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    Lacalle dice que el oficialismo plantó “semillas” de “división social” que son “iguales o parecidas” a las de la época previa a la dictadura

    Vázquez debe “reubicar el rumbo del país, que no se rompan los teléfonos públicos, que no se asalten las escuelas, que no se diga que sucio es lo mismo que limpio, el país del más o menos”, opina el ex presidente

    Cuando abandone su despacho en el segundo piso del Palacio Legislativo, piensa dedicarse a ser abuelo. Quizás también escribir, dar conferencias, seguir trabajando en el Centro de Estudios del Partido Nacional y prepararse “para lo inevitable”. Con suerte, podrá integrar un “consejo de ancianos” que colabore en las decisiones del país. Pero hasta ahí llegará la participación en la política del senador y ex presidente de la República Luis Alberto Lacalle Herrera, según sus propias palabras.

    “Lo que nos separa a nosotros de nuestros hijos es mucho más de lo que nos separó a nosotros de nuestros padres. El mundo va muy deprisa”, reflexiona.

    Precisamente, su hijo Luis fue candidato a la Presidencia en las últimas elecciones y Lacalle Herrera debió mirar la campaña desde afuera sin intervenir. La pasó “horrible” y por eso se dedicó a viajar. Hoy, con la elección superada, sigue sin querer hablar de la carrera de Lacalle Pou, de quien se considera un “seguidor”.

    Pero Lacalle Herrera sí habla de la realidad política del país y de lo que puede venir en los próximos años. En una entrevista con Búsqueda cuestionó al Frente Amplio, que a su juicio durante la campaña plantó “semillas” que son “iguales o muy parecidas” a la “tensión social” que hubo en los años previos a la dictadura. Y dijo que si no hubo un “incendio” fue por la actitud de la oposición.

    Mirando al futuro, el ex presidente sostiene que Tabaré Vázquez deberá intentar “reubicar el rumbo del país” durante los próximos años. Cree que una unión electoral de blancos y colorados no es la mejor opción y considera que los partidos tradicionales tienen que volver a hacer política “en las esquinas”.

    “Ahí vamos a encontrar de nuevo a la gente”, augura.

    –¿Cómo avizora los próximos cinco años con otro gobierno del Frente Amplio?

    —Tres gobiernos seguidos, no del mismo partido sino de la misma tendencia ––para mí el Frente no es un partido, es una coalición político-electoral— con mayorías absolutas, es de una excepcionalidad que hay que recalcar. La última mayoría absoluta en el Parlamento en la historia reciente del Uruguay es de 1966. Esto habilita lo que ha ocurrido, que es que el Poder Ejecutivo tenga el camino abierto. Esto es bueno para el que tiene el poder —vaya si lo envidiamos, si hubiéramos tenido mayoría absoluta otro gallo habría cantado— pero al mismo tiempo es una responsabilidad inequívoca. El Frente Amplio, al iniciar su tercer quinquenio, mirando para atrás no puede decir “no pude”. Tiene que decir “no supe” o “no quise”. Y esto que quede bien claro. El período que viene tiene las mismas características políticas objetivas. Sin embargo, se ha producido alguna variación del eje de poder dentro del Frente Amplio, un avance de lo que podríamos llamar sectores más radicales, con un jefe que está activo en la vida política y que es José Mujica. Por lo tanto, va a haber una bipolaridad política dentro del gobierno sobre la cual hay que abrir un signo de interrogación. Notoriamente, el polo no oficial de Mujica va a ser uno de los lugares donde se va a jugar parte del partido. Entonces el doctor Tabaré Vázquez va a tener que cuidar mucho su frente interno. Agreguemos a esto algunas propuestas, como el anuncio de convocar a una Asamblea Constituyente, la ley de medios y algunas expresiones de los sectores más radicales, como que si no tenemos mayorías en la Cámara las conseguiremos en la calle, como que un tercio de las Fuerzas Armadas tiene que ser del Frente Amplio. Son nubarrones en el horizonte. Y lo dejo aquí porque me parece que no hay que hacer otra cosa que marcar preocupación. En lo económico el doctor Vázquez tiene una gran ventaja. Yo quise ser presidente una vez más, entre otras cosas porque uno ya conoce dónde están los botones y las manijas. Porque todo presidente necesita un tiempo de aclimatación, de adecuarse…

    —Y cuando termina su gestión piensa en las cosas que no pudo hacer.

    Claro, y el doctor Vázquez tiene esa ventaja, pero encuentra en lo económico una diferencia sustancial. Como el gasto, que se aumentó a impulso de los anteriores gobiernos y con la tolerancia, cuando no la autorización, del ministro Danilo Astori. La rigidez de parte del gasto público —todo lo que es salario y creación de 30, 40.000 empleos— son gastos que no se pueden bajar moviendo un botón. El doctor Vázquez va a tener que adecuarse a una dieta. Y hacer dieta nos cuesta a todos. Desde el punto de vista social, la presencia sindical en la vida política ha avanzado mucho en este período. Quizá lo que hacía falta era tecnificar más la conducción de la educación, por ejemplo. Antes los integrantes del Codicen tenían que tener diez años, por lo menos, de actuación docente. Era increíblemente el único ente autónomo para el que se requería alguna calificación profesional. Yo pienso que para casi todos debería haber lo mismo. La introducción de los integrantes del sindicato ha provocado que esas personas hayan respondido al otro centro de poder. Y si esto avanza vamos a perder características propias del sistema democrático representativo. En la enseñanza es donde es más notorio. Pero la identificación del PIT-CNT con el Frente Amplio y la movilidad horizontal de sus figuras, de los sindicatos a los partidos y de los partidos a los sindicatos, no es buena. Es más, la presión de estas fuerzas, llevada al nivel ofensivo para los legisladores de cuando se votó la responsabilidad penal empresarial, fue una violación notoria de la Constitución. Y quienes votaron cometieron un grave error. Porque sentaron un precedente. Entonces, lo social se le va a volver muy difícil a Vázquez. Veremos. Mi proyección la baso en lo que sé hoy y en lo que parecería que va a pasar. Ojalá me equivoque en lo malo y acierte en lo bueno.

    —En su última columna en “El País” cuestionó el nivel del oficialismo en la campaña.

    —Esta campaña no fue, como se ha dicho en el exterior y repiten las agencias, una campaña pacífica, anodina, tibia. ¡Macanas! No fue un incendio por la prudencia que tuvieron los candidatos del Partido Nacional, del Partido Colorado, del Partido Independiente. Hubo pie para convertir a Uruguay en un campo de batalla, pero además un campo de batalla no de ideas, porque hubo negativa a discutir, a debatir, hubo un acto de arrogancia respecto a la gente. No se debatió, no se discutió, pero se insultó de la manera más ordinaria a quienes eran distintos. Y no voy a repetir porque no quiero hacerles el favor. Pero aquí se habló de “turros”, “burros”, “almapodridas”, “cobardes”. Nunca se había visto en la historia del país. Y creo que les debemos un agradecimiento a quienes no respondieron. Porque, como contracara, la campaña “por la positiva” incorporó a la vida política un ingrediente refrescante y optimista que demuestra que para competir en política no es necesario bajar el nivel. Nosotros no insultamos, pero el archivo y las fichas personales de muchos personajes daban para que hubiéramos contestado. Por la paz social aquí no ocurrió eso. Ahora bien, el hecho de que en el país se siembre la discordia y se señale que si uno vive en un barrio es bueno y si vive en el otro es malo —con las perplejidades que provocan las mudanzas, porque cuando el doctor Vázquez se mudó de La Teja al Prado seguramente dejó de ser tan buena persona como era antes— es invitar en un país como el nuestro, muy envidioso, muy de chisme, a que el que no esté en buena situación económica vea como enemigo al compatriota que vive en un barrio mejor, que tiene un buen automóvil y que ha generado con su esfuerzo una situación económica mejor. Sea empleado, sea profesional, sea empresario. Esto es veneno social. Y yo hago una advertencia de carácter personal pero con conocimiento de la naturaleza humana: cuidado. Porque hoy tenemos un medio terriblemente eficaz, que son las redes sociales. Si a un muchachito de 18 o 20 años se le inculca que fulano de tal es mala persona porque tiene un BMW, no va a faltar el que le rompa un parabrisas con una pedrada creyendo que cumple con la labor revolucionaria y reivindicación de los valores. ¡Porque ya lo vivimos! Así empezó en el 63. Aquí se generó una tensión social que no era natural; acá no había campesinos perseguidos, acá no había Sierra Maestra. Y sin embargo, cuatro o cinco individuos nos enchufaron todo el tema de la subversión y su hija directa, natural y reconocida que fue la dictadura.

    —¿Cree que se están recreando las condiciones de aquella época?

    —Yo digo lo que dije. Las semillas son iguales o muy parecidas.

    —¿Pero no considera que esta división que marca haya sido solo un tema de campaña electoral? ¿O piensa que se puede ir acentuando?

    —Yo creo que cuando se la califica de esta manera, no se admite lo que el presidente dijo después: “Bueno, uno se calienta”. Entonces qué deja para un jugador de fútbol, que está en el momento de tensión de un partido. ¿O acaso el presidente de la República tiene derecho a “calentarse”? Y si se calienta, que se encierre en un cuarto, que se saque la calentura —sigamos con la terminología— pero no agravie. Acá se ha hablado de la vida de las esposas de los senadores. ¿Y el presidente no aprendió, en la dura vida que ha tenido, que hay que contar hasta diez? Porque yo, por más que me enoje, me fastidie, no le digo al señor Michelini o al señor Rubio ciertas cosas. Y después el presidente agregó una palabra terrible que es la palabra “odio”. Acá se dice “a mí me odian porque yo vengo de abajo”. Vamos a no hacernos las víctimas. Acá de abajo viene mucha gente, que ha llegado a ser ministro, que ha llegado a ser presidente. Pero de abajo, y subieron trabajando, ordenándose, educándose, comportándose correctamente. Porque el presidente Vázquez viene de una familia de trabajadores y es la contracara de esto. Yo quiero el país que permitió que en el Uruguay existiera Tabaré Vázquez, ¡mi amigo! Un hombre que es de una escuela pública buena, del liceo público bueno, de una facultad buena, que hoy día es grado cinco, que es un empresario millonario, muy rico, y además presidente de la República dos veces. ¡Ese es el Uruguay que yo quiero! A mí me parece que estas son señales, tristes señales, de división social y de quienes quieren medrar con esa división social.

    —Usted acusa a Mujica de generar esta división social. ¿A Vázquez no le atribuye responsabilidad durante la campaña?

    No, yo en el doctor Vázquez conozco una persona distinta. No, no, no quiero generalizar, al contrario. Creo que el doctor Vázquez, porque llevó a cabo esa trayectoria vital y vio los beneficios de pertenecer a una sociedad donde el ascenso vertical es posible, representa los valores buenos. No estoy hablando de sus ideas políticas, con las que puedo discrepar. Pero como persona creo que es emblemática de la otra cara y por eso todos le deseamos larga vida y buen período de gobierno.

    —Y como presidente, ¿podrá Vázquez enviar ese mensaje de unidad que dice usted que necesita el país o cree que va a tener dificultades?

    —No sé, él sabrá hasta dónde le da el lazo. Yo sé que debe tratar de reubicar el rumbo del país, que no se rompan los teléfonos públicos, que no se asalten las escuelas, que no se diga que sucio es lo mismo que limpio, el país del más o menos o lo atamos con un alambre.

    —En estos últimos años se aprobaron algunas leyes con las que usted no está de acuerdo pero para mucha gente representan una avanzada en los derechos civiles: el aborto, el matrimonio homosexual y la marihuana. ¿Qué piensa de eso?

    Primero, se votaron legalmente, no tengo nada que decir desde el punto de vista formal. Creo que son distintas las tres. En el caso de la interrupción del embarazo, yo, como el doctor Vázquez, creo que hay vida desde la concepción. Vázquez lo sostiene desde el punto de vista biológico, y muy bien por cierto, ha sido muy valiente en esto. Y yo desde el punto de vista biológico, acompañando a un sabio como es él en esta materia, y desde el punto de vista filosófico cristiano, que es lo que rige mi conducta en esta materia de ética. Punto. La marihuana fue una barbaridad. Y vamos a ver que no la pueden armar y es todo un lío de aquellos. Yo creo que habría que derogarla. Lo del llamado matrimonio igualitario es un oxímoron. Matrimonio es una palabra que tiene un contenido en el cual es esencial la presencia del varón y de la mujer con el fin, entre otros, de procrear. Ahora bien, yo no soy partidario de que el Estado entre a mi dormitorio. Ustedes de su vida privada pueden hacer lo que quieran. Y sin sexualizar todo, porque tenemos también esa obsesión. Ofrecimos otro tipo de contrato entre las parejas. Pero acá se quería ir contra la institución. Por eso no la votamos, porque creíamos que la institución matrimonial tiene peculiaridades que no la aproximan a ninguna otra y se podían generar con creatividad otro tipo de asociaciones.

    —Mirando las últimas elecciones, ¿cree que los partidos tradicionales no están conectando con la sociedad?

    —Yo creo que no tenemos que pegarnos a los clichés. Acá se ha dicho que conciencia social solo tiene la izquierda. Hay que mirar el siglo XX y las conquistas sociales del país para ver de dónde salieron. Pero empezamos a decir y a aceptar. Los partidos tienen un contacto con la realidad que cautiva a menos personas, pero no digan que… ¿Entonces de dónde salen los votos nuestros? ¿De adentro de un cuartito? Nosotros tenemos una presencia en el país de 178 años y el Partido Colorado también. La suerte electoral, bueno, 52% no votó al Frente Amplio y 47% lo votó. Ni siquiera el Frente Amplio en su representación parlamentaria puede decir que representa a la mayoría del país. Quizás ocurra que el Partido Nacional esté más acostumbrado a la intemperie, a andar en las situaciones difíciles, 93 años de oposición, o que ha habido personalidades, dirigencia que han sabido cautivar más gente.

    —¿Y considera que en el futuro se deban unir los partidos tradicionales para disputarle el gobierno al Frente Amplio? Una especie de concertación, como en Montevideo o lo que pasó en Chile.

    —Pero son partidos distintos. Los partidos de Chile tienen 40, 50 años…

    —¿Por el peso de la historia usted cree que eso acá no es posible?

    —No solo por la historia, son maneras de mirar el país bastante diferentes. Después tienen comunes denominadores. La gente es simplista: “Che, ¿por qué no se unen de una vez?”. No es tan así.

    Tendría fin electoral.

    —Sí, como el Frente. ¿Qué tienen que ver Astori con Lorier?

    —¿Entonces no corresponde una alianza así?

    —Al tiempo que me toca vivir a mí, Luis Alberto Lacalle, con 73 años y 53 de vida política, yo diría que no. Para eso está el balotaje. En lo municipal es distinto. No entran ideologías, es arreglar las calles y limpiar la basura.

    —¿Y el Partido Nacional necesita una modernización en su estructura?

    —Nosotros creamos el Consejo de Intendentes, el Congreso Nacional de la Juventud. El Partido Nacional se ha ido adecuando a la vida actual. Creo que los legisladores, en un país pequeño como el nuestro, deberían acercarse más a la gente. Por eso yo propugno, y voy a tratar de que un compañero lo presente, un proyecto de ley que elimina la publicidad electoral en la televisión, en la calle, en la radio. Como en Inglaterra, y no me digan que no es democrático. Sustituido por tiempo en los medios oficiales, pero no para publicidad, para propagar sus ideas. Primero eliminamos la fortuna que cuestan las elecciones: millones. La no publicidad en los medios va a provocar que volvamos a hablar en las esquinas. ¿Cómo hacíamos antes? Yo todavía hablo en las esquinas. Ahí vamos a encontrar de nuevo a la gente, estando en contacto. Yo creo que eso va a mejorar el contacto de los partidos con la realidad.

    —¿Cree que Lacalle Pou ya se posicionó como líder de la oposición?

    —Sobre Lacalle Pou prefiero no contestar. Me parece que no me corresponde, yo soy uno de sus seguidores y cada tanto le mando un pequeño memorándum. Él tiene que resolver su rol y si me toca a mí decir una palabra, la diré, pero prefiero no contestar.

    —¿Y cuál va a ser su rol de ahora en adelante?

    —Abuelo.

    —¿Y en la política?

    —Yo estaba, no sé si me lo conservarán, en el Centro de Estudios del Partido Nacional.

    ¿No tiene otra aspiración? En algún momento dijo que quería ser…

    —¿Intendente de Maldonado? Fue un rapto de locura. Tengo que tener claro que yo tengo 73 años, que lo que nos separa a nosotros de nuestros hijos es mucho más de lo que nos separó a nosotros de nuestros padres. El mundo va muy deprisa. Me gustaría escribir, dar conferencias, y bueno, prepararme para lo inevitable.

    —¿Y la idea de integrar un consejo de ancianos con otros ex presidentes, como propuso su hijo?

    —Yo creo que el que ha ejercido la Presidencia tiene un valor intransferible que hay que aprovechar. Mandarlos a negociar una deuda, por ejemplo. Miren que acá no les dan pelota a los ex presidentes, pero fuera del país son una jerarquía que ayuda a abrir puertas.

    —¿Cómo se sintió alejado de la escena política en la última campaña?

    —Horrible, horrible. Por algo viajé hasta dos o tres veces por mes.

    —¿Le daban ganas de decir cosas y no podía?

    —Estaba como el ex torero o el ex jugador, que cuando va y mira un partido dice : “Yo hubiera tirado tal centro” o “es por acá, bestia”. Pero eso me lo guardaba; mi pobre mujer fue la que me aguantó un poco. Pero viajé mucho, este año viajé hasta en demasía.