Nº 2179 - 23 al 29 de Junio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPor norma en estas columnas nos hemos ceñido a aspectos concretamente relacionados con lo que ocurre en los campos de juego o, circunstancialmente, con hechos que tienen una directa incidencia en ese ámbito. Empero, por excepción —y pese al tiempo trascurrido desde entonces—, hoy nos ocuparemos de cierta actitud del futbolista Federico Valverde en ocasión de la ceremonia previa al partido despedida de nuestra selección ante la de Panamá con miras a su participación en el próximo Mundial de Catar. En dicha oportunidad, dentro del campo de juego y con la presencia de varias autoridades (entre ellas, el presidente Luis Lacalle Pou), se hizo la tradicional entrega del pabellón nacional, que habrá de lucir en el lugar de concentración del representativo Celeste. Y, como es tradicional, todos los partícipes de la ceremonia (dirigentes, técnicos y jugadores) posaron agrupados detrás de la enseña patria para la fotografía de rigor. Pero ocurrió que en esta oportunidad —como quedó patentizado en otros testimonios gráficos— Valverde permaneció agachado y separado detrás del grupo Celeste, sin aparecer en esa foto “oficial”. ¡Conducta esta que despertó rápidamente la polémica! ¿Fue acaso una forma de manifestar su rechazo a las autoridades allí presentes, o incluso al propio pabellón nacional, como llegara a sostenerse? Particularmente en las redes sociales (que no suelo frecuentar), el tema estuvo controvertido durante varios días: entre quienes apoyaban calurosamente y justificaban lo que interpretaban como una actitud de protesta o de repudio hacia las autoridades allí presentes y aquellos otros que la cuestionaban duramente, entendiendo que el momento elegido para ello no era el pertinente o incluso que la ofensa abarcaba también a la propia enseña patria. El futbolista, en tanto, se encargó prestamente de negar toda intencionalidad en su actitud, alegando que solo estaba ajustándose las medias y elongando o bien —como luego entendió oportuno rectificar— que simplemente no se había percatado de que estaban sacando esa foto.
Tengo para mí que, así como muchas veces alguien “se cuela” en una foto en la que no tenía por qué estar, Valverde optó por no aparecer en esta, por la razón que haya tenido y que solo él conoce. Pero, aún en tal entendido, no comprendo la razón por la que mucha gente le hizo objeto de expresiones de tono agraviante o descalificador y que implican una inaceptable censura a la libertad de toda persona (sea futbolista o no) de poder expresar —de un modo compatible con las elementales normas de convivencia— su propio sentimiento ante un hecho determinado. Y me molesta más aún que por esa actitud suya (cualquiera que haya sido su real motivo) un montón de inadaptados desde distintos ángulos —pero imbuidos de un mismo y común fanatismo político— hayan llegado a cuestionarlo duramente hasta en su propio rol de futbolista.
A Federico Valverde solo hay que juzgarlo como lo que es: un simple jugador de fútbol. Que, por cierto, bien ha sabido ganarse ya el respeto y la admiración de toda la afición. ¡Y punto! ¿O acaso habrá que investigar también cuál es la filiación política de los demás integrantes de la selección? ¿O preguntarle al capitán Godín o al profesor Herrera —que aparecen más próximos en la foto al presidente Lacalle Pou— a quién votaron en las últimas elecciones? Finalmente, la nota de cordura vino a ponerla, unos días después, el presunto afectado por el inusual gesto del futbolista, quien sostuvo que “hacer pasar a un chiquilín que patea muy bien la pelota y juega muy bien por camisetearlo políticamente no es justo”. ¡Correcto! En nuestro país, y por fortuna, el fútbol y la política han sabido convivir pacíficamente desde siempre, ¡y sería muy bueno que así lo siga siendo en el futuro!
Volviendo a nuestro habitual cometido —o sea, el comentario de aquello que pasa dentro de una cancha de fútbol—, definido ya el título del reciente Apertura y cumplidas las primeras dos fechas del torneo Intermedio, la actual realidad demuestra una irregularidad significativa en la producción de varios equipos. Liverpool, sorpresivo aunque legítimo campeón del primer certamen del año, no ha podido aún ganar en el actual, perdiendo el liderazgo de la tabla anual. Otro tanto ocurre con Deportivo Maldonado, que sigue en una pronunciada pendiente tras haber echado por la borda el título del Apertura, que parecía casi seguro en sus manos. Y el modesto Boston River, que para sorpresa de muchos está tercero en el puntaje acumulado, solo tres puntos detrás del líder.
Por su parte, los dos equipos grandes (que llegaron nivelados a pelear por el torneo anterior, cuando unas fechas antes estaban casi desahuciados) han tenido un comienzo dispar en el presente torneo. Nacional ha ganado con justicia los dos partidos que ha jugado en el marco de un proceso ascendente en su producción futbolística. Así, no solo encabeza su grupo sino que aparece liderando ahora la tabla anual. Su técnico, Repetto, parece haberle encontrado la mano al plantel y la titularidad de Lozano, Fagúndez y Zabala le han dado al equipo un salto de calidad. Su última defensa aún tiene altibajos, pero Rochet sigue siendo una total garantía. Y arriba Gigliotti ya empieza a desnivelar. La contrapartida es la situación de Peñarol, que arrancó perdiendo en el debut ante M.C. Torque, en el propio Campeón del Siglo, extendiendo así una insólita sequía ofensiva de varios partidos consecutivos, lo que le ha hecho perder posiciones en la tabla anual, estando a cinco puntos de su eterno rival. En esta última fecha —y en medio de una delicada y aún poco clara situación extrafútbol aún no solucionada— pudo finalmente reencontrarse con la victoria ante un declinante Deportivo Maldonado. Con un equipo conformado con varios juveniles y de la mano de un Laquintana esplendoroso (aunque ingresara en el complemento, con el tanteador cerrado), Peñarol logró marcar tres goles para alzarse con su primera victoria en el Intermedio, quedando en el 4º lugar en su grupo. Lo que empero no ha logrado calmar la inquietud de sus hinchas. Es que una cosa es estar parificado con el otro equipo grande (como sucedió en el primer torneo del año) y otra muy distinta es estar hoy cinco puntos debajo suyo en la tabla anual. De a poco el equipo se ha ido desmantelando y su técnico, Larriera, ya no aparece tan firme al timón de ese barco escorado (y por si algo faltara, las sanciones pecuniarias que se anuncian por parte de la Conmebol por los graves hechos de violencia de cierta parte de su parcialidad en algunos partidos recientes tienen en vilo a la dirigencia aurinegra).
Y recordar, por último, que ayer se puso en marcha la Copa Uruguay, un nuevo intento por contar con un torneo de alcance nacional. Que ojalá pueda tener esta vez la permanencia que no tuvieron varios intentos anteriores.