N° 1946 - 30 de Noviembre al 06 de Diciembre de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas personas tenemos miedo a cambiar. Nuestro cerebro reptiliano se ocupa de nuestra sobrevivencia, gastando la menor cantidad de energía posible. Y todo cambio demanda grandes cantidades de energía: nos introduce a lo desconocido, lo que nos obliga a pensar, actuar y adaptarnos. Y a eso le huimos.
Esto explica (en parte) las reacciones que se están teniendo ante el cierre de sucursales del BROU totalmente ineficientes. El nivel argumental contra los cambios es muy básico. Veamos algunas cifras y algunos comentarios para entender el “estado mental” sobre el cual crecerá o morirá cualquier intento de mejora.
Cita El Observador el pasado martes 28: “El presidente del BROU, Jorge Polgar, justificó el cierre parcial de sucursales en el interior del país debido a su baja operabilidad. En cuatro semanas, entre cinco sucursales, sumaron 7 plazos fijos, 13 préstamos para empresas y no se abrió ninguna cuenta corriente”.
Pero lo más interesante es entender que se pueden tomar plazos fijos y dar préstamos, sin necesidad de tamaña y costosa estructura bancaria. Se podrían utilizar las redes de pagos (Abitab-RedPagos), cajeros o corresponsalías bancarias para manejar el dinero. El plazo fijo se puede negociar con el banco por teléfono o vía web y hacer el depósito en cualquier caja de supermercado o estación de servicio. Con el préstamo lo mismo: se envía la documentación por correo (o en forma digital) y el vale se firma ante un escribano, contador o cualquier otra persona que el banco habilite en la zona.
Pero para poder hacer esto hay que terminar con las presiones de AEBU, que pretende que cualquier persona que toque un billete o participe de la cadena de pagos sea considerado un empleado bancario y, por lo tanto, pagarle las fortunas que no vale. Ahí está el meollo, no en el cierre de las sucursales físicas.
Varias personas (representativas sin dudas de ese “sentir nacional”) argumentan que está bien que el BROU “no gane dinero”; que el banco tiene que cumplir “un fin social” y se quejan de que “solo miren números”. Iguales argumentos son los que llevaron a mantener Pluna a pérdida durante décadas, a despilfarrar millones en el Fondes y a que nunca cerremos Ancap.
Otros dicen que hay que mantener las sucursales bancarias abiertas porque las rutas están en muy mal estado, no tienen buena señal celular o, directamente, no tienen luz en su zona, lo que los obliga —sí o sí— a ir al BROU. Y argumentan que cerrar las sucursales es de “cajetilla de Pocitos” y que “no saben lo que es vivir en Tomás Gomensoro o en Cerro Chato” porque “no les importan los pobres”.
Lo que toda esta gente no entiende, es que cerrar sucursales físicas bancarias no implica dejar sin servicios bancarios a la zona. Hoy existen otros canales alternativos mucho más baratos, seguros y prácticos. Y quienes más se benefician de estos cambios, son, justamente, los “pobres”.
Otros dicen que “se gastan millones en otras cosas menos importantes” y tienen razón. Pero como nadie ha propuesto cerrar Ancap, o AFE o terminar con el monopolio de UTE o reducir empleados en una intendencia, ¡bienvenido alguien que desde el Estado proponga achicar aunque sean cinco sucursales! Sería “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad”.
Si aún no está convencido de que los servicios bancarios como hoy los conoce van a morir en pocos años, lea el informe de la Oxford Martin School de Inglaterra The future of employment, donde vaticinan que el 47% de los empleos actuales van a desaparecer con la tecnología y la robótica.
Andrés Oppenheimer, periodista del Miami Herald y CNN, en su libro Crear o morir, pone decenas de ejemplos para demostrar que las personas, las empresas y los países, tienen que apostar a la innovación, agregar valor con el conocimiento y eliminar tareas repetitivas si no quieren desaparecer.
En Uruguay, demasiadas personas eligieron la segunda opción: morir. Y lo más triste es que ni siquiera se han dado cuenta.