N° 1990 - 11 al 17 de Octubre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMientras los agricultores uruguayos afinan los números y definen sus cultivos a sembrar para el próximo verano, la soja sigue siendo la víctima colateral de la guerra comercial entre EE.UU. y China. En la medida que van pasando las semanas y no hay señales que la retórica belicista comercial amaine un poco, el mercado se recuesta en los datos que ya tiene: una cosecha muy abundante en EE.UU. algo amenazada por el clima y un Brasil que viene sembrando al firme pero con incertidumbres respecto del futuro político.
Empecemos por los líos entre EE.UU. y China. Los cambios han sido enormes y en muy poco plazo. Por un lado, el gobierno estadounidense despliega todo su arsenal de ayudas a sus agricultores y sale a buscar mercados para colocar su cosecha récord tanto dentro de territorio (modificando las mezclas de biocombustibles) como fuera (presionando por acuerdos comerciales en sus términos, claro está).
Del lado de China los movimientos van desde reducir la dependencia de la harina de soja en las raciones de los cerdos (lo que permite reducir la demanda de soja), comprar bienes sustitutos y buscar acuerdos de abastecimiento de largo plazo tanto de producción propia como buscando en el mercado oportunidades. En todos los casos, los chinos quieren que se note que están haciendo cambios profundos en su sistema de compras y que tienen menos interés que antes en la soja.
En la región, Brasil está sumido en el shock de saber quién será su nuevo presidente. Los cambios por venir no demoraron en hacerse notar con una fuerte valorización del real (lo que es positivo porque al menos hace que la soja brasileña sea más costosa) y nos resta presión bajista. Argentina piensa pisar el acelerador de la agricultura, a pesar de todos los problemas, porque sabe que es la única forma de salir de la crisis.
El gran problema es que si Brasil y Argentina no tienen problemas con el clima, la comarca tendrá una cosecha muy abundante de soja (especialmente porque Argentina pasa a producir entre 52 y 56 millones de toneladas, cuando el año pasado apenas logró 35 millones). El país norteño aumenta su área de siembra 3% y logrará algo en el eje de los 120 millones de toneladas. China mientras tanto reduce un poco su consumo a 94 millones de toneladas.
El mercado de soja no sabe a donde mirar. Los fundamentos apuntan a que será difícil, a menos que ocurra un accidente climático grave, que los precios de la soja suban mucho. Si China empieza a mostrar avidez por la soja y hay algún atisbo de solución con EE.UU., entonces ahí sí tenemos una buena oportunidad de que la subida de precios se acelere un poco para quedar más cómodos con los precios.
Por el contrario, toda señal de que las cosas se enfrían del lado comercial o peor aun, se agravan, indican que hay que prepararse para un largo período de precios deprimidos. De momento esto último parece poco probable y todo apunta a que los precios de la soja ya pasaron su peor momento y tienen por delante una recuperación leve y que será agónica.
Es en ese mundo que hoy el agricultor uruguayo, más con el corazón que con la razón, se tira a hacer el cultivo salvador. No solo tiene que pagar los costos de esta zafra, sino que tiene que sacar como para pagar la deuda que acumula de al menos dos zafras de una agricultura que le ha sido esquiva en el resultado. No es simple la apuesta.
Necesitamos que la oferta se achique en todos lados (y que a nosotros no nos toque). También nos ayudaría que los cultivos de invierno puedan cosecharse sin contratiempos y que los precios se mantengan. En especial el trigo, que tuvo un buen año de precios, empieza a sembrarse en el hemisferio norte y si aumenta su producción, la tendremos complicada el año que viene. Si se le dan las condiciones, el agricultor siempre responde, pero hay que ser paciente y tener una estrategia de venta definida para ser exitoso. Lo preocupante es que mucha gente necesita un resultado realmente excepcional para salir del pozo. En caso contrario, seguimos comprando tiempo en un mundo que no la tiene fácil en el corto plazo. Nos tocó estar del lado de los daños colaterales y cambiar de opciones agrícolas llevará tiempo y esfuerzo.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT