder visualizar el funcionamiento de la instalación del equipamiento urbano. Claro que esto lo único que hace es generar más incertidumbre respecto a la Zabala.

    ¿Quién o quiénes fueron los responsables? ¿Qué sector de la Intendencia de Montevideo determinó que esta obra era necesaria para la plaza, para el barrio y, finalmente, para la ciudad? ¿Qué factores urbanos y de vialidad se tuvieron en cuenta y cuáles se obviaron? ¿Cómo llegaron a la conclusión final de que la circunvalación Durango carecía de espacios para el esparcimiento? ¿No fueron capaces de hacer cuentas o priorizar una refacción de lo existente en plaza Zabala, antes de proponerse invertir cerca de 14 millones de pesos en dichas zonas de descanso?

    ¿No existen acaso sistemas de participación ciudadana que conceden, precisamente, convocar interesados mediante sus respectivos municipios a plantear necesidades para el barrio en servicios, infraestructura y seguridad, entre otros? Los presupuestos participativos, con un tope económico, permiten a cualquier montevideano, mediante ciertos parámetros y condiciones formales, proponer mejoras barriales. Dichas propuestas, una vez elevadas al Municipio, son votadas por los mismos ciudadanos generalmente interesados en las zonas donde residen o trabajan. A la luz de lo mencionado, cabría preguntarse: ¿por qué en algunos casos saltean esta metodología y ocurren acciones poco democráticas de esta índole sin una previa consulta o aviso a los “damnificados” directos? ¿Qué intereses hay detrás? Equivocaron la forma y pusieron en riesgo (por no decir en ridículo) una plaza patrimonio de todos los uruguayos. Porque actuando bajo el accionar de “hago, luego consulto”, da lugar al acostumbramiento de la ciudadanía y, por ende, una desmotivación en las manifestaciones.

    Andrés Angelero