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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos comunicados del Partido Comunista del Uruguay (PCU) y de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) en relación con los trágicos sucesos en Israel y en la Franja de Gaza, imponen las siguientes consideraciones.
La autodeterminación de los pueblos es para todos los pueblos; no solo para el palestino (también víctima de Hamás). Los actos salvajes llevados a cabo por el movimiento terrorista Hamás —rectius: Estado terrorista, pues desde hace tiempo que Hamás es, por lo menos, un ejército— debieron haber sido condenados de manera contundente por todos los hombres y mujeres de buena voluntad que comulgamos con los valores occidentales. No fue el caso de ninguno de ambos comunicados.
Porque aunque podamos patrocinar causas diversas —bienvenido sea el sano y constructivo disenso—, la defensa de todas ellas tiene límites: en Gaza esa línea roja se ultrapasó con creces.
Pretender justificar la masacre de civiles israelíes en función de la supuesta “ocupación” de Gaza es una distorsión de los hechos que carece de todo sustento histórico: Israel se retiró unilateralmente de Gaza a partir del año 2005.
Pero es también moral y humanamente reprobable, a menos que avalemos el terrorismo. El fin no puede justificar el uso de cualquier medio. Precisamente porque eso es el terrorismo; la esencia del terrorismo está en los medios abominables que emplea: todo vale. Es lo que sucedió la semana pasada en el kibutz Kfar Aza: los combatientes de Hamás decapitaron a 40 bebés. Esto es Hamás y esto es lo que el PCU y la FEUU no censuran. Esos métodos deben ser condenados sin atenuantes, vengan de donde vengan y cualquiera sea la causa. Porque nosotros creemos que ninguna causa, por noble que fuera, puede justificar (menos aun glorificar) la violación, el vilipendio de cadáveres, su incineración o su alarde público. Y si una causa apela a esas aberraciones, ha dejado de ser una causa para pasar a ser una atrocidad.
Los métodos siniestros a los que Hamás apeló pusieron en tela de juicio su propia causa, no la causa palestina, si entendemos por esta aspirar a un Estado propio conviviendo en paz junto a un Estado judío.
No condenar ni repudiar la forma en que se asesinó y se profanó los cadáveres de los muertos, los vuelve cómplices. No mencionar, implícita o explícitamente, los vejámenes de Hamás significa, como decía Octavio Paz: “Ver la aguja en el pajar ajeno y no la viga en el propio”. Y si para condenar esa barbarie el PCU y la FEUU necesitan decir algo en contra de Israel, indudablemente tienen un problema serio.
Parafraseando a Golda Meir cuando dijo que “habrá paz cuando quieran a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”, uno podría agregar: “Habrá paz cuando el deseo de un Estado propio sea mayor que el de destruir a Israel”.
Mauricio Bergstein, Jonás Bergstein