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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAsumiendo la realidad. Con el rostro que revelaba la situación de Argentina, el presidente Macri se dirigió a su pueblo el pasado lunes. Luego lo hizo el ministro Dujovne.
No abundaré en aspectos económico-financieros que todos sustancialmente conocen y que desembocó en esta crisis, donde la falta de confianza está jugando un rol medular.
Por encima de achique de ministerios y cargas impositivas, Macri habló el pasado lunes con el corazón.
Todo es presunción y ganas de creer; o, simplemente, boicotear y que explote lo que tenga que explotar.
En este mundo corrupto e intolerante, de derechas e izquierdas, donde el ego de los personajes que lideran viene ganando el partido por goleada (a la sazón Trump, Maduro... meros ejemplos), el presidente del país hermano luce como un hombre absolutamente compenetrado con las desventuras de su pueblo, le creo a pie juntillas todo lo que manifiesta y no tengo duda de que está actuando con la buena fe con la que debe actuar el buen padre de familia (como dice nuestro Código Civil).
Estos aspectos que resalto, para mí insustituibles, son al margen de equivocaciones y malas decisiones que se puede haber tomado. No estoy apuntando a eso.
Tenemos que empezar a poner encima de la mesa conceptos que están en el baúl de los recuerdos: hasta el fútbol se nos contaminó.
No me den un fenómeno, en el área que sea, si no tiene hombría de bien. Mejor me dan un tipo inteligente, sin vestigios descollantes, pero que sí tenga buena fe a la hora de pensar y accionar. Y no dudo un ápice de que Macri está inspirado por esos sentimientos.
No me vengan con el argumento baladí de su condición de millonario y supuestas trapisondas que pueden haber hecho su progenitor y la familia. Estoy viendo el ahora, y en el ahora los argentinos deberían confiar en alguien que se desvela para que la gente viva mejor. Bien dijo en su alocución que después de su secuestro, estos cinco meses finales fueron lo peor que le pasó en su vida. Reitero: le creo sin cortapisas.
Tanto el coraje como la esperanza dependen de una virtud crucial: la perseverancia, la capacidad de seguir aun en circunstancias adversas. Lejos de tirar la toalla, atosigado por tanta runfla opositora y desleal, el presidente redobla el esfuerzo, consciente de que no es tanto lo que obtenemos sino en que nos transformamos gracias a nuestros esfuerzos, lo que hace que estos valgan la pena. Y valdrán la pena.
Aníbal Durán