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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon frecuencia se emiten juicios sobre tal o cual asunto, en este caso, acerca de los aberrantes actos terroristas perpetrados recientemente en Israel en función de los intereses ideológicos que se postulan, de los sentimientos que se albergan o incurriendo en la falacia de la falsa oposición y no sobre los hechos originales basados en principios éticos y morales objetivos.
Tales opiniones resultan injustificables cuando se trata de referentes de una comunidad, pues inducen a mermar la credibilidad o el valor del juicio primordial y tergiversan el resultado del acto original, generan consecuencias negativas para quienes las emiten (se transforman en bumeranes, armas que vuelven al punto de partida, desprestigiándolos) y afectan a la incauta población receptora.
En un mundo donde las noticias se han convertido en una mercadería más del mercado, tales apreciaciones (asimilables a fake news o noticias falsas) se “venden” más y mejor que las verdaderas. Estos productos seudoperiodísticos desinforman a un público en particular con la intención de engañar, de inducir a error, de manipular decisiones, desprestigiar a entidades o personas para obtener rédito económico o político. Presentar hechos alterados como si fueran reales son una amenaza a la credibilidad de los medios de comunicación y el público receptor.
Históricamente, el pueblo judío ha sido perseguido, vilipendiado y asesinado hasta el 14 de mayo de 1948. El más trascendente ejemplo de ello ha sido el genocidio perpetuado durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), conocido como el Holocausto o Shoá, donde 6 millones de judíos europeos fueron aniquilados sistemáticamente por parte de los nazis y sus colaboradores fascistas.
Desde la independencia de Israel, mientras los judíos de la diáspora siguen siendo víctimas del mal llamado antisemitismo, los habitantes israelíes (judíos o no) han sido amenazados con hacerlos desaparecer de la faz de la Tierra por sus vecinos. Varias guerras lo prueban: de la Independencia (1948-49); de Suez (1956); de los Seis Días (5 al 10 de junio de 1967); de Yom Kippur (6 al 25 de octubre de 1973) y del Líbano (1982-1983). En la Franja de Gaza: 2008-2009, Operación Plomo Fundido; 2012, Operación Pilar Defensivo; 2014, Operación Margen Protector, y en 2021, Operación Guardián de los Muros.
A pesar del poder de quienes lo han intentado (Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Irak e Irán), Israel ha sobrevivido y formado un Estado con millones de habitantes; ha evolucionado hasta crear una potencia descollante en distintos rubros como el arte, la ciencia, la cultura, la comunicación y la tecnología, que han aportado progreso al mundo entero, y… acaban de conmemorar su año nuevo 5874.
¿Qué podemos decir de sus enemigos? La historia los cita como desaparecidos, como meros datos que son mencionados o integrando el “nunca más”; siempre asociados a la violencia cruel y despiadada, a pretender imponer una religión, cuyo Allahu ‘akbar (Dios es grande) pero algunos de sus fieles no, y a costumbres diferentes a la civilización occidental.
Pretender acreditar la posición de Hamás o Al Fatah es tan erróneamente inútil como justificar la maldad y la barbarie. Podemos entender el qué pero nunca justificar el cómo. Pero una cosa es cierta: son una realidad y la disyuntiva es qué hacer con ellos, si dejarlos vencer o combatirlos.
Aquellos que creen que el tema se circunscribe a la Franja de Gaza, a la inhumana actitud de Israel contra los palestinos, al cuestionable desempeño de su primer ministro cometen el viejo error de no ver el bosque por un árbol…, carecen de información objetiva y veraz sobre “la película”, una realidad compleja con demasiados factores y actores, y se conforman con la foto, tan trucada como las fake news.
Los que alguna vez visitaron Medio Oriente comprueban que esto trasciende (proporcionalmente) tanto la idiosincrasia y la religión islámica como la judía. Los sunitas (religiosos ortodoxos seguidores de Mahoma) se oponen doctrinal y políticamente a los chiitas (seguidores de Uthman ibn ?Affan, conocido como Alí, yerno del profeta). Los ultraortodoxos judíos o jaredíes objetan el sionismo y la existencia del Estado, pues propugnan que solo el mesías puede crearlo.
Hay una negación a los actuales sistemas políticos democráticos, a las modernas formas de convivencia social, que antepone los intereses personales, grupales o sectoriales, incluso religiosos, a los nacionales.
Ignacio Davis Weisz