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    La “tolerancia cero” en el combate al delito “no existe”

    Los recursos son limitados y hay que “pensar cómo usarlos”, sostiene el académico Lawrence Sherman, asesor del Ministerio del Interior

    Cuando Rudolph Giuliani asumió la Alcaldía de Nueva York en 1994, los índices de delincuencia en la ciudad estaban por las nubes. Al terminar su gestión ocho años después, los crímenes habían bajado a la mitad. El político del Partido Republicano atribuyó su éxito a su política de seguridad conocida como “tolerancia cero”.

    El concepto prendió y es habitual que durante la campaña electoral los políticos hablen de establecer “tolerancia cero” al delito. Pero no todos están de acuerdo con que esa estrategia fue la que permitió bajar los delitos en Nueva York. Entre ellos Lawrence Sherman, director del Instituto de Criminología de la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y asesor del Ministerio del Interior uruguayo desde hace tres años.

    “¿Tienen una costumbre en su país de que cuando a un niño se le cae un diente el hada de los dientes le pone dinero bajo la almohada?”, preguntó Sherman cuando Búsqueda lo consultó sobre la política de “tolerancia cero” y su efecto en la reducción del delito. Y agregó en seguida: “Eso es la ‘tolerancia cero’: el hada de los dientes no existe”.

    Sherman ha encabezado investigaciones académicas sobre los mecanismos para mejorar la seguridad pública y el instituto que dirige asesora a gobiernos de varios países. Es desde ese lugar que cuestiona las estrategias de “tolerancia cero” y que propone aplicar medidas que hayan sido probadas científicamente.

    Lo que sí funcionó en Nueva York y en otros países, según Sherman, es el trabajo policial guiado por la evidencia. Esto implica concentrarse en “puntos calientes” —las esquinas de la ciudad donde ocurren más delitos—, priorizar la atención en los criminales más peligrosos y aplicar la “justicia restaurativa”.

    Sherman visitó Montevideo el miércoles 29 para participar en el foro “Cómo reducir el crimen: desafíos desde el Sur” organizado por el Ministerio del Interior y el Banco Interamericano de Desarrollo. Antes de dictar su conferencia, el especialista dijo a Búsqueda que la Policía uruguaya está aplicando poco a poco las medidas correctas. Y aseguró que si sigue ese camino, es posible que se alcance una reducción de 30% de las rapiñas, una promesa electoral del presidente Tabaré Vázquez.

    Usted asesora al Ministerio del Interior desde 2012. ¿Cuáles son las ideas que busca transmitir a la Policía uruguaya para mejorar el combate al delito?

    —Les presentamos la mejor investigación sobre trabajo policial en los puntos calientes, cómo identificarlos, cómo patrullarlos; cómo bajar el crimen a partir de una actividad policial más focalizada. La idea es que los comandos trabajen e ideen proyectos teniendo en cuenta las tres “t”: targeting (seleccionar un objetivo), testing (probar) y tracking (seguimiento).

    También hablamos sobre la justicia restaurativa y cómo llevarla a la práctica. La justicia restaurativa implica reuniones largas entre criminales, víctimas y familiares, y cuando las hemos testeado en Australia, Estados Unidos y el Reino Unido hemos visto una baja en la reincidencia del delito. Pero además ayuda a las víctimas. Si una persona sufre un daño por culpa de un delito, ¿puede reducirse ese daño después de que ocurrió? Sí. La justicia restaurativa demostró tener un efecto reductivo de los síntomas de estrés postraumático de la víctima. Esa es la perspectiva amplia de nuestro trabajo con Uruguay: miramos al crimen, a los criminales y a las víctimas, y cada vez más miramos a las redes de criminales.

    ¿Qué implican los proyectos basados en las tres “t”?

    Targeting puede ser: “voy a ir y atrapar a ese ladrón”. Pero el targeting basado en evidencia es: “Tenemos una lista de líderes de bandas criminales, pero si miramos de cerca vemos que hay dos de ellos que son los que más delitos cometen, así que centrémonos en ellos y no en los otros”. Es selectividad: elegí prioridades y no trates de hacer todo a la vez. Elegís el mejor objetivo de acuerdo con los datos científicos que tenés para generar el mayor impacto y mejorar la seguridad. El segundo punto es entender cuál es el mejor mecanismo para atacar ese objetivo previamente seleccionado. Un estudio realizado en Sacramento (California), por ejemplo, indica que a los criminales que están en el centro de una organización, la mejor manera de marcarlos era ir, tocarles a la puerta de su casa y decirles: “No reclutes a nadie, te estamos observando”. En un estudio controlado, cuando se hacía esto se reducía el crimen que cometía esa persona y su organización. Solo con tocar a la puerta y decir: “Hola, señor, tenemos nuestros ojos sobre usted”. Funciona. Si preguntamos, a los policías no les gusta porque no implica tirar las puertas abajo, no es divertido. Pero si hacés un estudio y demostrás que sirve, nadie podrá argumentarte lo contrario.

    Después de tres años de trabajo, ¿cree que esas ideas que plantea se aplican en Uruguay?

    —Hemos hecho varios cursos en estos tres años para decenas de oficiales, algunas veces en Uruguay y en otras ocasiones han viajado a la universidad. La idea es que todos los involucrados basen su trabajo en la evidencia, no en sus opiniones.

    ¿Pero la Policía adoptó esas premisas?

    —En mi primera visita, en 2012, los comandos policiales tenían poca comprensión del método científico aplicado al trabajo de la Policía; no habían escuchado sobre los resultados de más de 100 estudios científicos vinculados al crimen. Ahora, tres años después, estaban muy al tanto, diseñaban proyectos y los aplicaban. Cuando vine en setiembre del 2014 a dar uno de los cursos, los oficiales me tuvieron que presentar proyectos. Y lo hicieron, uno tras otro. Recuerdo por ejemplo el caso de un oficial que ideó cómo reducir los delitos en el área circundante al Teatro Solís. Usó un nuevo sistema tecnológico que es más avanzado de lo que hay en el Reino Unido. En términos de tecnología para el análisis del crimen Uruguay estaba muy retrasado, pero desde hace un par de años ha tenido un crecimiento muy rápido y está por superar a la Policía británica y a la norteamericana.

    ¿Cómo lograr que la Policía aplique esas medidas cuando está acostumbrada a actuar de otro modo?

    —La historia de la Policía está repleta de casos en los que una persona tiene una idea brillante, firma una orden y el que la recibe dice: “Eso otra vez no”. Pero si va alguien y pregunta si lo hicieron, responden que sí. La historia de la burocracia está llena de gente mintiéndoles a los supervisores. Lo que vemos ahora en la era de tecnologías baratas, es mucho más fácil comprobar que se están cumpliendo las órdenes. Eso es nuevo en la Policía. Sí, la gente se está resistiendo al cambio, pero no puede resistir una orden directa, y si hay prueba de que están violando una orden directa, pagan las consecuencias.

    Durante la última campaña electoral, el ahora presidente Tabaré Vázquez prometió bajar 30% las rapiñas. ¿Es posible?

    —Es posible. Hay que focalizar el trabajo en los puntos calientes, en tiempo y espacio. Además, se puede aplicar la justicia restaurativa, y Uruguay sabe cómo hacerlo ahora. En otros países se ha logrado reducir el delito incluso en mayor porcentaje aplicando esas medidas.

    En Uruguay hay políticos que reclaman aplicar la política de “tolerancia cero” seguida por Giuliani en Nueva York. ¿Qué opina?

    —¿Tienen una costumbre en su país de que cuando a un niño se le cae un diente el hada de los dientes le pone dinero bajo la almohada? Eso es la tolerancia cero: el hada de los dientes no existe. Habría que tener 50% de la población como policías para aplicar la ley sobre cada delito. La amplitud de la ley criminal ha creado tantas situaciones en las que se puede quebrar la ley que la Policía debe seleccionar qué hace para no perder el tiempo combatiendo cosas que no generan daños. El ejemplo perfecto es si alguien piensa que la Policía debe estar en la esquina poniendo multas a quienes cruzan la calle con rojo en lugar de estar deteniendo ladrones en los puntos calientes. Targeting es lo opuesto a la tolerancia cero. Tolerancia cero es un intento frustrado de atacar todos los problemas a la misma vez, y no tenés los recursos para hacerlo. En medicina se habla de triaje (se aplica en situaciones de emergencia, cuando no se puede atender a todos los pacientes que llegan y hay que seleccionar y clasificar a quiénes atender primero). En la Policía ocurre lo mismo: tenemos una cantidad limitada de recursos y tenemos que pensar cómo usarlos. No son suficientes para mantener policías las 24 horas del día en todos los puntos calientes. Hay que ir y salir constantemente.

    ¿Y qué funcionó en Nueva York?

    —El trabajo policial sobre los puntos calientes. Absolutamente. Los comandantes recibieron la orden de poner más policías en los puntos calientes en los momentos donde crecía el delito. Eso surge de todas las investigaciones y entrevistas que hice sobre el tema.

    ¿No habría que contratar más policías?

    —No va por ahí la discusión, porque el número de policías depende de cómo se los use. Si tomás a la Policía de cualquier país y empezás a cambiar cómo trabaja y recurres a los datos científicos, te apuesto a que puedes reducir el crimen sin aumentarlos. No recomendaría, en ningún lugar, contratar más policías sin trabajar antes a partir de evidencia científica sobre su desempeño.

    ¿Y un incremento del castigo penal?

    —Hay muy poca evidencia en el mundo que diga que aumentar los castigos tiene efectos positivos en el combate al crimen.

    El Ministerio del Interior ha hecho una fuerte inversión en videovigilancia. ¿Qué opina?

    —Tenemos que tener mejor evaluación de su efectividad. Todavía no tenemos ningún estudio serio con casos de control para saber si funcionan. Nadie ha aplicado las cámaras con grupos de control para medir si hay un cambio en aquellos lugares donde baja el crimen.

    ¿Es escéptico sobre sus resultados?

    —Lo soy sobre cualquier idea que no haya sido probada científicamente.

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