He leído con asombro y preocupación una de las últimas opiniones filosóficas de la primera senadora, la señora Lucía Topolansky, quien afirmó que la violencia, que aterrados vivimos los uruguayos, fue generada por los teleteatros.
He leído con asombro y preocupación una de las últimas opiniones filosóficas de la primera senadora, la señora Lucía Topolansky, quien afirmó que la violencia, que aterrados vivimos los uruguayos, fue generada por los teleteatros.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQuiero suponer que su afirmación no es genérica y que se refiere a sí misma, porque yo soy de la misma época y extracción social que ella y a mí los teleteatros no me generaron nada, salvo sonrisas y un rato de entretenimiento en los terribles años 60, mientras los uruguayos asistíamos atónitos a decenas de asaltos, expropiaciones, secuestros y homicidios guerrilleros.
Si su preocupación es genuina —no tengo por qué suponer lo contrario— debería preguntarse si en su niñez pudieron afectarla algunos cuentos infantiles: “Caperucita Roja”, a cuya abuela se come el lobo luego de secuestrarla; “Blancanieves”, a quien su madrastra pretendió envenenar además de contratar a un sicario leñador; “Hansel y Gretel”, abandonados en el bosque por sus padres, son secuestrados y enjaulados por la bruja; “Los tres cerditos”, que deben refugiarse para huir del lobo que pretende comérselos; “Piel de Asno”, un cuento que trata del asedio incestuoso de un padre hacia su hija; “La Bella Durmiente” es en el original la historia de una violación (el príncipe encontró a la joven dormida y la viola); o “Barba Azul”, que relata historias de un asesino en serie.
De repente, no lo sé, quizá las raíces de la violencia estén allí, senadora.
¿Prohibir dijo?
Graziella Pastorino
CI 1.160.853-6