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    miércoles 12 de junio de 2024

    Lágrimas por Bambi

    Nº 2224 - 11 al 17 de Mayo de 2023

    En un artículo editorial publicado en El País, el politólogo Francisco Faig sostuvo que “la política es agonística. Hay que asumir de una vez por todas que son ellos o nosotros, es decir, que la forma en la que el Frente Amplio define la lucha política, su programa de acción y sus convicciones más profundas son radicalmente diferentes a las concepciones que han estado a la vista de todos en estos años de gobierno de los partidos de la coalición republicana. Todo aquel que relativice esta diferencia sustantiva, por temor de una referencia histórica consensualista o de una referencia identitaria que descrea de la hondura de la grieta leninista que la izquierda viene instalando hace más de medio siglo, se transforma en un Bambi republicano al servicio electoral del FA. Y Bambi no gana elecciones”.

    Sobre la condición agonista de la política, la filósofa belga Chantal Mouffe ha escrito bastante, enfatizando en que “el antagonismo es una lucha entre enemigos, mientras que el agonismo es una lucha entre adversarios. Por consiguiente, podemos volver a formular nuestro problema diciendo que, visto desde la perspectiva del pluralismo agonístico, el objetivo de la política democrática es transformar el antagonismo en agonismo. Esto requiere proporcionar canales a través de los cuales pueda darse cauce a la expresión de las pasiones colectivas en asuntos que, pese a permitir una posibilidad de identificación suficiente, no construyan al oponente como enemigo sino como adversario”.

    Aunque declara la condición agonística de la política, el planteo de Faig parece alentar más bien una visión antagónica, maniquea y fomentadora del conflicto, al punto que en su columna señala que “se precisa que haya diez (Graciela) Bianchi y (Sebastián) Da Silva más”. O sea, lo que dice es que se necesita más confrontación, más insulto, más política de bajo vuelo.

    A Faig le salió al cruce un editorial de La Mañana, vocero de Cabildo Abierto: “Corresponde recordar que estos maniqueísmos, que nos evocan el espectro de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de Gil-Robles, arriesgan la unidad de una nación. En primer lugar, habría que preguntarse quiénes seríamos ‘nosotros’ y quiénes serían ‘ellos’. Cuando la discusión se plantea en esos términos tan simplistas se corre el riesgo de perder los rasgos de una realidad ciudadana mucho más rica”.

    Cabildo Abierto, sí, salió a marcar su oposición a ese tipo de planteos maniqueos, que son los que, en parte, vienen desangrando al país en sus heridas más dolorosas.

    Visiones como las de Faig, que se ven a diestra pero también a siniestra, son las que han impedido lograr políticas de Estado, donde “ellos” y “nosotros” logren niveles mínimos de acuerdo que, a estar por los asuntos que piden a gritos esas políticas de Estado, no se explica cómo es que no se han logrado por el sistema político.

    ¿En qué parte el nosotros y el ellos impiden un acuerdo mínimo para que, más allá de visiones ideológicas, no se pueda llegar a una definición acerca de qué educación es la que se requiere para estos tiempos?

    ¿Qué pasa entre nosotros y ellos como para que Uruguay se atrase 40 años en la comprensión de lo que la neurociencia nos viene mostrando, que es que aquellas naciones que apostaron a la primera infancia, invirtiendo el dinero que es necesario invertir, han tenido como retorno menores tasas de delitos, de violencia y mayores logros en la formación de sus niños, ubicando incluso al sistema educativo en un asunto de segundo nivel al lado de los daños que la pobreza le hace a un cerebro infantil?

    ¿Nosotros o ellos son los que no atinan a visualizar que en un país del tamaño y la población de Uruguay no es imposible terminar con la pobreza infantil, que sería en los hechos terminar con la pobreza general?

    ¿Son ellos o nosotros los que no se dan cuenta de que si el país no se abre al mundo estamos condenados a niveles de crecimiento que nunca nos sacarán del subdesarrollo?

    ¿Cuáles son las diferencias entre nosotros y ellos que hacen que se incumpla con la ley y los acuerdos internacionales que obligan al Estado a prestarles a sus ciudadanos asistencia legal cuando enfrentan un juicio?

    ¿Ellos o nosotros no se han dado cuenta aún que somos un país violador de los derechos humanos, que vive pegándose tiros en el pie al no dar un salto cualitativo y mejorar de una vez las condiciones del sistema carcelario?

    ¿Son ellos o nosotros los que no se han dado cuenta de que con estos niveles de pobreza material y cultural, sumado al envejecimiento poblacional y sus consecuencias sobre los grados de productividad que el país tiene, nos condenan a una inevitable crisis del sistema previsional?

    Fuera de las elites políticas que bregan por el poder y por mantener sus posiciones de privilegio o de las elites intelectuales que teorizan sobre agonismos antagonistas, ellos y nosotros, como decía Walt Whitman, somos la misma cosa; porque las diferencias que condenan a cientos de miles a la violencia de la pobreza en todas sus dimensiones nos llevarán a todos, ellos y nosotros, a una encerrona social que terminará por afectar la propia institucionalidad.

    Estos militantes de la grieta, que piensan con cabeza de urna, alientan a los adversarios, necesarios en una democracia, a convertirse en enemigos y utilizan a los más necesitados para llevar agua hacia el molino que les da poder solo a unos por encima de otros.

    Es cierto que Bambi no gana elecciones, tanto como que cuando llega la hora del lobo este no diferencia entre nosotros y ellos. Y como les ocurre a los niños con el film sobre el cervatillo, terminaremos todos, ellos y nosotros, en un mar de lágrimas.