N° 2021 - 23 al 29 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa primera revolución industrial comienza en Inglaterra a mediados de 1700, cuando se inventa la máquina a vapor, los telares y el crecimiento del comercio. Se pasa de una economía 75% agraria, basada en el autoconsumo, a otra basada en el comercio, la innovación y la producción masiva.
Estos cambios (como todo cambio) tuvieron grandes resistencias. Un telar a vapor sustituía a 36 obreros, de ahí los paros, huelgas y el surgimiento de las ideas marxistas. Pero lo que muchos no ven es que hasta entonces casi nadie podía usar un buen abrigo por sus altos costos de producción artesanal, pero gracias a la industrialización, esos costos cayeron estrepitosamente.
Si bien se perdieron muchos puestos de trabajos manuales, también es cierto que se crearon muchos puestos más para realizar tareas más sofisticadas y mejor remuneradas. Nunca antes en la historia de la humanidad se logró un crecimiento de los ingresos y de la calidad de vida como luego de la llegada de esta revolución industrial, unida a las ideas liberales y al sistema capitalista.
La segunda revolución industrial comenzó con Henry Ford y su sistema de producción en línea, la especialización, la división del trabajo y los aportes de Taylor y Fayol. Ford hizo que prácticamente cualquier obrero pudiera acceder a un vehículo, algo absolutamente impensable unos pocos años atrás, lo cual era un lujo reservado a los ricos. Por eso Ford les pagaba a sus obreros bastante más que la media del mercado ya que si ellos no tenían buenos ingresos, él no tendría a quién venderle sus autos.
La tercera revolución vino de la mano de los ordenadores. Antes una computadora ocupaba una habitación entera y gracias a visionarios como Bill Gates o Steve Jobs, el PC llegó al hogar. Con internet todo se multiplicó exponencialmente, facilitando la vida de las personas, haciéndonos más productivos y abaratando los costos de todas nuestras transacciones.
Cuando todo parecía que ya era suficiente, la revolución industrial 4.0 está a nuestra puerta. Implica unir dos mundos: la información cada vez más masiva y fácil de captar (big data) junto a la robótica y la inteligencia artificial.
Esto hará que muchas tareas manuales, rutinarias y repetitivas, sean sustituidas por robots, procesos o software, dejando miles de personas sin empleo. Pero los que queden trabajando, serán mucho más productivos al complementar las tareas humanas con las de las máquinas.
Si bien esto causa muchos temores, lo cierto es que luego de cada revolución industrial, el mundo tuvo crecimientos económicos muy importantes, que abarcaron a casi todos los países y beneficiaron a todas las clases sociales.
Tengan en cuenta que durante miles de años, el 95% de la población mundial vivía en la pobreza, apenas generando lo mínimo para alimentarse y se trabajaba un promedio de 65 horas semanales y hasta los niños tenían que trabajar.
Ahora se viene el Internet de las cosas, el big data, las impresoras 3D (que van a descentralizar la producción de países “baratos” para reinstalarse cerca de los consumidores”), los robots serán más inteligentes y productivos y los seres humanos tendremos que trabajar menos para sustentarnos.
La semana que viene comentaremos algunos de los pilares de esta revolución 4.0, cómo afectará nuestras vidas (para bien y para mal), y cómo deberíamos modificar nuestra legislación y hábitos laborales para sacar provechos de estos avances.