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    Las Fuerzas Armadas (II)

    Sr. Director:

    La idea de Defensa Nacional sintetiza y define el rol de defensa de una nación y su derecho a hacerlo. De esta forma es como se identifica y denomina universalmente esa función esencial para su existencia, mantenimiento y proyección.

    Pensar en el renunciamiento de la nación a ejercer su defensa, conlleva la decisión de abdicar al derecho a la vida y permanencia de la nación.

    Creer que no es necesario defenderse, es negarse asimismo su propia subsistencia. En este caso, al referirse a un conjunto de seres humanos que comparte una serie de peculiaridades primordiales que los identifica y distingue de otros grupos, es no reconocerle ni respetarle el derecho de existencia colectiva a los demás integrantes de esa agrupación.

    Por ser la defensa nacional un rol esencial para la persistencia y consecuente desarrollo de la nación, es una responsabilidad de todos sus miembros. Pero es al gobierno (en particular a los poderes Ejecutivo y Legislativo), a quien le compete conducir la función correspondiente a ese cometido fundamental del Estado que es la defensa nacional.

    La complejidad que representa en la actualidad una función tan sensible, acentúa la

    corresponsabilidad individual y colectiva de todos los ciudadanos y habitantes de un Estado, haciendo que deban contribuir con obligaciones diversas a la eficacia del rol referido.

    Lo mencionado no es ninguna novedad, pues la defensa de la comunidad ha sido desde

    siempre responsabilidad de todos y su conducción una obligación esencial y prioritaria de los gobernantes. Dijo Maquiavelo: “Nunca nadie organizó una república o un reino sin pensar que los mismos que los habitaban tenían que defenderlos con las armas”. (El arte de la guerra, pág. 32. Editorial Losada S. A., Buenos Aires 1999).

    Y ello no ha conmutado, como no ha cambiado la necesidad de que exista un gobierno para gestionar el interés común.

    La defensa nacional es un bien público que además de imprimirle un deber a cada miembro de la comunidad, le extiende concomitantemente el derecho de ser defendido por la nación organizada. Es entonces un deber y un derecho que presenta, entre otras, las siguientes características primordiales:

    -Función primaria, permanente y monopolista del Estado.

    -Función amplia y compleja, de prevención y anticipación.

    -Actividad integral, multidimensional e indivisible.

    -Bien público puro y absoluto que incluye a todos en todo tiempo y lugar.

    Eliminar el derecho de la defensa nacional es, en resumidas cuentas, menospreciar y regalar los valores más caros de una nación: su soberanía, su independencia, su identidad cultural, la integridad de la nación y la de su territorio, patrimonio y recursos estratégicos.

    Desestimar su vigor es aproximarse a la ineficiencia de su finalidad; es exponer al Estado nación —en fin, a la sociedad— a una situación de vulnerabilidad tentadora para apetencias foráneas o impropias. Es minimizarse, debilitarse. Es exhibirse endeble ante el más osado depredador, el hombre, y aventurarse a ser rehén de su arbitraria voluntad.

    Como se expresara, la defensa nacional no es una función exclusiva de las Fuerzas Armadas (FF. AA.). Sin embargo, estas constituyen un componente esencial en el desarrollo y en la ejecución de la defensa de la nación. Con su labor, no solo contribuyen a la eficacia de ese cometido sustancial en tiempo de paz, los 365 días del año; sino que en los momentos más críticos para la nación y en especial ante circunstancias de inseguridad extrema, ellas se erigen en el instrumento prioritario de sustento de aquellos valores antes mencionados. Y en última instancia, en el esfuerzo vital para la existencia de la nación.

    Se puede afirmar que no existe defensa nacional seria y responsable sin la asistencia de FF. AA. y más del 95% de las unidades soberanas del mundo así lo confirman; exceptuándose solo aquellos Estados que subordinan su existencia a la protección de un poder superior y su soberanía a la determinación de dicho tutor.

    La seguridad de la nación en su concepción holística, se atiende a través de un conjunto de medidas y acciones que configuran el sistema de defensa nacional, en el que las FF. AA. son un elemento intrínseco de garantía para el amparo, sostenimiento y desarrollo de la nación.

    Solamente la sustitución de las FF. AA. nacionales por otro medio con capacidad coercitiva y disuasoria equivalente podría acreditar la seguridad del Estadonación (incluida su gente) en el concierto internacional.

    Quien cree conveniente eliminar a las FF. AA. seguramente, con actitud condescendiente, está pensando en entregar la custodia de la soberanía, la independencia y la identidad nacional a la veleidad de algún poder extranjero con ambición imperialista o, en su defecto, contratar alguna organización militar mercenaria.

    La futilidad y necedad que sobrevuela en el ambiente que nos rodea quizás haga pensar a algunas personas que, en el mundo, los seres humanos estamos libres y exentos de amenazas y peligros. Muchos creen que la paz y la seguridad son circunstancias que deben aflorar naturalmente sin más esfuerzo que el de anhelarlas. Están muy equivocados.

    Tal vez el ciudadano promedio no comprenda fehacientemente la necesidad de procurar la seguridad de la nación (que no se acota simplemente en la seguridad pública o ciudadana), y que para ello es ineludible la participación de las FF. AA. Tal vez le sea dificultoso entenderlo, al igual que asimilar los vaivenes de la economía nacional, la inflación, los ciclos económicos y cómo todo ello puede afectar su bienestar individual en lo inmediato y cómo impactará en sus descendientes en el mediano y largo plazo.

    Quizá también ese ciudadano se encamina en la vida guiado por la idea de que “nunca pasa nada”. Y está —entonces— muy equivocado, porque la vida no deja de presentarnos desafíos y sorpresas que no siempre son agradables.

    Un análisis concienzudo del Diálogo de Melos (Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides) lo ayudará a vislumbrar los intrincados avatares de las relaciones políticas.

    Para salvar el estadio de estulticia relacionado con la defensa nacional y con las FF. AA., es importante que las personas se involucren con sus responsabilidades vinculadas a la defensa de la nación. Distanciarse del estado de indiferencia pública y palpar la realidad fáctica, seguramente les permitirá comprender que vivimos en un mundo cada vez más complejo y conflictivo. Y en esencia, como si transitásemos en un ciclo de retorno a la Antigüedad, cada vez son más necesarias las FF. AA. nacionales como garantía de la libertad responsable de una unidad soberana.

    Capítulo aparte es concebir cómo interactúan seguridad y desarrollo como fines para alcanzar el bien común. De manera que no es válida la visión de restar en uno para promover al otro; por lo menos con criterio político-estratégico.

    El desarrollo debe ser integral, lo que significa que todos los componentes del potencial nacional deben ser estimulados. Y el ciudadano común —y quien posee responsabilidades de gobierno, mucho más— debería apreciar a la defensa nacional no como rival del desarrollo o del bienestar, sino como complementarios, como esfuerzos sinérgicos para propender al bien común.

    En el Uruguay de la laxitud, cada vez nos distanciamos más de auténticos sentidos de pertenencia a nuestro origen. Por ello exponemos estas dos reflexiones que intrínsicamente se vinculan con la identidad de un pueblo y su defensa, o sea, con la defensa nacional.

    1) La Constitución de la República en sus artículos 1º y 2º define qué y cómo somos.

    En sus artículos 2º y 3º nos preceptúa cómo debemos seguir siendo; es decir, nos manda que seamos siempre libres e independientes de todo poder extranjero y que jamás seamos patrimonio de persona ni familia alguna. En ello está implícito no solo el derecho, sino el compromiso y la obligación de mantener ese status; y llegado el caso, resguardarlo a ultranza.

    Por lo que nos preguntamos: ¿es posible cumplir con ese mandato primigenio sin aptitud ni actitud real de defenderse?

    2) El Obelisco en homenaje a los constituyentes de 1830 parece que ha dejado de ser emblema de inspiración. Los ciudadanos sensatos debiesen dedicarle algunos minutos de reflexión al significado que contiene: libertad, ley y fuerza. Entendamos la idea de “fuerza” no como expresión de energía bruta o despliegue de agresión o imposición. Hagámoslo con criterio beaufreriano, como el conjunto de las potencialidades de una unidad soberana.

    En este conjunto de capacidades, las FF. AA. son indispensables. No solo como expresión legítima nacida conjuntamente con la patria y anterior a la República, sino además y especialmente, como reducto y garantía de los valores prescriptos en la Carta Magna.

    La armonización de los pilares de libertad, ley y fuerza a modo de cimiento de una nación, convergen en una dirección ascendente que indica el desarrollo de ese pueblo. Mientras que el vértice señala el éxito de la república y la felicidad pública —al decir del prócer— en una proyección que se hace infinita, la tríada nervadura impulsa los fines superiores procurados.

    Claro, siempre que esos pilares permanezcan.

    6 de julio de 2017.

    Gustavo Papuchi

    Coronel de Caballería en situación de retiro

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