Nº 2099 - 26 de Noviembre al 2 de Diciembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPedro Maffia —que al paso del tiempo se convirtió en un espléndido bandoneonista— había compuesto su primer tango, Pelele, instrumental, sin grabarlo aún, y tenía la partitura del segundo, La mariposa, para el cual buscaba un letrista.
Celedonio Flores despuntaba su trayectoria impar de poeta lunfardo y, aunque Gardel ya le había grabado Mano a mano y Margot, la fama que le llegó después se advertía lejana.
Ambos, muy jóvenes, no se conocían. A inicios de 1921 un amigo común los presentó, hubo una empatía mutua inmediata, y Maffia le pidió a Flores una letra para La mariposa, abriendo paso a una primera colaboración; no obstante, hay que decir que, pese a que se entendieron bien siempre, sus obras conjuntas fueron pocas: vale la pena recordar, entre lo escaso que registraron, el tango Sentencia.
Ya terminada, La mariposa —para aquel tiempo un tango canción clásico, en tres partes— inició una trayectoria exitosa que se rodearía de hechos escasamente comunes.
Fue estrenada a finales de 1921, en el cabaré Royal Pigall, donde después se instalaría el Tabarís, por la orquesta de Francisco Canaro. No obstante, sobrevive el consenso entre entendidos de que la gran repercusión del tema la logró Carlos Gardel con su grabación del año siguiente, para el sello Odeón, en el sistema acústico; posteriormente, haría otras dos versiones en el sistema eléctrico.
—No es que esté arrepentido / de haberte querido tanto; / lo que me apena es tu olvido / y tu traición / me sume en amargo llanto. /¡Si vieras! Estoy tan triste / que canto por no llorar… / Si para tu bien te fuiste, / para tu bien / te tengo que perdonar…
Flores, que amaba el lunfardo, usó en este caso un lenguaje más depurado, que muchos extrañaron y llamaron culto, con la excepción de la palabra pebeta, incluida en la tercera parte. El poeta no aclaró la razón de su cambio, pero fue sorprendido dado que el vocablo mariposa, obviamente incorporado al diccionario de la Real Academia Española, se lo apropió el lunfardo, porque el público lo vinculó “a una mujer en la cual el desamor y el abandono es solo buscar el encanto de otra flor”, lo que muchos, con cierta audacia, remitieron a la ópera Rigoletto de Verdi, una de cuyas frases más famosas —“la donna é móbile, qual piuma al vento”— se usaba en el Río de la Plata, humorísticamente, sobre todo entre inmigrantes, para esa despectiva descripción.
La mariposa perduró por años gracias a múltiples grabaciones de intérpretes populares: Alberto Gómez, Hugo del Carril, Ángel Vargas, Roberto Rufino, Miguel Montero, Virginia Luque, Hugo Marcel y la orquesta de Troilo con Edmundo Rivero, entre tantos más.
No obstante, a partir del comienzo de la década de 1960 decayó y desapareció de una gran cantidad de repertorios, hasta que Osvaldo Pugliese, en 1967, hizo una monumental versión instrumental con un arreglo de Julián Plaza —había otras anteriores de distintas orquestas que no tuvieron el mismo impacto— y fue como la resurrección de este tango.
Pero la curiosidad mayor aún había tenido poca difusión.
Entre las primeras grabaciones de Gardel, que datan de 1912, cinco temas son de Andrés Cepeda y uno de ellos, un estilo, está registrado como La mariposa, con el añadido, entre paréntesis, de Gorjeos.
—Tiene muy lindos colores / la mariposa liviana, / mil encantos la mañana, / tiene la estrella fulgores, / perfume tienen las flores, / misterio la fuente pura. / El campo tiene frescura, / gorjeos tienen las aves, / solo yo tengo amarguras…
Develemos la incógnita, lector: Andrés Cepeda nació en 1869 y murió en 1910, dos años antes de que Gardel grabara sus obras. Fue un vate llamado El Divino Poeta de la Prisión porque pasó la mayor parte de su vida en la cárcel, aparentemente por causas que se le inventaban en una época en que su condición de anarquista y homosexual impulsaba a la discriminación. De todos modos, murió trágicamente al cabo de un duelo a cuchillo contra una patota que lo atacó poco después de salir en libertad por última vez.
Gardel lo conoció por referencias y por haber leído un par de libros de Cepeda, de cuyos poemas quedó prendado.
Tanta fue la admiración del cantor en su juventud por este hombre que, años después, cuando grabó el tango Tiempos viejos, cambió la parte de la letra que decía “¿Te acordás, hermano, la Rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?” por otra que cerraba “… al loco Rivera”?