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    Laboratorios e institutos se reacomodan tras el Covid y aprovechan las capacidades desarrolladas para nuevas líneas de investigación

    El Instituto Pasteur mantendrá el Centro de Innovación de Vigilancia Epidemiológica y el laboratorio Genia incorporará una nueva área de trabajo gracias a la experiencia adquirida con la pandemia

    Durante más de dos años, la crisis sanitaria obligó a laboratorios e institutos de investigación científica de todo el país a destinar la totalidad o la mayoría de sus recursos humanos, económicos y tecnológicos a la detección y seguimiento del virus Covid-19. Pero una baja sostenida en los contagios diarios desde hace ya varias semanas los empuja hacia una nueva reestructura.

    “De la misma manera en que hubo que ir aumentando los recursos, tanto materiales como humanos, de forma gradual, también se desarmó parte de eso”, dijo a Búsqueda el director del laboratorio ATGen Fabricio Sarlos. Durante la pandemia, la empresa contrató más recursos humanos y adquirió más equipos, sobre todo para realizar test de detección de coronavirus. La inversión la hizo, sin embargo, con la conciencia de que la situación sería “pasajera”, que evolucionaría y crecería pero en algún momento iba a llegar a su fin, contó Sarlos.

    Otro laboratorio privado que pisó fuerte en los exámenes de detección del virus fue Genia, miembro del grupo Dasa, una corporación dedicada a la medicina genómica en América Latina. Con base en su experiencia en el diagnóstico de enfermedades genéticas, Genia montó en 2020 un nuevo laboratorio para atender de forma exclusiva todo lo relacionado con Covid-19. Según la superintendenta ejecutiva de Genómica de Dasa Latinoamérica, Luciana Rodrigues, hasta ahora el equipo se aumentó y disminuyó según cada momento de la pandemia. Agregó que, si bien la emergencia sanitaria llegó a su fin, “todavía hay personas que quieren hacerse el test para confirmar si tienen Covid u otro virus” y por tanto “ese servicio va a seguir”. La diferencia es que ahora su objetivo principal volverá a ser el original: “el diagnóstico genómico”, dijo a Búsqueda.

    Muchos de los recursos humanos que contrató Genia se absorbieron en la interna de la compañía, tras el surgimiento de oportunidades en el área de genómica, comentó Rodrigues. Algunos puestos quedaron de forma permanente en sectores que van desde atención al cliente y recepción hasta ejecución e informes, apuntó.

    En el diagnóstico genómico jugó un rol importante el Instituto Pasteur de Montevideo, que además de ofrecer test de detección de Covid-19 amplió su capacidad para realizar esa tarea y también la de secuenciación. Durante la pandemia se creó el Centro de Innovación de Vigilancia Epidemiológica (CIVE) que “seguirá funcionando”, aseguró a Búsqueda Gregorio Iraola, director del Laboratorio de Genómica Microbiana del instituto, que integra el CIVE. A “mediano y largo plazo” la idea es que la capacidad instalada a raíz de las actividades de vigilancia del coronavirus pueda aplicarse a “otros problemas sanitarios en Uruguay y a nivel regional”, añadió. Parte del personal que se incorporó a partir de marzo de 2020, con su experiencia y conocimientos, quedará a disposición para trabajar sobre otras enfermedades infecciosas.

    El rol de los científicos logró gran visibilidad por sus aportes de conocimiento sobre un virus pandémico sin precedentes. Por eso, los directores de laboratorios e institutos de investigación del rubro esperan “ser una campana más que se escuche a partir de ahora”, expresó Sarlos. Además valoró el momento actual como “excelente” para generar “equipos” para seguir y tratar otras patologías “no tan notorias o tan agudas”.

    El director de ATGen añadió que quienes ocupan cargos como el suyo tienen la tarea de vigilar, por un lado, las tecnologías científicas y, por otro, la situación sanitaria en diferentes lugares. “Es raro que te pase algo tan de golpe”, dijo, y resaltó lo positivo de que la crisis sanitaria comenzara en China y pasara por muchos otros países antes de llegar a Uruguay.

    “La comunidad científica se puso a trabajar a nivel mundial en esto inmediatamente, y por la rapidez con que trabajó y la generosidad con la que se publicaron los resultados pudimos estar listos en marzo. O sea que en cuatro meses ya estaba todo disponible como para poder hacer frente a la situación”, reflexionó Sarlos.

    Los laboratorios durante la pandemia lograron “destacar la importancia del diagnóstico, y del diagnóstico rápido”, opinó Rodrigues. A esto sumó la ventaja de captar un interés cada vez mayor, tanto en el sector público como privado, de los servicios que el rubro ofrece. En ese sentido, dijo, el Covid-19 marcó “un antes y un después”.

    La idea del científico con túnica y lentes, encerrado en un laboratorio haciendo experimentos secretos, quedó en el olvido. La población general pudo tener un acercamiento a la figura y el trabajo de esos profesionales y se generó “una especie de validación social”, según la percepción de Iraola. “Por sí misma, la sociedad comprendió con un ejemplo concreto —que fue todo lo que pasó en la pandemia— por qué es necesario que un país tenga un sistema científico que funcione”, dijo.

    Más allá del Covid

    Los laboratorios e institutos trabajaban e investigaban desde mucho antes de que se desatara la pandemia. Tenían otros planes, otras actividades y otros asuntos de los que ocuparse. Pero el Covid-19 interrumpió su funcionamiento normal y los obligó a dejar casi todo lo demás en pausa. Recién ahora la situación sanitaria permite retomar la actividad habitual.

    Dentro del Instituto Pasteur, por ejemplo, el laboratorio que dirige Iraola ya retomó un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) que busca comprender la relación existente entre el microbioma intestinal humano y su respuesta a inmunoterapias contra distintos tipos de cáncer. “Ese proyecto implica buscar pacientes, en un trabajo de campo muy importante. Durante la pandemia no se detuvo, pero sí se enlenteció. En los últimos meses hemos conseguido más pacientes y avanzado en esos objetivos”, comentó el científico.

    El laboratorio ATGen tiene previsto reflotar algunos proyectos que también había dejado paralizados, al dedicar “el 100%” de sus recursos a la detección y seguimiento de casos de Covid-19, aseguró Sarlos. Esos proyectos se enmarcan en dos áreas principales: la salud humana y la animal. Dentro de la primera, el laboratorio retomará algunas actividades vinculadas al rubro veterinario que ya había comenzado a desarrollar desde antes de la pandemia. En un país por excelencia exportador de productos ganaderos, ATGen investiga enfermedades infecciosas de origen animal. En particular, explicó el director de la empresa, aquellas que las regulaciones internacionales exigen que los productos estén “libres de”. “Podría ser muy beneficioso estudiar y erradicar” esas enfermedades, dijo Sarlos. En salud humana, el laboratorio retomará, entre otras cosas, su investigación sobre el Virus del Papiloma Humano (HPV, por su sigla en inglés). Según el director de la empresa, esa es una de las líneas de mayor interés.

    En el caso de Genia, su trabajo se dividió desde los inicios en siete áreas: enfermedades raras, neurología, pruebas genéticas, reproducción humana, medicina fetal, oncología, psiquiatría. Ahora, pospandemia, se sumará una nueva, según adelantó Rodrigues a Búsqueda: la de “oftalmología genética”. La experiencia del laboratorio en genómica, que se hizo más fuerte durante la pandemia, podrá aplicarse ahora a la detección y seguimiento de enfermedades de los ojos, muchas de las cuales tienen un componente genético.

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