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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEste es un tema muy importante cuando debemos tomar decisiones difíciles como en las circunstancias actuales por las que pasan el país y el mundo.
Para ilustrar esto les voy a hablar de la nube de Oort. Esta nube es una esfera que rodea al sistema solar a una distancia de un año luz y que orbita alrededor del sol, que si bien está a 150 millones de kilómetros tiene una fuerza de atracción lo bastante grande para lograr ese efecto. La nube de Oort se llama así no por estar muy lejos: en ese caso podría ser la nube del Oort y disculpen el chiste, indigno de este semanario. Pero no, se llama nube de Oort con toda lógica por ser Oort el señor que la descubrió. Un año luz es una distancia descomunal, exactamente 9.460.730.472.580,8 quilómetros.
Esta nube está formada por una cantidad enorme de rocas de distintos tamaños, en su mayoría compuestas de hielo. Pues bien, de vez en cuando una de estas rocas se despista, probablemente por un choque con otra roca, y empieza a caer hacia el astro rey. Dada la gran distancia implicada demora, cientos o miles de años en llegar, pero llega, y ahí nosotros vemos un cometa en el cielo. El cometa despide como una cola como resultado del choque con la radiación solar. Durante la Edad Media la gente en la Tierra inmediatamente que aparecía el cometa se ponía a quemar brujas y otros inocentes, a saquear todo lo que estaba a su alcance y a realizar todas las tropelías posibles, dado que se acabaría el mundo; o tal vez habría suerte y solo vendrían pestes y terremotos y por lo menos quedaría alguien para contarlo. En esa época se creía que los cometas eran presagio de estos desastres terribles, y los magos y astrólogos se beneficiaban de esto, explotando a los asustados aldeanos y realizando conjuros contra el cometa que cobraban a precio de oro.
Hoy por suerte sabemos qué es un cometa y no quemamos a nadie cuando aparece uno. Por cierto, un cometa puede ser peligroso y se cree que uno de ellos acabó con los dinosaurios, y en prevención de que esto se pueda repetir, recientemente la NASA ha enviado una nave con el fin de modificar la trayectoria de un asteroide al chocar con él, lo que finalmente logró. Ello puede constituir una buena prevención de una catástrofe similar.
Tristemente, y para nuestra desgracia, el mundo se sigue gobernando en gran parte por la irracionalidad. Basta ir a cualquier librería y observar el metraje de estantería dedicado a la astrología local, china o precolombina, libros de consejos escritos por personas sin ninguna validación, medicina alternativa, hierbas milagrosas, recetas que curan y otros abundantes sinsentidos, y compararlo con el espacio que ocupan los libros de divulgación científica, por ejemplo. Y no es que la ciencia no se ocupe de temas cotidianos; al contrario, cada vez está más implicada en ellos y nos ofrece claves para entender el mundo y entendernos a nosotros mismos mucho mejor y más acertadamente.
Un ejemplo de esto es la psicología evolucionista, que cultiva grandes pensadores como Steven Pinker, entre otras cosas, autor de un reciente libro sobre la racionalidad. Esta rama de la psicología explica comportamientos del ser humano actual a partir de la utilidad para la supervivencia que tuvieron en un momento determinado de la evolución, desde la tendencia casi universal al pesimismo que nos persigue desde Jorge Manrique y antes también, que podría derivarse de la ventaja que obtendría la gente con cierto grado de desconfianza hacia el mundo en general, dado que suele entrañar peligros, como el sonido de un depredador al trasladarse en la selva por ejemplo. Suponer de antemano que se trata de una bestia peligrosa en lugar del viento o un conejo nos da ventaja sobre los que se descuidan y pueden terminar como comida, y los individuos con ese comportamiento sobrevivirían más siendo más precavidos. Hay (o hubo) muchas situaciones similares y esto explicaría por qué tendemos a ver el futuro con desconfianza y a decir que todo está peor. O el machismo, que puede ser en parte consecuencia de los roles que asumieron hombres y mujeres por ser convenientes en un momento dado de la prehistoria, pero que hoy han quedado anticuados y resultan injustos.
Como consecuencia de todo esto, creo que resultaría muy beneficioso combatir intensamente e incluir específicamente en los programas desde la escuela las supersticiones y creencias falsas y hacer hincapié en que la ciencia nos da respuestas mucho más ciertas sobre la realidad y sobre nosotros mismos. Los propios maestros y las maestras se beneficiarían de esto, ya que ellos mismos muchas veces tienen una formación deficiente o descuidada en este punto tan fundamental.
También se podría hacer extensiva esta educación a quienes toman esas decisiones. En España, la ciencia llegó por fin al Congreso de los Diputados, en el cual la nueva Oficina C, asesorada por los mejores investigadores españoles, contribuirá a que los parlamentarios tomen decisiones “informadas por el conocimiento científico” (EFE).
Un error en una legislación restrictiva que se habría evitado afectó al sector cárnico al confundir la médula espinal del ganado—situada en el interior de la columna vertebral y vulnerable a una enfermedad animal— con la médula ósea, que es el tuétano de los huesos que se echan al caldo y se pueden comer perfectamente. Seguramente hay docenas de errores legislativos evitables debido al desconocimiento de la ciencia en esos ámbitos.
Alberto Magnone