N° 1953 - 18 al 24 de Enero de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA la Policía le llevó un buen tiempo descubrirlo, aunque todavía los motivos reales de semejante proceder son un absoluto misterio. Las puertas y ventanas de las casas aparecían claramente violentadas, las cerraduras forzadas, los vidrios rotos, las rejas dobladas. Violaciones de domicilio con la particularidad de que los domicilios no habían sido revueltos. Lo que es más curioso, y esto insumió horas —la tarea de verificar la totalidad de las pertenencias—, es que nada había sido sustraído. El televisor estaba, el dinero estaba, los celulares estaban, los alimentos en la alacena y las bebidas alcohólicas, todo estaba, no faltaba nada. Al principio se pensó que algún ruido o señal podría haber advertido a los malvivientes y ocasionar su huida antes de robar nada. Pero tras un caso y otro y otro de similares características y en distintos barrios, la evidencia se impuso: no existió el robo; por lo tanto, no es razonable pensar en la coincidencia de ruidos de advertencia que precipitasen la fuga con las manos vacías.
Un tiempo aún más largo llevó constatar un dato insólito: los ladrones no solo no se habían llevado nada de las casas en las que habían entrado, sino que habían dejado algo. Ahora el dato hablaba desde la inclusión: un viejo trompo de madera, el símil en miniatura de la escultura La carreta de Belloni (por más datos: la que está emplazada en el Parque Batlle) o una pluma de marabú africano que a la Técnica le llevó semanas corroborarlo, porque iban por el camino más fácil de otras aves de corral. Incluso hubo un caso en que no se trató de ningún objeto exótico. Una familia denunciante detectó en la heladera de su casa una planta de apio, y nadie en esa familia comía apio, lo odiaban.
A fuerza de no encontrar otro nombre para designar a esta banda —se supone que una persona sola es incapaz de ejercer semejante proeza—, la Policía la llamó Los ladrones inclusivos, una asociación para delinquir que puede romper la puerta —o la ventana o la banderola— de tu casa cuando estás de vacaciones y dejarte algo, incluso en la intimidad de tu heladera.