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    La vocación, esa dama tan esquiva

    N° 2020 - 16 al 22 de Mayo de 2019

    Muy pocas personas trabajan en actividades vinculadas con su verdadera vocación. De hecho, la inmensa mayoría no tienen ni idea cuál es su vocación. Pocos saben qué es lo que verdaderamente les gusta y les hace sentir que su trabajo tiene un propósito mayor que “ganarse la vida”.

    No encontrar esta vocación es doblemente frustrante. Primero, por no encontrar ese “sentido a la vida”, esa sensación de que estamos haciendo algo útil para nosotros y para otros. El otro factor es la presión social. Se supone que todos tenemos un don natural y lo “único” que hay que hacer es descubrirlo. ¡Como si fuera tan fácil! Quienes no lo logran (los más), se sienten inadecuados por no poder cumplir con un precepto social tan básico.

    Vocación y felicidad están íntimamente ligados. Se puede decir que alguien ha encontrado su vocación cuando consigue realizar una tarea, trabajo o actividad que realmente disfruta y puede obtener resultados sin demasiado esfuerzo. De ahí la frase “Trabaja en lo que te gusta hacer y nunca tendrás que trabajar”.

    Pero las estadísticas muestran todo lo contrario. Los datos recogidos por Gallup en 155 países para su estudio State of the Global Workplace, entre 2014 y 2016, muestran que solo el 15% de los empleados están comprometidos o “enganchados” (engaged en inglés) en sus trabajos. Dos tercios no están comprometidos (neutros) y 18% están “activamente no comprometidos” (lo que podemos traducir como: “tirando para atrás”).

    Esto en parte es así porque nos vemos obligados a decidir el rumbo de nuestras vidas laborales a muy temprana edad. A los 14 años —cuando apenas dejamos los pantalones cortos— ya tenemos que elegir orientación humanística, científica o artística y luego es difícil dar vuelta atrás. Por eso, casi todos siguen el trillo que ya iniciaron (aunque sea el trillo equivocado).

    También se da el caso de muchas personas que no saben si realmente les gusta dedicarse a la profesión en la que se graduaron. Abogados, médicos o arquitectos recién entran en contacto con el “mundo real” en el último año de la carrera y ahí descubren que no soportan la burocracia de un Juzgado, las gasas con sangre o el olor de una mezcla de arena y portland.

    Pero ¿se puede ser feliz aún cuando uno trabaje en algo que no es vocacional? Victoria Nadal, en un artículo publicado en la Revista Retina de El País de Madrid, dice lo siguiente: “Una de las soluciones que proponen los expertos es tomar distancia y restar peso al trabajo como herramienta principal para dar sentido a nuestra existencia. Es decir, se puede tener un empleo sin un significado trascendental y buscar la realización en otros aspectos de la vida, haciendo cosas que te apasionan, pero que no siempre tienen que ser parte de tu empleo”.

    Agrega que no es simple lograrlo, ya que “en nuestra cultura, el trabajo todavía define quiénes somos. Cuando conocemos a alguien nuevo, lo primero que le preguntamos es a qué se dedica y le categorizamos dependiendo de la respuesta: hemos unido el ‘quién soy’ con el ‘qué hago’”.

    Otros factores que juegan en contra del trabajo vocacional, son la rigidez laboral y el sistema educativo estanco. Si hubiera menos derechos y costos laborales, los empresarios se animarían a contratar más gente “vocacional”, aun cuando su currícula no los acompañe. Lo mismo si las facilidades para emprender un nuevo negocio fueran mayores, más gente se animaría a perseguir sus sueños con menos riesgo de fundirse en el intento. Por último, el sistema educativo organizado en “compartimientos estancos” por cada Facultad, hace casi imposible los cambios de carrera sin tener que empezar de cero cada vez.

    El encontrar los talentos, vocación o misión personal es un desafío que pocos logran resolver en las tempranas etapas de la vida. Implica descubrir quién soy, cómo soy y hacia dónde quiero ir. Y aunque esa respuesta llegue minutos antes de expirar nuestro último aliento, no debemos dejar de buscarla hasta que llegue ese día, con paciencia, persistencia y sin frustraciones.

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