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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSon necesarios en los momentos de mayor tensión de la cuestión nacional los encuentros fraternos, apaciguadores, que enfrían y dan razón a la discusión pública. Pues en nuestro país todos nos “entreveramos” con todos. Nuestra comunidad está naturalmente unida en la cotidianeidad, esa idea de la “grieta” es una construcción de grupos muy reducidos, que nada tienen que ver con lo que realmente pasa en la vida real. Es una noción bastante vaga de la academia. La grieta en nuestro país, en su gente, no existe. Por el contrario, sí existe un show absurdo y mediático de algunos actores políticos que buscan rédito a través de la estrategia de la división. Pero es una práctica de burros el minar el presente y futuro del país por sacar alguna ventaja política puntual y personal, o más bien es una práctica de miserables.
Es evidente que acercarse al adversario, dejar atrás los posibles pequeños beneficios políticos que se puedan cosechar de la podredumbre, es una tarea que a priori no es sencilla para un sistema que está enroscado en la lógica de la chicana fácil, del juicio apresurado, de la constante adjetivación y la división. Pero el país necesita de la unidad de los suyos. Con este escándalo que estamos viviendo, no solo se perjudica el gobierno, sino que se destroza la imagen del Uruguay todo. Se desvaloriza el esfuerzo de los uruguayos, se cierran puertas, se daña la credibilidad del país, que a fin de cuentas es la credibilidad de cada uruguayo, de cada trabajador, de cada empresario. Pierde todo el país con este manejo de la situación porque, si el cálculo es político-electoral, en dos años, que es cuando asumiría el nuevo gobierno, no se habrá recuperado la imagen internacional del país y se habrán perdido oportunidades para la gente, y la nueva gestión, así como todos los uruguayos, vería un panorama muy complicado para el ejercicio de la función de gobierno, más aún con el arrastre de las vulnerabilidades hoy existentes y el deterioro de la imagen pública.
Es hoy, es ahora, que el sistema político debe mostrar un poco de altura. Inclusive si lo quiere hacer por el cálculo político, es otra cosa mostrar que se tiene interés por la patria y no solamente por uno mismo. Es legitimar una herramienta fundamental y mostrar que no ha quedado obsoleta. Judicialmente pagará quién tenga que pagar, y en el ámbito parlamentario se deben impulsar en conjunto todas las investigaciones necesarias, pero en lo estrictamente político y en lo social se debe evitar una profundización de la violencia y del odio. Toda la sociedad debe tomar parte en esta actividad de sanación: las organizaciones sociales, los sindicatos, las cámaras empresariales, la Iglesia. Esta última, apoyada en los valores católicos, podría asumir un protagonismo importante, aprovechando que la presidencia del Frente Amplio y la del Partido Nacional están ocupadas hoy día por hombres de fe. Sería muy sanador presenciar una celebración que manifieste que, por encima de las diferencias, y por encima del espanto que puedan generar los hechos trascendidos, hay algo que no se quiebra nunca: la unidad del pueblo oriental. Porque ese gesto, esa demostración de altura, no es una amnistía para nadie, no es un acuerdo político, es simplemente una señal y una afirmación de que hay algo por encima de todo, que es la nación, que es el país y su gente, que son sus virtudes y sus necesidades, y también es asumir el compromiso integral de que estas cuestiones no dejarán olvidado al pueblo, que aún tiene necesidades y aún tiene anhelos y esperanzas.
Manuel Nogueira