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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl tema Fuerzas Armadas recurre una y otra vez, ya sea al sustanciarse instancias de rendiciones de cuentas, ya sea puntual y lamentablemente por accidentes del servicio con costo de vidas humanas, ya sea por el contenido del discurso o declaraciones de una jerarquía militar, o ya sea porque en forma cíclica algunos sectores políticos necesitan mantenerlo en el tapete histórico pero latente de la opinión pública.
De lo apuntado, y sea cual sea la circunstancia o motivo, la senadora Constanza Moreira, desde hace ya bastante tiempo se ha venido perfilando —aunque siempre marque distancia de sus conocimientos profesionales sobre las FFAA— y constituyendo hacia una especie de desgraciada simbiosis con la institución armada.
Su última exposición por esta temática tuvo lugar el 31 de agosto pasado en el programa “En Perspectiva” del periodista Emiliano Cotelo; el tema específico de la entrevista central trataba: ¿Cuál es el papel de las Fuerzas Armadas en un país como Uruguay?
A lo largo de casi 40 minutos, la parlamentaria tuvo ocasión de explayarse por encima, por debajo y por dentro del tema pero reiterando más de una vez que ese no es de su especialidad. Los números, explicó, son lo que realmente le aflige. Solo algunas expresiones y respuestas al periodista (casi todas merecerían clara y rotunda contestación pero no es este el espacio adecuado para narrar una a una) son las que citaré y que terminaron motivando buena parte de estas líneas.
En una de ellas expresaba : “… ¿necesitamos un ejército tan numeroso, siendo que las hipótesis de conflicto clásicas en las que fueron estructuradas las Fuerzas Armadas desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la dictadura fueron hipótesis que suponían invasiones por tierra, etcétera, que hoy ya no se sustentan más?”. Esta calificación de “numeroso”, y tomando sus propias afirmaciones, da la impresión que un aspecto tan amplio y de profundidad técnico-profesional estaría definidamente destinado a especialistas del ámbito civil y del militar,
¿verdad? Pero ya desde aquí se denota su aflicción por los números.
En otro momento manifestaba: “… porque a las Fuerzas Armadas uno les da la plata y nunca sabe bien dónde termina”. Aquí el periodista no podía dejar tal afirmación suelta en el aire e interrogó con contundencia : “Cómo es eso de que uno nunca sabe bien dónde termina”?; la respuesta fue desviada hacia la supresión y el consiguiente llenado de vacantes, aunque tal temeraria afirmación requería un tipo de aclaración del mismo tenor o nivel, so pena de poner en tela de juicio la honestidad de gestión y procedimientos de todas las cadenas del mando.
Más adelante afirmaba: “…Yo no soy experta en Fuerzas Armadas, me dedico a presupuesto, esto lo quiero aclarar, lo mío son los números”. Ante un nuevo cuestionamiento periodístico: “Pero de hecho usted se ha convertido en una de las voces en la bancada del FA que más abordan este tema, con posiciones que la llevaron a enfrentarse varias veces con quien era ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro. Todo eso está como antecedente”. La respuesta fue: “Sí, pero lo quiero aclarar porque no quiero tener el galardón de un conocimiento que no es el mío, sobre todo porque yo vengo del mundo científico, entonces lo mío son los números y el Presupuesto nacional. No soy experta en las Fuerzas Armadas, simplemente me dedico a mirar los números, cómo se gasta la plata de este país y en qué. Sobre eso me puede preguntar, porque eso lo sé, es lo mío. Pero sobre la misión que tendrían que tener las Fuerzas Armadas, estudio estos temas, pero no soy especialista ni mucho menos”. Y aquí regresamos nuevamente a lo de su primera afirmación que cité en estas líneas: los números… solamente los fríos números.
Termina su afirmación anterior con estas expresiones: “Entonces, como yo miro los números del país, me doy cuenta de que el gasto en las Fuerzas Armadas es absolutamente desproporcional. Lo que pasa es que la presión corporativa de las Fuerzas Armadas es tan grande, protestan tanto contra cada recorte que cada vez que se intenta hacer algo con ellos es como comprar un conflicto…”. Dado que la pregunta inmediata caía por su natural peso, comparó a las FFAA con los sindicatos, ubicando a aquellas como una corporación y como si esa fuera una calificación de patrimonio propio y exclusivo, al enunciar en contrapartida disponer de otras facilidades en la negociación con los sindicatos que para con las FFAA. Aquí aparece otra manera de tergiversación; esto es, ¿de qué presión corporativa tan grande habla la senadora, cuando a la vista está que desde el 1º de marzo de 1985 cada discurso, cada entrevista, y cualquier manifestación pública de una jerarquía militar ha sido auscultada con lupa de alto aumento tratando de detectar cualquier inadvertencia entre líneas para poder endilgar? La senadora conoce y sabe muy, muy bien que de “los viejos miedos” ya nadie se ocupa ni pierde el sueño, salvo se quiera agitar y hacer flotar ciertas sábanas fantasmales para justificar e impulsar otros propósitos. Sobre todos estos aspectos reflexionamos: qué difícil ha de ser estar en la investidura de los actuales mandos cuando al actual Ejército, repito: actual, se le ha desconocido y relegado en muchas de sus naturales, lógicas, legítimas y muy acotadas —constitucionalmente hablando— reclamaciones ante las esferas del gobierno. La senadora, en otros pasajes de la entrevista pero en el mismo trillo, refiriéndose al MDN asevera : “…Es todo salario lo que pide, no pide inversiones” ; cabe aquí preguntarle: si el aspecto social —al que tanta y tan lógica trascendencia otorga su fuerza política— del militar se debe contemplar diferencialmente con tendencia a menos respecto a otros sectores de la sociedad?
Hablando sobre gastos de inversión y funcionamiento, expresaba: “…en gastos de funcionamiento hoy las Fuerzas Armadas gastan en agua y en electricidad —especialmente en electricidad, no tanto en agua— lo que gastan todos los hospitales públicos del país. Tienen el mismo gasto en agua que ASSE, que tiene un millón de afiliados, por decirlo de brocha gorda”. Se dice que toda comparación es odiosa de por si, y me afilio a ello, tanto, que invito a la senadora Moreira a revisar, pero no de brocha gorda sino con fino y preciso pincel otras estadísticas con las que seguramente se sorprenderá con honestidad; hablo de algunos estudios y análisis académicos que tuvieron en su momento muy escasa o nula difusión pública y publicidad, que demuestran también pero con otros números, el alto porcentaje de reintegro, devolución, o como quiera llamársele de lo que las FFAA (aunque como ejemplo me refiera a mi arma, el Ejército) han realizado a lo largo de su historia antigua y reciente a través de su apoyo permanente al desarrollo nacional y acción comunitaria continua en cada lugar físico donde existe una dependencia militar. No citaré aquí ejemplos de estas acciones, nuestros ciudadanos tienen memoria. Ya sé, se pensará de inmediato que esta no es la misión específica de la institución armada , y coincido en que no es la medular razón de su existencia, pero, así ha sido, así se ha requerido, así se ha empleado, y así se le ha exigido actuar por parte de todos los gobiernos hasta el presente. Entonces, si hablamos de números, si citamos estadísticas, por favor tengamos la decencia intelectual de evaluarlas todas y cada una de las que tendrán incidencia en la instrumentación de un frío presupuesto por ejemplo; será la única y genuina forma de que ellas nos arrojen datos útiles hacia acciones precedidas por la verdad. Si no bastara con datos históricos, se pueden requerir frescos informes al propio MDN sobre las actividades de todas sus dependencias en estos rubros y ahí aparecerá también la sorpresa en números que citaba; en definitiva, no constituiría más que la recopilación y análisis de datos en un serio trabajo administrativo más.
Ahora, si bien no parece bueno encastillarse en los números como denota querer demostrar la senadora Moreira, nadie puede negar la importancia de estos en todos los órdenes de la vida humana, y con ella la de las estadísticas, los registros, censos, etc., etc.; lo que está fuera de discusión. Entonces, tampoco deberíamos negar la frialdad que los guarismos encierran cuando se les mira solo para un cálculo exacto y dando finalmente lugar a una interesada manipulación retórica. A los números los podemos hacer hablar en varios lenguajes, todo depende por cuál nos inclinamos; un manejo algo maniqueo de su expresión nos lleva al autoengaño y a apartarnos de la profundidad analítica del problema.
Para finalizar y volviendo globalmente al tema FFAA, debo confesar —por acumulación de antecedentes a los que agrego el contenido de la referida entrevista— haberme quedado una vez más con la clara percepción que la senadora, más allá de emitir conceptos con cierta ambigüedad de parciales propósitos (como los de reformar, reducir, reformular, adaptar, etc., las FFAA), no es la única dueña de la prédica que patrocina una suerte de evaluación por la existencia misma de la institución armada.
Lo que termino de expresar me motiva entonces a plantearle a la senadora Constanza Moreira —aun a costa, y me someto a que se me adjudique cualquier tipo de adjetivos o calificación— la siguiente propuesta como un ciudadano más : ¿por qué no intentar definitivamente conocer cuál será el punto de partida futuro en este tema?, encare usted una campaña para reunir las firmas necesarias que habiliten el llamado a un plebiscito reformador sobre el siguiente aspecto concreto: prescindir de las Fuerzas Armadas. El planteo (que implicará de por sí una dicotomía: FFAA sí o FFAA no), quizás con cierto grado de excentricidad para algunos, tiene visos de posible dada la reconocida militancia de la parlamentaria y de toda su fuerza política que, poseyendo mayorías en el Parlamento, el camino estaría bastante allanado de optarse por la vía legislativa.
Por último, señora senadora Constanza Moreira: de decidir transitar el trayecto constitucional que exige reunir un porcentaje mínimo de habilitados para que el soberano, como lo ha hecho siempre, tome la decisión final, cuente usted con mi firma.
Saluda a usted atentamente
Coronel Carlos O. Angelero